
La música como impulso sexual
En el tema, tan apasionante como interminable, relacionado con el origen de la música, también Charles Darwin, cuyo bicentenario de nacimiento sigue motivando a todo el planeta, ha tenido algo que decir: la música tiene su origen en el impulso sexual, como manifestación del hombre para atraer a la mujer.
Es la misma conclusión a la que, siguiendo a Darwin, arriba Edmund Gurney, estudioso de los problemas musicales en relación con la psicología. Por su parte Herbert Spencer, que ya desde 1857 había fijado sus ideas el respecto, afirma que la música tiene su origen en una sobreabundancia de energía vital, que de alguna manera necesita exteriorizarse. Y ofrece respuestas para atacar la tesis darwiniana: la raza humana canta en circunstancias bien diversas de la puramente sexual, ya sea durante el trabajo, la caza, el ocio, etc., con lo cual infiere que los sentimientos amorosos no prevalecen sobre los restantes.
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Sin duda, Darwin pudo desarrollar sus teorías, entre ellas las de El origen del hombre y selección en relación con el sexo (1871) a partir del viaje de cinco años junto a Fitz-Roy a bordo de la nave Beagle (1831 a 1836), donde escuchó el canto de los aborígenes de la Patagonia y Tierra del Fuego. No cuesta mucho suponer que más de una vez habrá tropezado con experiencias relacionadas con esa música, danzas e instrumentos musicales, de los que tanto han hablado viajeros y científicos desde Pigafetta, el cronista de la expedición de Magallanes (1520), en adelante. De todos modos, su pasión no estaba allí sino en sus descubrimientos sobre la evolución de las especies?
Lo cierto es que el origen de la música a partir del impulso sexual ha sido puesto en tela de juicio por numerosos estudiosos en el último siglo y medio. Referirse a esa variedad de teorías queda fuera de las dimensiones de esta nota. Pero vale la pena acudir a la versión de Segers, miembro del Instituto Geográfico Argentino, quien a propósito de los onas de Tierra del Fuego escribió en 1891 que cada uno de ellos tiene su propio canto, que los otros nunca imitan. Es lo que los etnomusicólogos denominan el "canto personal", que es la expresión del ritmo individual e inimitable de un individuo: ningún otro es libre para cantarlo y por otra parte no tendría capacidad para hacerlo. Sólo en la ceremonia fúnebre para el propietario de la canción se permite a un pariente o a un amigo tentar una imitación de ella. ¿O es que este canto personal puede conciliarse con la teoría sexual darwiniana? Para pensarlo.







