La nueva etapa creativa de Jirí Kylián

"Hay que hacer ingresar a la danza al mapa del cruce artístico", opina el gran coreógrafo checo
Alejandro Cruz
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22 de diciembre de 2009  

LONDRES.- El gran Jirí Kylián, una de las figuras capitales en el mapa de la danza contemporánea, se lo pasa abriendo puertas. En 1975 asumió como director artístico del Nederlands Dans Theatre, compañía que estuvo varias veces en Buenos Aires. En 1999 dejó ese cargo, pero siguió siendo coreógrafo del NDT. Hace casi dos meses se despidió del teatro para el cual creó más de la tercera parte de las 100 coreografías con las que maravilló al mundo. Pero resulta ser que el vínculo con el Nederlands lo continuará.

"Me propusieron hacerme cargo de un área dentro del NDT que vincule a la danza con el mundo de las instalaciones, con el cine, con el video, con las artes plásticas. Yo sé que no es muy nuevo, pero también sé que hay mucho para trabajar. A lo largo de los años, la danza siempre ha ocupado un lugar relegado en el mapa del cruce artístico. Me parece que hay que hacerla ingresar al mundo de las artes", confiesa a LA NACION en la ciudad de Londres, donde estuvo hasta hace pocos días en el marco de la Iniciativa Artística Rolex para Mentores y Discípulos.

Coherente con la inquietud que expresa, en el marco de este programa eligió como discípulo (término del cual reniega un poco) al joven coreógrafo Jason Akira Somma, alguien que demostró en un workshop saber conjugar los elementos coreográficos con las artes visuales en total coherencia con sus estudios formales. Y fieles a las búsquedas del discípulo y al interés de su mentor, ambos tienen previsto trabajar juntos en esta nueva área del NDT. "Desde hace un tiempo, estoy investigando el uso de nuevas tecnologías en escena y Jason era la persona indicada para indagar en esa línea. Por eso ya lo he invitado, para que presente un trabajo en el Nederlands", asegura quien en 1994, para los 35 años del NDT, creó el espectáculo Arcimboldo para las tres compañías de dicho teatro, cuya estructura comprendía (antes de los recortes de este año) todas las edades de la carrera de un bailarín: de los 17 a los 70 años.

A lo largo de este año, Kylián, como mentor, se fue dando cuenta de que su discípulo es un estupendo bailarín, fotógrafo, artista visual, coreógrafo, músico y cineasta. "Vi que podía hacer todas esas cosas juntas y concentrarse en una de ellas", añade. De sus charlas con él fue naciendo la idea de sacar la danza del teatro e introducirla a galerías de arte o museos, y de proyectarla hacia otras instancias que no requieran de un escenario. "El nuevo programa puede ser algo muy novedoso para el NDT. Creo que es una idea fantástica y fue una especie de regalo que me hizo el teatro. Cada vez más estoy interesado en cómo las nuevas tecnologías pueden expandir la danza hacia nuevas direcciones", apunta quien comenzó a bailar cuando tenía 10 años de vida.

Su despedida formal de la compañía fue el 28 de octubre. Tanto para Kylián como para el Nederlands fue el fin de una etapa que se extendió a lo largo de 36 temporadas. La despedida al maestro sirvió también como la apertura del Holland Dance Festival que está dedicado a los 50 años de existencia de la compañía. Para la ocasión estrenó Mémoir es d´Oubliettes, un espectáculo en el cual el movimiento se entrelaza con textos de Beckett y Kafka. Según la crítica del diario español El País , en la obra, el coreógrafo demuestra tal poderío formal que "lo sitúa como el coreógrafo de ballet moderno vivo más importante del planeta".

El aburrimiento favorece

La mayor parte de la carrera de Jirí Kylián se ha desarrollado en La Haya, la pequeña ciudad holandesa donde funciona el Nederlands Dans Theater. "La Haya no tiene muchas cosas excitantes -reconoce-. Tiene la Corte Penal Internacional, muchos edificios gubernamentales, varios de oficinas y no mucho más. Sin embargo, te permite estar enfocado y muchas cosas maravillosas suceden allí. La realidad del NDT y La Haya no es un caso aislado. Pensemos en Pina Bausch y Wuppertal, donde está su compañía; o en John Cranko, que puso al Ballet de Stuttgart entre los mejores del mundo. Y hay que reconocer que ni Wuppertal ni Stuttgart son ciudades excitantes. Es interesante ver las posibilidades que te dan los lugares pequeños"

Cuando un joven Jirí Kylián visitó a Londres por primera vez aquella experiencia lo marcó. Fue en 1967. Eran tiempos, según recordaba en una nota a un medio inglés, de los Beatles, de Nureyev, de los Rolling, de Margot Fonteyn y de los Doors. Como yapa, en aquella visita tuvo la oportunidad de ver un espectáculo de Martha Graham. De aquel momento al actual, pasaron muchos años y ahora está acá, en uno de los cuartos del Royal Opera House hablando con algunos periodistas invitados por la Fundación Rolex por su condición de mentor del área de danza. Apenas comienza la charla, se presenta y pregunta: "Yo soy checo. ¿Ustedes?". Los nombres de los países se suceden como si fuera un juego de estrategia militar: India, Singapur, Indonesia, Bélgica, Argentina. "Ninguno inglés; eso es muy significativo".

-¿Por qué lo encuentra significativo?

-Porque los críticos de Londres son los más horribles que he conocido. La otra vez tuve una entrevista con Financial Times y se lo dije. Les encanta destrozar a los creadores. Magníficos coreógrafos, como Bill Forsythe y Pina Bausch, sentían horror de venir acá porque no querían ser insultados, masacrados. Uno puede ser criticado, obvio; pero insultado, no. Por eso me alegra no estar frente a un crítico londinense.

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