
La novia explosiva
La actriz protagoniza una de las seis historias de Relatos salvajes, la película de Damián Szifron que se estrena hoy
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"Relatos salvajes llegó en el momento justo -dice ella-. Cuando leí el guión, estaba con una sensación rara, veía que nuestra realidad es como una olla de presión. Hay tantas polaridades, tantos enfrentamientos? Y la película sintoniza a la perfección con la actualidad y con lo que yo quiero expresar en este momento. Igual, todo lo que pueda decir es menos que aquello que la propia película expresa. Va a generar mucho debate en los medios y entre la gente", dice Érica Rivas sobre el film de Damián Szifron que se estrena hoy y en el que ella compone a una novia despechada que entra en una explosiva crisis de celos en plena fiesta de casamiento. Es una performance sólida, emotiva, por momentos demoledora.
Poco después del estreno de este tanque argentino empujado por Telefé y Warner, llegará a los cines un film más pequeño, independiente, El cerrajero, de Natalia Smirnoff, en el que Rivas encarna a la tierna y sufrida pareja del personaje de Esteban Lamothe. Otra relación en crisis, por diferentes motivos y con distinto desenlace.
Y para completar una época cargada de trabajo se estrenará en unos días, en el precioso teatro Margarita Xirgu del barrio de San Telmo, Ojo por ojo, versión libre de la obra Acreedores, del sueco August Strindberg, dirigida por Augusto Fernandes, con Federico Luppi y Darío Dukah en el elenco.
Sobre la experiencia con Szifrón, Rivas destaca "la riqueza que implica trabajar con un director que marca muchísimo, que no te deja hacer lo que vos querés si no tenés cómo justificarlo. Damián está siempre al pie del cañón, resuelve, decide. Podés opinar, proponer, pero siempre dentro del marco de lo que él ya pensó para el personaje. Yo traté de darle unas cuantas posibilidades en cada escena para que pudiera elegir en la etapa de montaje. Y la verdad es que eligió muy bien. En la escena de la terraza, cerca del final de la película, yo estaba cansada, sin voz. Estuvimos toda una noche en un piso 26, con un frío mortal, estaba congelada? Pero igual probamos mucho para que hubiera alternativas. Y quedó genial. Fue una exigencia emocional muy grande hacer este personaje. Me costó un tiempo darme cuenta de la dimensión que pueden tomar los celos de una persona porque es algo que a mí no me pasa. Tuve que investigar con amigos que sí son celosos. Yo no soy así".
Ojo por ojo, por su parte, marcará el reencuentro con Fernandes, con quien ya había trabajado en 1996 en El relámpago, otra versión de un texto de Strindberg, la tercera parte de Camino a Damasco, donde integró un elenco en el que también estaban Héctor Bidonde, Betiana Blum, Alberto Segado, Alejandro Urdapilleta y Pochi Ducasse. "Vamos a hacer una obra de cámara muy potente -explica Rivas. Augusto vino a ver la versión que hicimos con Daniel Veronese y Diego Peretti de Un tranvía llamado Deseo y quedó muy contento. Entonces me propuso trabajar juntos y acepté sin dudar. Yo quería hacer algo de García Lorca, pero él insistió con Strindberg y acá estamos. Para mí es muy emocionante volver a laburar con él. Está afilado, es director y maestro al mismo tiempo, aprendés mucho con él. Y todos estamos muy metidos en el proyecto. Cuando arrancamos con los ensayos, ni siquiera teníamos sala para estrenar. En un momento dijimos «paremos hasta encontrar un lugar». Y ahí Luppi fue terminante: «Yo no paro, sigo solo con Augusto, si es necesario». Entonces me di cuenta definitivamente del espíritu con el que teníamos que encarar la obra".
De su paso por la televisión, Rivas tiene buenos recuerdos -aún se puede ver su desopilante interpretación de María Elena Fuseneco en las infinitas repeticiones de la serie Casado con hijos, pero ningún apuro por regresar al medio: "Me interesaría volver si lo que está queriendo decir el proyecto para el que me convoquen corresponde con lo que tengo ganas de decir yo en ese momento -apunta. Pero me han llamado para programas donde todos los hombres terminan con chicas más jóvenes, por ejemplo. Quizá yo esté en un círculo donde eso no pasa, no sé? Entonces termino siendo como una especie de lobo estepario que está medio fuera de ese universo. Yo ni siquiera tengo televisión en mi casa. Me pasa lo mismo con Internet, siento que pierdo tiempo, que me lleno la cabeza de ideas ajenas que son una porquería, cuando en realidad podría estar leyendo un libro o escuchando música. Me angustia la televisión prendida a la mañana en una casa. No permito que interfiera en los momentos que tengo que compartir con mi hija. Y con los diarios también me pasa: me parece que todo lo que publican está destinado a colonizar tu pensamiento. El periodismo depende de la persona que lo hace, claro. Pero hay una marcada intención de que digas todo el tiempo lo que ellos quieren. Me pasó hace poco con una revista: me llamaron para una nota y aparecí vendiendo pulóveres. Soy actriz, ¿qué tengo que ver con eso?".
Lo mejor de dos mundos
Después de un largo recorrido por distintos festivales -Sundance, Cartagena, Guadalajara, Toulouse, Friburgo, Australia, San Pablo, Lima-, El cerrajero llegará a los cines argentinos el 11 de septiembre. Protagonizada por Esteban Lamothe, en el papel de un cerrajero que recibe una noticia inesperada y empieza a tener visiones que le complican aún más las cosas, la segunda película de Natalia Smirnoff, que debutó en 2010 con la elogiada Rompecabezas, cuenta también con Érica Rivas en el elenco. Para la actriz, es parte de un desplazamiento natural entre el cine industrial y el de bajo costo: "Me gusta participar en proyectos tan distintos como Relatos salvajes y El cerrajero. Son películas que tuvieron esquemas de producción muy diferentes, que no buscan su público de la misma manera. Estaba trabajando en otro proyecto con Natalia y ella me pidió que me sumara a El cerrajero. Acepté y acerté, porque el personaje es generoso, tierno, conmovedor".




