La primera vez, según los músicos argentinos
Ricardo Mollo. Bruja Suárez. Willy Quiroga. Miguel Cantilo.
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Ricardo Mollo, 41 años (cantante y guitarrista del grupo Divididos): "Woodstock significó mucho para mí e involucró todo el sueño de la música. Me acuerdo de que un año después del festival, un amigo se compró el disco y fue terrible. Jimi Hendrix y Santana me volaron la cabeza. Y cuando dieron la película en el cine Ritz, fui a verla como cien veces. Ver eso era como volar. La magia que provocó en ese momento fue como descubrir una nueva forma de vida. Woodstock marcó una época muy linda y de mucha magia, que nunca más volvió a suceder.
"Creo que en cada copia del festival se agiganta aquella versión original. Es más, escuché que esta nueva edición la anuncian con el himno que tocó Hendrix en el primer Woodstock. También estuve a punto de ir en el que se realizó en 1994, pero me pareció que era como quemar una ilusión. Que todo se maneje tan poco artesanalmente hace que se pierda el encanto del festival original, que fue una isla dentro de la sociedad norteamericana.
"Ahora ya se sabe cuántos restaurantes va a haber, cuantos millones de litros de Coca-Cola se van a tomar... todos datos que en definitiva hacen que la magia de otros tiempos se pierda".
Bruja Suárez, 49 años (armoniquista de Charly García, Fito Páez y Ratones Paranoicos, entre otros): "En ese momento tenía 19 años y era superhippie, adhería al movimiento de la paz. Desde 1965 viví en Nueva York y fabricaba bolsas de cuero para vender en el Central Park. Fui a Woodstock y a muchos otros festivales. Es que si estabas en contra de la guerra de Vietnam tenías que estar ahí.
"Creía en la paz y el amor en la tierra, no en el establishment ni en la sociedad en sí. También conocí a Michael Lang, el organizador de Woodstock, y después me hice muy amigo de él. En esa época estaba también el furor de las drogas lisérgicas y todo se parecía a Disneylandia. Tengo un recuerdo muy lindo de esos años por haber vivido el momento.Y todavía soy medio hippie, eso nunca se pierde. De los tres días del festival, me acuerdo de la lluvia, el frío y las drogas que se consumían. Fue una gran fiesta en la que todos se divertían. Y como si esto fuera poco, arriba del escenario estuvieron los mejores músicos de la historia del rock y el blues".
Willy Quiroga, 59 años (bajista de Vox Dei): "En esa época apenas estábamos entrando a grabar nuestro primer álbum, "Caliente", y Woodstock significó un montón de cosas para toda la comunidad rockera del país. Pero, en especial, llenó a la juventud de esperanzas para un futuro mejor que luego se convirtieron en nada. Porque ese movimiento hippie que cuestionó a la sociedad y al establishment finalmente entró en el mercado de consumo y todo se convirtió en un negocio. Fue muy lindo en su momento.
"Luego, con la película, tuvimos la posibilidad única de ver a Jimi Hendrix, y fue increíble. Me acuerdo de que la íbamos a ver en trasnoche, durante meses y meses. Algo que nunca me pasó con otras películas.
"Seguramente, este nuevo no va a tener esa cosa que tuvo el primero y que tampoco tuvo el segundo. Aquello fue único y, en cierta forma, bastante ingenuo y puro. Incluso la gente que organizó el festival no ganó ni una moneda. Lo que vino después fue hecho bajo el criterio del negocio. Para uno que conoció el primero, nunca va a ser lo mismo".
Miguel Cantilo, 49 años (integrante del dúo Pedro y Pablo): "Mi recuerdo de la onda expansiva que recibimos de Woodstock es especialmente luminoso, como un cónclave de mitos cuya atracción excedió los límites de la convocatoria local para difundirse por todo Occidente a través de la película.
"Hoy reveo cada tanto aquellas imágenes y confieso que no me producen la admiración de aquellas horas. Solamente la actuación de Jimi Hendrix me parece un clásico, casi una clínica inolvidable, pero lo demás es una reliquia emotiva de aquel pasado que, fuera de contexto, no transmite aquella energía imposible de explicar que nos arrastraba a la admiración. La célebre actuación de Crosby, Stills & Nash, con una guitarra acústica ante 500 mil personas, fue más un símbolo, una profecía, que una correcta performance.
"También las imágenes contraculturales que se reproducían en la pantalla estaban inaugurando un ciclo histórico del cual nos haríamos eco las juventudes contemporáneas identificadas con la música, la paz y el amor. Pero, por sobre todo, el testimonio insólito, irrecuperable de aquel encuentro fue la capacidad de la música rock de reunir tanta cantidad de gente sin provocar desmanes ni tragedias, sin violencia ni vandalismo. Y a la vez, sin represión policial garante del orden.
"Las causas pueden atribuirse a innumerables argumentos, pero la verdad histórica es una: Woodstock es un hito en la cronología de los sucesos seculares. Es algo que no tendrá parangón en el resto de los días por venir. Habrá, como las hay, patéticas intenciones de reproducir su eficacia de convocatoria con oscuros fines económicos y menores méritos artísticos".





