La política como una de las artes mortíferas

Wolf Hall, la serie de la BBC sobre las novelas de Hilary Mantel, retrata a la corte de Enrique VIII con mirada contemporánea
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30 de mayo de 2015  

OXFORDSHIRE, Inglaterra (The New York Times).- Thomas Cromwell se arma un cigarrillo. Enrique VIII dirige su rostro hacia el tímido sol inglés, sentado con los ojos cerrados en una reposera. Un cortesano asoma su cabeza por la puerta entreabierta del castillo de Broughton, y anuncia, como pidiendo disculpas: "Cinco minutos". Cromwell -en el cuerpo del actor Mark Rylance- se ríe y levanta del piso el casquete negro que se sacó durante su breve descanso. "Mejor con el sombrero", dice, a nadie en particular.

Rylance, quizás el más famoso actor teatral británico de nuestros días, usó el casquete de Cromwell durante 17 semanas consecutivas el último verano boreal durante el rodaje de Wolf Hall, que adapta para la pantalla chica las novelas de Hilary Mantel sobre la figura de este genio político y mano derecha de Enrique VIII.

La serie -cuyos siete episodios pueden verse en nuestro país en Netflix- se estrenó en enero último, en Gran Bretaña, con inusual éxito para una propuesta "de época": fue vista por cuatro millones y medio de personas cada semana, lo que la convirtió en la ficción más vista de BBC Two desde que comenzaron a medirse los ratings, en 2002.

Y Wolf Hall, la serie, es sólo uno de los muchos elementos de una verdadera industria dedicada a sus criaturas: Hilary Mantel ganó el premio Booker en 2009 por la primera de las novelas, que da título a la miniserie (editada en castellano como En la corte del lobo) y luego volvió a llevárselo por su continuación, Bring Up the Bodies ( La reina en el estrado aquí). El éxito de las novelas se sumó al entusiasmo por su adaptación teatral para la Royal Shakespeare Company, a cargo de Mike Poulton, que estuvo un año en cartel en Londres y hace un mes se mudó a Broadway.

"Creo que lo que tratamos de hacer en TV es muy distinto a lo que se ve en el escenario -explica el director Peter Kosminsky-. Nuestro guionista tiene una intención más oscura: ir a la yugular política." Cuando se le pregunta si es un intento de devolverles a los dramas británicos la corona televisiva que hace tiempo perdieron a manos de los usurpadores norteamericanos, el director se ríe. "Para nada: pensamos en hacer un drama serio que les interesaría a quienes amaron el libro. Nadie esperaba esta respuesta de la audiencia." Pero Kosminsky sí está convencido de que es una apuesta fuerte de la BBC para recuperar su preeminencia: "Es una serie basada en dos novelas ganadoras del Booker, interpretada por grandes actores y producida con un importante aporte de tiempo y dinero por el canal. Lo que la BBC está diciendo con Wolf Hall es: «Esto sólo puede hacerlo la BBC»".

"Hay que hacer una distinción importante -dice Damien Lewis, conocido por su Nicholas Brody en Homeland, que aquí interpreta al rubicundo y aún esbelto Enrique VIII-. No estamos contando la historia de los Tudor: estamos creando Wolf Hall a partir de las novelas, que ya son de por sí una relectura de los Tudor." El apetito aparentemente insaciable por esta historia es resultado, en parte, de la fascinación de Gran Bretaña por la dinastía Tudor, pero, sobre todo, el efecto de la vívida mirada de Hilary Mantel sobre ese período histórico: la desesperación de Enrique por un heredero, la ruptura con la Iglesia Católica, los comienzos del protestantismo, la disolución de los monasterios y la ejecución de Ana, punto en el que termina la segunda novela (la escritora prepara un tercer volumen, The Mirror and the Light, que recorre los últimos cuatro años de la vida de Cromwell). Todos estos hechos son presentados en la pantalla a través de la mirada enigmática de Cromwell, generalmente retratado por los historiadores de la época como un inescrupuloso intrigante.

La narrativa de Mantel lo ubica en un plano muy distinto, siguiendo su derrotero desde sus comienzos como hijo de un abusivo herrero hasta su ascenso a las cumbres del poder. Así, mientras vemos cómo Cromwell libra a su señor de su matrimonio con Catalina de Aragón para casarse con Ana Bolena -y luego trazar la caída de esta última- en Wolf Hall también lo apreciamos como un hombre adelantado a su tiempo: culto, ingenioso, multilingüe y con una energía inagotable para dedicarse al ajedrez de la política que es la corte de Enrique VIII.

"Para mí, es un trabajo extraordinario -explica Rylance en un descanso tras el rodaje de una secuencia en la que confronta a una frágil Catalina [Joanne Whalley]-. Hay 70 u 80 escenas por capítulo, y yo aparezco en casi todas. La dificultad es que estoy interpretando a un personaje que nunca revela lo que piensa. No podés cambiar su rostro inmutable, pero sí tenés que insinuar lo que puede estar planeando."

Para adaptar las novelas, los productores llamaron a Peter Straughan, nominado al Oscar por El topo, sobre el thriller de John Le Carré. La habilidad del guionista para condensar las más de dos mil páginas de las novelas en seis horas de TV superó las expectativas de los productores. "Redujo la historia como lo haría un gran creador de whisky: sin perder su potencia ni su esencia", afirma Rylance.

Straughan tomó la decisión de que el guión tuviera como columna vertebral la venganza de Cromwell contra quienes pergeñaron la caída de su mentor, el cardenal Wolsey. "Sentí que ayudaría a entender sus decisiones y las concesiones morales que debe hacer para concretarlo. Y entonces, cuando el campo está libre, queda expuesto ante el rey, lo que es peligroso." Hilary Mantel estuvo de acuerdo con la idea: "Los buenos escritores saben que una adaptación opulenta será una ficción pobre", afirma Straughan.

Roslyn Sulcas

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