
La pequeña millonaria
Charlotte Church: en Roma, La Nación asistió a la presentación del disco debut de esta cantante lírica de 12 años que conmociona a los ingleses.
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ROMA.- Gran Bretaña sigue rindiéndose a los pies de los "niños prodigio". Ahora es el turno de Charlotte Church, que vendió medio millón de copias de su primer CD en el que canta música clásica y crossover. Y tiene sólo 12 años.
No pudo ser mejor entonces la elección de la capital italiana como lugar para efectuar el lanzamiento internacional del disco "La voz de un ángel", grabado por esta niña cantante nacida en Gales en 1987. La significación de la capital de Italia, centro de la civilización occidental, país de origen del arte lírico, y la magnificencia de la residencia de la embajada británica, donde se realizó la presentación, contribuyeron a dar un marco ideal a una presentación poco frecuente.
El palacio de sobrias y elegantes líneas arquitectónicas, de estilo renacentista, rodeado de amplios y bien diseñados jardines, con el atractivo exclusivo de contener ruinas romanas de los primeros siglos de la Cristiandad, admirablemente iluminados e integrados a un marco conservado con evidente esmero.
Con buen criterio
Ese fue el escenario de una reunión de aproximadamente 150 invitados de todas las nacionalidades, incluyendo periodistas especializados y personalidades vinculadas con la industria discográfica, convocados para escuchar a una niña que a partir de los últimos meses del año último, saltó a la fama y a la consideración internacional en forma más que vertiginosa.
Sus presentaciones como precoz soprano, en el Parque Cardiff, de Antwerp, frente a una platea de más de 10.000 personas, apariciones por televisión (en un popular show de jóvenes talentos) en el London Palladium y en el Royal Albert Hall, abordando un repertorio integrado por arias y canciones sacras, temas populares y cantos del repertorio folklórico celta, fueron las razones que impulsaron al sello Sony para transformarla en una de sus actuales estrellas discográficas.
La organización del acto no dejó nada librado al azar. Dos ómnibus llegaron al lugar predeterminado en el horario fijado. Se debieron caminar uno pocos metros por una de esas pintorescas callejuelas romanas exclusivas para peatones y motonetas. En el portal del gran parque de la residencia se controlaban las credenciales, pero, cosa evidentemente posible, sin provocar ninguna demora, lentas colas ni mucho menos mal humor.
Luego de dejar los abrigos en el guardarropa y de firmar el libro para invitados se pasó a los grandes salones de la recepción decorados con magníficos tapices y cuadros de firmas ilustres.
Alfombras, mobiliario y detalles como teléfonos, escritorios, pequeñas mesitas con revistas, libros y diarios cotidianos daban la excelente sensación de una casa habitada con toda naturalidad. Fue evidente que la reunión sería una más de las muchas que se han de efectuar durante el año.
Sin embargo, hubo una primera sorpresa cuando se invitó a pasar a otro salón preparado de un modo especial. Enormes cortinados caían iluminados con focos blancos y celestes a los costados de un escenario, donde un arpa y dos micrófonos delataron un inminente concierto.
No había una platea. Todos debían permanecer de pie, evidencia de la brevedad del acontecimiento planificado. Los fotógrafos y camarógrafos de TV estaban ubicados en un lugar de frente y más elevado.
Como no podía ser de otro modo, no hubo palabras rimbombantes ni pérdidas de tiempo. Con natural espontaneidad se hizo una breve presentación y habló el dueño de casa, el embajador británico, para destacar el acontecimiento y las cualidades de Charlotte Church.
Instantes después subió al escenario la pequeña estrella, vestida con un conjunto de pantalón y chaqueta de sobria línea y color.
Delgada, pelo lacio suelto y natural, nada de maquillaje, ojos vivarachos grandes como luceros y una amplia y simpática sonrisa, fue la imagen que cautivó a los presentes.
Breve y atinado concierto
Pero al comenzar a hablar, su figura se fue agigantado. Su forma de tomar el micrófono, su aplomo y firmeza conceptual, parecieron provenir de una mujer más formada. Tanto fue así que nació una duda sobre la edad de Church y cierto desencanto. Sin embargo, al anunciar el programa pudieron observarse detalles que delataron de inmediato el rubor e inhibición propios de los niños cuando están obligados a mostrar sus aptitudes frente a una concurrencia de mayores, en estos casos trasformados en horribles monstruos y verdugos.
Entonces retornó el sueño de estar frente a un fenómeno de la naturaleza que se ha dado muy de tanto en tanto. Los nombres de Shirley Temple, la famosa "Ricitos de oro", que alguna vez cantó junto a Lauritz Melchior en el cine; de Judy Garland y, en los últimos años, la carismática violinista de China Vanessa Mae, que aborda por igual la música clásica y la pop, esta última con un violín eléctrico y singular destreza, vino a la memoria.
Voz cristalina y celestial
Charlotte Church comenzó su actuación alejada de los micrófonos. Su voz sonó entonces natural y directa. Fue acompañada por una excelente arpista y el tema "My Lagan Love", de corte folklórico celta, sirvió para valorar su musicalidad y aplomo.
También sorprendió su histrionismo en los movimientos, la ubicación natural de sus manos y su destreza para cantarles a todos los presentes con dulces miradas a derecha e izquierda.
Después llegó el conocido y hermoso Pie Jesu..., del "Réquiem", de Andrew Lloyd Webber, que no puede negar sus puntos de contacto con el similar de Gabriel Faure, y el "Ave María", de Carlo Caccini, en arreglo de Nick Ingham, con un muy bien logrado efecto sonoro apuntó a darle una transparencia angelical y celestial.
Pero en este tramo del recital, todas las obras incluidas en "Voz de un ángel", que Sony Classical ha lanzado al mercado y que en poco tiempo se ubicó en Europa entre los productos de mayor venta, desplazando con 20.000 ejemplares a "Back to Titanic" (la segunda parte de la banda de sonido del film), fueron cantadas por Charlotte Church con uso de los micrófonos, amplificación, orquesta y coro, tal como fue grabado con los elementos estables de la Opera Nacional de Gales, con la dirección de Sian Edwards.
Indudablemente, la pequeña artista demostró ser una impecable campeona del uso del sistema karaoke que permite sumar la voz a registros predeterminados.
Fue en ese momento en que su voz se escuchó con mayor prestancia, con menos zonas medias débiles, agudos mejor colocados y un color sonoro de indudable calidad y atracción, virtudes que se aprecian en su flamante disco "La voz de un ángel". Al estallar el aplauso quedó una sensación de estar frente a un ser tocado por una varita mágica como ha ocurrido en la historia de la música muy de tanto en tanto, así como también el pleno convencimiento de que sólo el destino, después del paso de la niñez a la pubertad, tendrá la palabra sobre la posibilidad de una carrera artística prolongada y de jerarquía. Por ahora, sencillamente, se está frente a la realidad de una niña que canta con voz angelical y de una gran empresa discográfica que apuesta con todo su potencial a un éxito perdurable.



