La cocina de Gérard Depardieu
Actitud: lejos de su conocido histrionismo, el actor francés habló con la prensa sobre su última película, "Vatel", que abrió el festival.
1 minuto de lectura'
CANNES (De una enviada especial).- Llega a la conferencia de prensa con su humanidad imponente, a la que parece querer restarle impacto. Se sienta a la mesa que comparte con Roland Joffé, Uma Thurman y otros integrantes del equipo de filmación de "Vatel", con una actitud que se asemeja a la de un obrero que entra en la fábrica. Los flashes hacen centro en sus ojos casi escondidos en el volumen considerable del rostro. Lleva una camisa de un tono azul discreto que amenaza con ceder a la altura de sus enormes hombros. Gérard Depardieu, sin embargo, a diferencia de la actitud excesivamente histriónica que exhibió en la Argentina durante la última edición del Festival de Mar del Plata, aquí responde casi con timidez, se preocupa de colocarse los auriculares para escuchar la traducción simultánea en los pasajes de la rueda de prensa que se desarrollan en inglés, y exhibe una suerte de respeto reverencial por la muestra de Cannes a pesar de haber participado en ella dieciséis veces.
La dieta de Vatel
Responde con sencillez y aclara que no es de los que gustan elevarse a las alturas de las interpretaciones filosóficas. Es cierto. Ese hombre que suele decir que se traga la vida a borbotones, es un animal terrestre. Un amante del vino, la buena mesa y las mujeres. Eso dice cuando alguien le pregunta dónde ha ido a parar su dieta para adelgazar con la interpretación de ese cocinero del siglo XVII que pasaba los trabajos y los días buscando la perfección en la cocina de un palacio de Chantilly, en la abundancia de los sabores, los colores y las texturas de los alimentos. "Mi régimen está acá -admite Depardieu, poniéndose de pie y señalando el volumen de su abdomen-: en el cine, en el Festival de Cannes, en las mujeres, en el mundo." Cuando le sacan a relucir su condición de sex-symbol, se ruboriza y lanza una bocanada de sinceridad voluptuosa: "A mí me gustan mucho las mujeres... Después, si soy o no un sex-symbol, no lo sé". A esta altura de su carrera no tiene empacho en admitir las muchas cosas que no sabe. Entre otras, hablar inglés, a pesar de que rodó "Vatel" en ese idioma. "Muchas veces no sabía exactamente lo que estaba diciendo -confiesa-. Pero en el trabajo de un actor en el cine no hay nada que saber. Simplemente hay que apropiarse del tiempo que pasa. Soy actor, no un hombre de negocios, por lo tanto no necesito saber hablar en inglés."
Un organizador del placer
En el propio dossier de prensa de la película, Depardieu puso de relieve su condición eminentemente práctica. "Para interpretar a un hombre ocupado, que hace cosas todo el tiempo, no hay necesidad de pensar: Vatel está en las cosas, con la preocupación permanente de contentar a su amo, de que todo salga lo mejor posible -sostuvo-. El corre todo el tiempo y hasta va a tocar todos y cada uno de los productos al mercado. Para mí la vida es un placer, todo es bello, puse bocanadas de optimismo en el personaje de Vatel, sin intentarlo de un modo expreso. Yo sé tocar un buen corte de carne, me gusta hacerlo, pero también conozco la fatiga y la depresión. Como la vida del personaje, la filmación de "Vatel" fue agotadora: trabajábamos catorce o quince horas por día. A menudo, yo le decía a Joffé: "Vos sos Vatel". Y este personaje, a la manera de un director, es un organizador del placer." En su concepción de ese cocinero empeñado en alcanzar la perfección del oficio y en rozar la estética suprema entre ollas y sartenes, el bueno de Gérard, encuentra un espejo: "Vatel sólo hace su trabajo, aunque mira esa tarea con ojos de artista; yo hago lo mismo", declara ante una sala colmada de periodistas. "Lo que me gusta de la película es que Vatel no sale a la pesca de los cumplidos; hace su trabajo. El resto ya no le pertenece. Todo lo que ocurre en el piso superior, no le interesa. Eso es lo que me gusta del cine, que en él hay muchos cajones que se abren en múltiples direcciones. La magia de un actor en escena puede hacerse independientemente de él, sin que él lo sepa. Es mejor incluso que no sepa. Los grandes momentos de los actores suceden cuando esa cuestión se les escapa y ellos se dedican sólo a hacer su trabajo, cuando se concentran en su propia tarea. Es así como a veces se encuentra la poesía."





