
La cocina con humor de Maru Botana
"Sabor a mí", programa para la mujer. Conducción: Maru Botana. Producción: Fernando Collazo, Carla Czudnowsky y Verónica Siracusano. Producción ejecutiva: Daniel García Moreno. Dirección: Enrique Acosta. Lunes a viernes, a las 11.30, por Telefé. Nuestra opinión: Bueno
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"Buenas tardes, mucho gusto" fue un clásico de clásicos, fue el claro representante de los programas dirigidos a la mujer. "Sabor a mí", el nuevo ciclo de Telefé conducido por Maru Botana, no se parece a aquel cuya batuta llevaba Ana María Muchnik.
No sólo no se parece. No tiene nada, pero nada, que ver. "Sabor a mí" no está dedicado a los quehaceres del ama de casa. Maru Botana no prepara platos que, en rigor, tengan como objetivo una alimentación completa y económica. Tampoco otras secciones, como la encabezada por Ale, la personal trainer, apuntan a enseñarle al televidente -aunque esto también suele ser sólo sublimación- algún ejercicio para mejorar la postura o incentivar la práctica de gimnasia.
A jugar con Maru
Maru Botana entra en el estudio en patines -un gesto que trae de su programa de cable "Todo dulce"-, les hace chistes a los camarógrafos, amasa con harina y espolvorea con picardía a quienes pasan fuera de cámara.
Maru Botana es como una niña que habla mal, que se equivoca, que repite la palabra "impresionante", que no termina de aprender a pronunciar el término inglés "appetizer", que menciona marcas sin querer y se tapa la boca mientras abre grandes los ojos, que se entusiasma y dice una y otra vez: "¿Saben una cosa? ¿Saben una cosa?"
"Sabor a mí" tiene el gusto de su conductora, una mujer que afirma: "La cocina es mi lugar", que prepara tortas de chocolate o propone hacer un pan gigante para rellenar de minisándwiches de miga.
"Sabor a mí" no es, entonces, un programa dirigido al ama de casa. Es un ciclo conducido por una suerte de Don Fulgencio en versión femenina que, en el fondo, se dirige a un público infantil. Porque Maru Botana en su actitud, sus gestos y sus propuestas está más plantada en una posición lúdica que en la neurosis de la economía doméstica.
A la conductora, como a cualquier chico, le gusta comer pasteles de manzana con mucha azúcar y tortas de chocolate, jugar con sus compañeros a tirarse cosas, aprender movimientos de kick-boxing y tirarle imprevistas patadas a la cámara, jugarles bromas físicas a los camarógrafos y productores y, por último, hablar de cualquier otra cosa mientras el adulto invitado intenta recibir la atención necesaria para mantener el diálogo o explicar su receta.
Ahora, una vez aclarado el corrimiento de género y estilo de "Sabor a mí", una vez desplazado hacia lo infantil, puede decirse que el programa tiene sus virtudes. Es una invitación al juego en un ámbito poco recorrido por los chicos como es la cocina. Y es una puerta que los chicos pueden atravesar, puestos a experimentar sus propios postres, en la compañía de sus madres, que tienen más certezas con las cacerolas que con los videogames o el animé japonés.






