La otra escena: Prueba y error
Juan Pablo Gómez repone uno de los montajes más destacados de 2015 que, en un acto de justicia, vuelve a Timbre 4
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El actor y director y DJ y productor y dramaturgo Juan Pablo Gómez suele optar por el perfil bajo. Pero lo que hace, no. Decididamente no.

Hace años montó montó una experiencia que tenía lugar en el vestuario del club Estrella de Maldonado. Se llamó Un hueco. Entraban unas veinte personas. Aquello adquirió las imprecisas formas de esa difusa categoría de "objeto de culto". Hicieron 350 funciones a lo largo de cuatro temporadas.El año pasado, junto a la coreógrafa Celia Argüello Rena (quien, dicho sea de paso, el viernes estrena como intérprete Francotiradores, una propuesta de Rakhal Herrero que ya se presentó bajo formato de work in progress y que merece ser tenida en cuenta) hicieron Diógenes al sol. Aquella mágica instalación performática tomó todos los huecos, pasillos y hasta el mismo patio del teatro El Brío. Desde el punto de gestión y producción, Diógenes... no paró de asumir riesgo. Desde lo artístico, se convirtió en una de esas experiencias que inevitablemente dejan marcas en la memoria del espectador. Esa tonelada de deshechos desparramados según criterios de órdenes diversos fue uno de las propuestas más jugadas (y logradas) del año pasado. Claro que ese mismo año, no contento que el esfuerzo que implicó ordenar el caos de Diógenes..., Juan Pablo Gómez estrenó Prueba y error, un trabajo de una construcción dialéctica impecable.
"Para que el teatro ocurra y no se convierta sólo en tradición, algo de la forma tiene que alejarse de eso. No tiene que parecer teatro inmediatamente. Hace años que las novelas no empiezan con había una vez", dijo en un reportaje publicado para el momento de este último estreno. Coherente con esas declaraciones, en esas pruebas y errores escénicos de enorme potencia no hay nada de "había una vez" ni "colorín colorado". En el espectáculo trabajan los intérpretes que había hecho Un hueco. O sea: Nahuel Cano, ,Alejandro Hener y Patricio Aramburu (quien, dicho sea de paso, el lunes estrenó Esplendor, de Gustavo Tarrío, en otro montaje que merece ser tenido en cuenta).
Si en Diógenes al sol era imposible caminar por el espacio sin pisar cartones, botellas de plástico o telas desparramados por el lugar según un personal criterio producto de necesidad y urgencias de esa acumuladora compulsiva (Maitina de Marco, actriz que siempre brilla), en el espacio escénico de esta perturbadora propuesta que se repone en Timbre 4 prevalece lo despojado como el uso de algunos pocos elementos escenográficos que se van reformulando a medida que pasan los minutos, a medida que crecen o se disipan las tensiones hasta llegar al mismo punto de la irritación.
Al trío de actores se le sumaron Anabella Bacigalupo, Luna Etchegaray, los bailarines Ezequiel Sánchez y Manon Cotte, el pianista Santiago Torricelli junto a un numeroso equipo artístico y técnico que está siempre ahí, acechando, pispeando, controlando, iluminando los focos de los diversos conflictos.

Del preciso entramado es imposible no reparar en el trabajo de Luna Etchegaray. Luna tiene 11 años. Es extraño que en la amplia variedad de premios que hay en disposición, ningún jurado haya reparado en ella. La vida que le da a Camila, la hija de un artista plástico al que le cuesta llevarse puesto, es una verdadera clase de actuación, de fluidez en el manejo del tiempo, de habitar la escena, de ponerle el cuerpo a ciertas escenas de violencia familiar tan perturbadoras como bien resueltas. En Prueba y error cada actor, sus desdoblamientos en otros personajes, la forma en que los técnicos son también protagonistas, en cómo el mismo espacio se va reformulando, sus cistas al universo del cine o su trabajo sonoro todo cierra, todo acierta.
La obra va los jueves, a las 21, en Timbre 4, la sala que está en México 3554. A su estreno, LA NACIÓNa le puso 5 estrellas en su crítica. No me arrepiento.






