La fiesta de Rita Lee en el Luna Park

Fernando López
(0)
25 de noviembre de 2002  

"Bossa´n Beatles", espectáculo a cargo de Rita Lee (voz, guitarra), acompañada por una banda integrada por Jo‹o Barone (batería), Dadi Carva- lho (bajo), Ary Dias (percusión), Rafael Castilho (teclados) y Roberto de Carvalho (guitarra, voces, arreglos y dirección musical). Luna Park.

Nuestra opinión: muy bueno

¿Pueden caber en un mismo espectáculo los Beatles, la telenovela "El clon", los cacerolazos, el bolero "Bésame mucho", el tropicalismo, una marcha carnavalesca convertida en mensaje al FMI, la típica batida de la bossa nova, un standard tan clásico como "The more I see you", las bromas sobre Xuxa o Julio Iglesias, el sonido del tropicalismo, el rock paulista inaugural, los nombres de Batistuta, Shakira, Pelé y Maradona mezclados en una delirante presentación de la banda y hasta una improvisación sobre "Help" con un Charly García de frac sentado al piano? Pueden, sí, si quien convoca a esa diversión colectiva es Rita Lee y si se tiene su personalidad arrolladora, su simpatía, su humor y su idoneidad profesional.

Con Rita Lee todo es fiesta, y eso se comprende enseguida, apenas ella asoma en la muy londinense cabina telefónica que remata una breve pasarela sobre el costado del escenario. Sale, como si saliera de la tapa del CD dedicado a los Beatles que acaba de reverdecer su popularidad entre nosotros con tanto furor como para traerla por primera vez a Buenos Aires. Cuero negro, "sombrero de tango" sobre la melena color zanahoria, un toque chaplinesco en la silueta larguirucha y elástica de siempre, empieza, como en el disco, con "A hard day´s night", se acerca a largos trancos hasta el centro del escenario y exclama: "¡Queridísimos, queridísimas, buenas nochísimas!" La respuesta que recibe de un Luna Park prácticamente colmado es tan ruidosa que la lleva a preguntarse: "¿No me confundirán con Xuxa?"

Desprejuicio

Ella es así, graciosa, desenfadada, repentista. La rutina del show atiende tanto a esa libertad de movimientos como a su tropicalista vocación por la mezcolanza. La dispersión acecha ahí no más y hasta puede generar algún desconcierto cuando entre las esperadas y casi siempre impecables versiones bossa de los temas de Lennon-McCartney intercala viejos éxitos suyos, un par de boleros, algún rock e innumerables comentarios, casi siempre humorísticos y a propósito de cualquier cosa, de lo buena que es La Portuaria (que hizo una impecable apertura del espectáculo) a la catadura moral de Jade, la protagonista de "El clon".

Se ve que Rita Lee ha conservado ese espíritu desprejuiciado, jovial y revoltoso de los sesenta. No es el respeto por un material que juzga, como algunos habrían querido, "sagrado" el que guía su tratamiento de los temas de los Beatles, sino su familiaridad con ellos y su sincera devoción. Y como ya podía suponerse, el espectáculo no está pensado como un programa de homenaje porque tal cosa supondría alguna solemnidad y nadie parece más más lejos de la solemnidad que Rita Lee. Así, si se vuelve una y otra vez a su relectura "brasileña" de varios clásicos del cuarteto de Liverpool, el programa se permite todo tipo de digresiones. Queda claro que estamos más lejos de la formalidad de un "recital Beatles" que de una celebración musical en la que hay generoso espacio para sus bellas melodías, pero también para las que han marcado hitos en la prolongada carrera de Rita Lee.

El centro de la escena

Cualquier riesgo de dispersión se esfuma: el show tiene la unidad que le confiere la presencia escénica de la estrella y el sólido sustento de una banda que muestra autoridad y sutileza cuando encara ritmos brasileños, suena compacta y vigorosa en las densidades rockeras, y se las arregla para conferir brillo a los arreglos menos imaginativos. En el sector Beatles del programa brillaron especialmente los temas que mejor se ajustan a una traducción bossa: "Lucy in the sky with diamonds", "All my loving", "If I fell" (transformada en "Para voc eu digo sim") o "With a little help from my friends". Para escándalo de los beatlemaníacos más ortodoxos, Rita cantó también la descabellada versión de "I wanna hold your hand" -convertida en portugués a "El chivo y la cabra" y con unas primeras líneas que dicen "El chivo salió con la cabra/e iban andando a pie/ el chivo piso a la cabra/ y la cabra dijo meeee"-, que ya cantaban Renato e seus Blue Caps en los tiempos de la Jovem Guarda de Roberto Carlos y cuya inclusión en el CD no fue autorizada por la Sony. Fue un chiste más en el show, la revancha de Rita contra la prohibición, pero sólo eso, ya que en vivo no se apreció tan bien como en el registro la ingeniosa relectura musical con aires de baión.

Pasado el tramo inicial del show, y mientras Roberto de Carvalho mostraba sus habilidades en un solo de guitarra, Rita Lee desapareció de escena para volver, devenida rubia platino y enfundada en un blanco vestido de vamp hollywoodense, boa fucsia sobre los hombros, para parodiar brevemente a Xuxa en una risueña introducción que interrumpió abruptamente para "hablar en serio" y contar que "allá por 1830 yo tenía un grupo que se llamaba Os Mutantes". Dicho lo cual se puso frente a la banda y abrió los brazos íntegramente enguantados en afectada pose de directora. Pero lo que siguió no fue un número cómico, sino una poderosa recreación de "Panis et circensis", legendario aporte del grupo al disco inaugural de la Tropicália. Un momento cumbre del programa.

Así es Rita Lee, y así transcurrió todo el show, de cambio en cambio y de sorpresa en sorpresa. La mayor vino sobre el final, cuando ya había pasado la disparatada presentación de sus cinco músicos (todos hijos suyos, frutos de sus relaciones con otros tantos futbolistas, salvo Roberto, a quien anunció como "hijo de Shakira y el padre Grassi") y cuando varios de sus éxitos de todas las épocas ("Al™ al™ marciano", un hit de "la más grande cantante que tuvo Brasil, Elis Regina"; "Ovelha negra", "Doce vampiro" y "Mania de voc", con dedicatoria a Buenos Aires incluida y citas finales de Jobim, Edú Lobo y Jorge Ben) ya habían merecido estupendas recreaciones. Fue la aparición de Charly García, jubilosamente festejada por Rita y por todo el público, con quien emprendieron su breve e improvisado homenaje a los Beatles.

Ya medio Luna Park estaba de pie, cantando "Love me do" o "Help" con ellos y allá abajo, en la platea, habían desaparecido las butacas, tapadas por la multitud amontonada junto al escenario. Sólo quedaba tiempo para el inevitable "Lanzaperfume" y para la chacotera transformación de "E, voc aí" ("me da um dinheiro aí") en "E, FMI..."

En la mitad del show, Rita Lee se había preguntado en voz alta: "Si ustedes son tan cariñosos, ¿por que tardé tanto en venir? Lo mismo vendrían preguntándose, seguramente desde hace mucho, los que en la madrugada de ayer salían del Luna Park con los oídos llenos de música y una rara alegría en el corazón.

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.