
La Chilinga, banda y escuela
Nació como centro de enseñanza de percusión; ahora formó su propio conjunto
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"Aunque sea por un momento, olvidemos que siempre se está a punto de caer y entreguémonos al convite de los tambores, viejos dioses que se dejan tocar, que han venido para quedarse y nunca podrán callar." Esta es la invitación que hace La Chilinga, la agrupación que nació hace cinco años como una escuela de percusión y ahora cuenta dentro de sus filas con una banda musical y un repertorio de canciones.
"Después de estar en varios carnavales, de viajes a Bahía (Brasil) y de ver momentos tristes y alegres tocando el tambor, surgió esta necesidad de hacerlo entre amigos. Luego llegaron el compromiso y la investigación", explica el director, Daniel Buira.
Comenzó como una inquietud vocacional, pero con la creación de la escuela de percusión La Chilinga tomó forma y albergó varios proyectos. "Surgió por la avidez de tanta gente por aprender, y ahí nos ordenamos un poco", admite el músico.
Actualmente, la escuela cuenta con tres generaciones de percusionistas. Los que comenzaron hace cinco años, los adolescentes reunidos en La Chilinguita y una camada de chiquilines novatos que sacuden los parches con muchas ganas. "Tenemos más de cien alumnos y los problemas de cualquier emprendimiento artístico independiente -aclara Buira-. No tenemos ningún tipo de apoyo, pero, por otro lado, es beneficioso ser independiente. Las cuotas son bajas y la idea es que la gente venga a aprender desde cero. Es lindo ver cómo aquellos que no saben, un año más tarde están tocando en la calle o participando en algún espectáculo."
Un proyecto que crece
La agrupación editó su primer disco en 1998 y acaba de registrar un material que publicará en febrero próximo. La diferencia con el anterior es que, además de los tambores, La Chilinga cuenta con una estructura paralela de banda con guitarras, bajo, teclados y voces. "Hay un crecimiento melódico. En el primer disco, "Percusión", aparecen sólo dos canciones. El próximo tendrá siete. La ideas es abrirnos, sin dejar el trabajo de tambores", explica.
El repertorio tendrá temas propios y algunas rarezas, como una versión en español de "Heaven", de los Rolling Stones, sobre un aire de chacarera donde el folklorista Peteco Carabajal toca un solo de violín. En la placa también participan como invitados Jaime Roos, Ariel Prat, Pablo Guerra y el trompetista cubano Carlos Huerta.
"Era una historia que queríamos concretar -dice el cantante Pol Neiman". Muchos de nosotros hacemos música desde antes de La Chilinga, por eso nos gusta complementar el trabajo de los tambores con otros elementos. Escuchar qué es lo que pasa con esos tambores cuando se suma una banda arriba creo que es una buena opción para el público." La idea de sumar canciones y otros instrumentos para buscar una estética de banda musical no tiene que ver con la partida de Buira como baterista del popular grupo Los Piojos. "La Chilinga tiene cinco años de trabajo y creo que nunca la descuidé, como tampoco el resto de mis actividades. Ahora se abre algo nuevo. No quiero hablar de Los Piojos, pero sí dejar en claro que el hecho de que ahora La Chilinga tenga una banda no es porque ya no toco con el otro grupo. El giro de La Chilinga hacia las canciones es consecuencia directa de este proyecto.
Papás muy orgullosos
Una presentación de La Chilinga es tan variada como las actividades educativas que, de lunes a sábado, se realizan en su escuela de la localidad de Martín Coronado.
Para despedir el año, los percusionistas realizaron un espectáculo en La Trastienda. La agrupación abrió su actuación con el trabajo de los niños, ante la mirada orgullosa de muchos padres. Luego se presentó un set de percusión afrocubana, donde participaron alumnos de distintos niveles y, más tarde, el flamante combo musical de La Chilinga, compuesto por una estructura rockera donde la batería es reemplazada por una cuerda de tambores. De este ensamble surgen canciones como "Sueño", "Uh Ah" y "Cielo", de los Stones. La banda aporta un matiz a la propuesta, pero todavía le falta maduración.
Sin duda, lo mejor es su esencia percusiva; allí donde los tambores aparecen como únicos protagonistas. Con el aporte murguero del juglar Ariel Prat, La Chilinga completa subió al escenario para cerrar su show con todo lo que sabe dar. Los golpes viscerales y la sensualidad de una danza tribal dieron los mejores momentos de esta fiesta rítmica.
Y aunque su director se mostró en un modesto segundo plano, es el mayor responsable de la química que se produce en La Chilinga. Por su lucidez, Daniel Buira es el cerebro que conduce el verdadero espíritu de cuerpo.
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