La doble vida de Verónica Llinás
Candidata: la actriz llega al lunes con dos candidaturas al Martín Fierro, por "Gasoleros" y por "Buenos vecinos".
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En la pantalla, parece medirse cuerpo a cuerpo con Moria Casán. En ese reino de rayos catódicos también parece llevarse todo por delante. Pero de este lado, Verónica Llinás no es ni lo uno ni lo otro. En el bar de Telefé, delante de su almuerzo, y minutos antes de grabar su escena en "Buenos vecinos", esta mujer se ve más bien menuda y tímida. Y quizá porque ella es consciente de semejante contraste, lo aclara inmediatamente: "Se apaga la cámara y soy como un aparato, toda trémula, miedosa". No importa. Como fruto de ese esfuerzo entre las luces, la chica se ganó dos nominaciones al Martín Fierro. Las dos en la misma categoría: actriz de reparto. Pero de distinto padre: una por su anterior trabajo en "Gasoleros", de Pol-ka (Adrián Suar);la otra, por su actual papel de Estela, en "Buenos vecinos", de Ideas del Sur (Marcelo Tinelli).
Lo cierto es que, pese a su declarada timidez, Llinás no esquivó destinos. Se subió a las tablas del Parakultural, allá por los 80, para darle darle cuerpo a las Gambas al Ajillo. Luego fue parte de ese semillero que acompañaba a Antonio Gasalla, en la TV. Y cuando parecía que su camino se había orientado exclusivamente al terreno del humor y el grotesco, una llamada de Adrián Suar le cambió la vida. Se trepó entonces a "Gasoleros" para hacer de "la Chula", un personaje que le dejó tantas alegrías como amarguras. Por ella entró al reino de las tiras. Por ella, también, sufrió una gran desilusión.
Justamente por eso, Llinás siente que las nominaciones al Martín Fierro son un mimo. "Lo andaba necesitando -asegura sin vueltas-. Si bien entré a "Gasoleros" por veinte capítulos y me quedé todo el año, tenía pensado quedarme el año siguiente también. Y no se por qué, el personaje empezó a desaparecer de la historia, y se lo dejó morir, hasta que me fui. Fue durísimo, desde la autoestima y el cariño que uno tiene por el personaje, hasta lo económico. Pero como no me quedo prendida de las cosas, agarré mis pocos ahorros y me fui a Europa."
El viaje dejó millas a favor en todos los sentidos. Primero, impidió que Llinás cayera en la clásica depresión pos pérdida de trabajo. Segundo, aceleró sus tiempos hacia su próxima parada. Mientras estaba recorriendo ciudades, una llamada de su padre terminó por cambiarle el humor. Tenía un nuevo trabajo y la estaban esperando: "Buenos vecinos", que emite Telefé, todos los días a las 21.
Sin rencores
Más allá de lo que pasó con "Gasoleros", Llinás no tiene rencores. Al contrario. "No quiero ser injusta. Estoy agradecida con Adrián Suar porque me dio la posibilidad de hacer algo distinto. Yo quería salir de la actriz cómica y realmente no sabía cómo hacerlo. No sé tocar puertas. Me desintegro del bochorno; realmente admiro a la gente que puede hacer ese trabajo".
-No es ésa la imagen que das. Al menos contrasta bastante con la persona que se subía al escenario del Parakultural...
-Eso es algo que se produce en el escenario, o con las cámaras. Pero yo no tengo nada que ver. Se apaga la cámara y soy como un aparato, como dice Moria, toda trémula, miedosa. Y es así. Eso le ha costado muchas desilusiones a la gente.Por ahí me invitaban a programas pensando que iba a animarles la fiestita y soy un verdadero plomo, que no habla nada.
-¿Qué sentís que ganaste en este paso a las tiras?
-Por un lado, un espectro actoral más amplio; la posibilidad de tocar otras notas. Lo que ocurre es que existe un prejuicio con respecto a los actores que hacen grotesco, cuando yo creo que es mucho más difícil componer ese bicho y que además sea creíble. Pero a la vez -y si bien todos los actores que tenemos esta forma de trabajar pensamos así-, en el fondo, la pregunta: ¿yo podré actuar como los demás?, siempre está. Por otro lado, creo que entré a otro mundo, con otras reglas. Cuando entré a "Gasoleros" abrí bien grandes los ojos para aprender. Y por suerte me encontré con gente súper talentosa como Mercedes Morán, María Fiorentino, Silvia Montanari..., toda gente que podía mirar y admirar. También creo que me abre otras puertas de trabajo, como las del drama. La verdad es que yo siempre soñé con ser una actriz dramática. Pero subía al escenario y hacía reír, sin proponérmelo. Al principio me hinchaba, pero después me relajé y gocé.
-¿Y perdiste algo?
-Lo que siento que perdí, o que extraño de aquella época es que vivíamos en una actividad creativa muy fuerte. Como hacíamos todo, había que estar las 24 horas conectados. Eso lo extraño. Vengo de una escuela teatral muy disciplinada, la de Miguel Angel Elizondo, que en su momento me sirvió mucho. En el Parakultural, por ejemplo, eso estaba presente: barríamos el escenario para ensayar, comprábamos la tela para el vestuario, ensayábamos, y etcétera, etcétera. Extraño entonces esa actividad creativa. Y sé que en algún momento la voy a poner en práctica.
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