
La chica del jingle saltó a la fama
Tras ganar el premio Award, de Los Angeles, Claudia Brant lanzará su primer disco en los EE.UU.
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LOS ANGELES.- Claudia Brant se recuesta plácidamente en el prominente sofá que viste su living de color bordó y mira hacia el jardín que deja ver los primeros tonos amarillos del otoño. Es una típica tarde de fin de semana y, puertas afuera, reina una imperturbable calma. Adentro, en cambio, la aguda campanilla del teléfono no deja de hacerse escuchar una y otra vez, y los mensajes de felicitaciones siguen grabándose en el contestador, incansablemente.
"¡Es loco! -piensa-; pero hace dos años yo me fui de la Argentina agotada de escuchar por parte de las discográficas que mi música no servía, que no era lo que la gente quería, que mi estilo era viejo... ¡Cómo cambian las cosas! -se sonríe-; hoy tengo a toda esta gente felicitándome por mi trabajo!" Apenas algunas horas atrás, esta cantante cuya voz se hizo masivamente reconocida a comienzos de los noventa para el público argentino gracias a un pegadizo jingle publicitario que melodiosamente rezaba "Juntos, podemos hacerlo juntos", se alzó sobre las tablas de "House of Blues", uno de los escenarios más prestigiosos de esta ciudad, con el premio Los Angeles Music Award al Mejor Artista Latino de 1999. El galardón, que fue instituido hace casi una década en reconocimiento a los más destacados artistas que frecuentan el ambiente musical de Los Angeles, derivó en un contrato para el lanzamiento, en marzo, el cuarto en su carrera y el primero fuera de la Argentina, que será producido por el reconocido Luis Ochoa, artífice de la colombiana Shakira.
Una voz conocida
Su nombre y su rostro resultan evidentemente familiares, y escuchar el timbre de su voz desencadena automáticamente en la memoria una seguidilla de melodías relacionadas con cortinas radiales, comerciales, y una infinidad de música de películas. "Es que empecé a cantar desde muy chica, grabé miles de jingles y le hice coros a todo el mundo -explica-. Es natural que mi voz suene conocida para mucha gente, mis canciones siempre han estado presentes de alguna manera, la música siempre me ha rodeado...", dice.
La primera vez que Brant puso esa "música que siempre la había rodeado" en vinilo tenía 20 años, y el responsable de aquel primer disco, llamado "Entonces vale la pena", fue Litto Nebbia, que acababa de arrancar con su propio sello, Melopea. "El álbum salió -cuenta- y recuerdo que yo misma tuve que hacerle la prensa y ocuparme de todos los procedimientos que usualmente acompañan el lanzamiento de un disco; fue un trabajo terrible... Y sí, salieron un montón de notas, pero el disco no vendió nada -se ríe-."
-En ese disco participaron músicos como Rubén Rada...
-Muy buenos músicos, sí, pero sin embargo no pasó demasiado. Entonces empecé a trabajar en los demos para el siguiente, con un material bastante más comercial. A la vez, envié una canción para el Festival OTI y gané. Ahí empezó una maratón por las compañías discográficas, que derivó en la firma de un contrato estable y más formal. Poco después me mandaron al festival de Acapulco, en el 91, un certamen importante para la música latinoamericana, y también allí gané. Cuando volví, en medio de la euforia por el premio, me metí en el estudio Panda a grabar para una discográfica importante, pero el disco salió un año y medio después, cuando ya todo el mundo se había olvidado del OTI, de Acapulco y de mi nombre.
-Hasta aquel famoso comercial.
-¡Claro! En esa misma época comenzó la campaña publicitaria de una marca de cigarrillos, para la cual yo había compuesto el jingle "Juntos", que se pasó hasta la locura por radio y televisión y terminó convirtiéndose en tema de difusión por el que Sadaic me dio un premio. Eso significó, para mí, el estar nuevamente en boca de la gente, vender más discos, y probablemente también haber ganado el festival de Viña del Mar de ese mismo año.
-También tu costado como compositora comenzó a hacerse más evidente en esa época.
-Sí, en ese momento Diego Torres estaba a punto de sacar su primer disco solista, y para ese álbum escribí cuatro temas. También hice música para películas, como el tema de "Cien veces no debo", que hice con el Negro Rada, y el del film "Pequeños milagros", de Eliseo Subiela. Grabé también para televisión, el tema de la novela "Hombre de Mar", con Osvaldo Montes, o el de la serie "La Banda del Golden Rocket".
Fue un buen momento, porque además de todo esto, colaboré con gente muy importante dentro del mundo de la música en la Argentina, que yo admiro mucho, como Lito Vitale, Cachorro López o Pedro Aznar, que me convocó para hacer un especial de televisión con él.
-Por qué surgió, entonces, la decisión de irte al exterior?
-Bueno, fue probablemente la suma de unas cuantas cosas que me sucedieron, no sólo a nivel profesional sino también personal, como la muerte de mi padre. Pero fundamentalmente lo que me hizo tomar la decisión fue un problema en la discográfica con la cual trabajaba en ese momento. Debía sacar un nuevo disco con el que habíamos trabajado con Oscar Mediavilla durante mucho tiempo, un proyecto muy lindo, mas bien acústico, que ya había sido aprobado. Cuando llega el momento de sacar el álbum se produce un cambio de directivos y esta nueva gente en la compañía nos dice que no están interesados en el disco y nos devuelven el contrato. Para mí fue devastador. En esos días, un amigo mío me insistió para que viniera a hacer contactos, a cambiar un poco de ambiente. Pero creí que el viaje duraría un mes y medio y terminé instalándome definitivamente, porque cuando llegué y empecé a llamar por teléfono a las discográficas o a la gente de la industria, irónicamente, el 90 por ciento había escuchado hablar de mí solamente porque había ganado el OTI, que internacionalmente es un festival muy importante, y estaban muy interesados.
-¿Y qué cambió entonces para vos, profesionalmente?
-Todo. A los pocos días empezaron a entrar en mi fax propuestas de contratos como compositora de muchas compañías, y todos los ofrecimientos eran geniales... ¡Para mí era como estar en Disneylandia! "Pero, cómo -dice burlona-, ¿no era que yo no servía, que ya estaba pasada de moda?
"Con esto que digo no quiero hablar mal de la Argentina, porque es mi país y me encanta, pero las condiciones que se presentaron aquí para mí eran inmejorables, mientras que allá seguía siempre remando contra la corriente; siempre sentía que estaba rindiendo un examen, siempre probando que yo podía... Hoy tengo toda la libertad que allá no tuve".
Parte de esa libertad implica, por ejemplo, la posibilidad de trabajar bajo el aval de John Lloyd, quien fue hasta hace pocos años uno de los principales cazadores de talentos para RCA en Londres -y que descubrió, entre otros, a Rick Astley, Blondie o Eurythmics-.
"La idea no era solamente componer canciones para otros músicos sino seguir adelante con mi carrera. Entonces comencé a tocar con mi banda y la recepción del público fue siempre buena. Creo que les gusta escuchar música en otro idioma, los ritmos, las melodías los atraen... Es bueno que el mercado americano comience a tener más apertura hacia lo latino, porque eso va a permitir una mezcla cultural interesante y nos va a permitir mostrar que hay "otro lado" en la música en español."
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