"La Creación", un acontecimiento musical
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"La Creación", oratorio para voces solistas, coro y orquesta, de Joseph Haydn (1732-1809). Orquesta integrada por profesores de la Estable del Teatro Colón e invitados especiales. Solistas vocales: Soledad de la Rosa y Carla Filipcic-Holm (sopranos), Carlos Ullán (tenor), Fernando Grassi (barítono) y Lucas Debevec-Mayer (bajo). Coro Lagun Onak, preparado por Néstor Andrenacci. Concertación general: Antonio María Russo. Producción de Patricia Pouchulu, fundadora de "La bella música". Auditorio de Belgrano.
Nuestra opinión: muy bueno
Para la vida musical de Buenos Aires se constituyó en un acontecimiento de enorme trascendencia la ejecución, en el Auditorio de Belgrano y en dos noches consecutivas, del excepcional oratorio "La Creación", de Joseph Haydn, conducido por un profesional de alto rango como Antonio María Russo, acaso una de las autoridades más relevantes del país en este terreno de la creación musical.
Gracias al empuje y empeño de la profesora Patricia Pouchulu, productora privada de espectáculos, con la denominación "La bella música" -ideal para quien tiene como objetivo la actividad en el terreno de las más altas expresiones musicales-, se logró, con indudable esfuerzo, reunir la suma de los muchos elementos que intervienen en la plasmación de la composición.
Si bien es cierto que para un particular es poco menos que imposible contar con tiempos amplios para los ensayos necesarios en obra de tamaña extensión, en este caso, y con acierto, se recurrió a un conjunto de músicos de calidad, a un coro experimentado como el Lagun Onak, a un cuarteto de cantantes jóvenes ya consagrados y a un músico, conocedor profundo de la obra. Así, se escuchó una muy grata versión y, lo que resulta mucho más importante, se pudo apreciar en toda su magnitud la estructura de la partitura y los infinitos detalles que la caracterizan.
Partitura incomparable
En este sentido vale la pena recordar que Haydn amalgama en su oratorio elementos del estilo de Haendel, como ocurre en el coro "Tocad el arpa...", que se inicia con un soberbio tema en estilo homófono, un verdadero canto de elogio del Señor, exaltado por momentos musicales majestuosos, pero que sin embargo utiliza para su discurso la forma de la fuga, no de un modo riguroso, sino de un modo libre, añadiendo al concepto del barroco ya pasado un subjetivismo avanzado a través de melodías inspiradas, plenas de la frescura proveniente de temas populares alemanes.
También es posible advertir la influencia de Wolfgang Amadeus Mozart en el final, cuando la música se eleva por una línea de seductoras melodías, delicadeza infinita, sencillez, la evidencia de un Haydn que fue testigo, admirador y sucesor a la vez del genio del autor de "Don Giovanni", fallecido siete años antes del estreno de "La Creación".
La versión fue digna a partir de la buena amalgama lograda por las voces del Coro Lagun Onak y el profesional rendimiento de algunos sectores de la orquesta, así como por la buena predisposición del quinteto de cantantes para abordar en alemán los muchos y complejos recitativos y arias.
Las sopranos Soledad de la Rosa (Gabriel) y Carla Filipcic-Holm (Eva) aportaron voces sonoras, bien timbradas y musicalidad; el bajo Lucas Debevec-Mayer (Rafael), autoridad en el decir y conocimiento del estilo; el barítono Fernando Grassi (Adán), el grato timbre de una voz esmaltada y la comprobación de un feliz y notorio avance en su carrera, en tanto que el tenor Carlos Ullán (Uriel), el grato color de su voz y musicalidad.
Vitalidad y vehemencia
Cabe agregar que Antonio María Russo, desde el podio y con vitalidad y vehemencia, realizó un trabajo impecable para inculcar los secretos de un lenguaje tan rico en matices y coloración sonora como exhibe Haydn en esta descripción de la creación del mundo por la voluntad de Dios, desde la representación del caos hasta la felicidad de la primera pareja de humanos, las voces que cantan al Señor y ensalzan su obra, pasando por las etapas de los siete días de labor.
Indudablemente su trabajo de preparación y de explicar detalles musicales tuvo la carga adicional positiva de su profunda fe, atributo sin el cual sería más difícil penetrar y caminar sin tropiezos por la inagotable inmensidad de su significado.
El numeroso público que escuchó "La Creación", en un estado de conmovedora concentración y silencio, estalló en un caluroso y prolongado aplauso, que fue aún mayor cuando todos los protagonistas recibieron ramos de flores en señal de agradecimiento. Es que se había asistido a una jornada donde triunfó pura y exclusivamente el amor a la música.





