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A cada paso que da por el pastito del estadio de Ferro, Antonela corta el aliento con sus curvas paranoicas y su andar lleno de glamour rockero de Moreno (más allá de la paradoja). "Está bueno venir a un festival tan grande. En Moreno también voy a recitales, pero de bandas de amigos, como La Colosa y Circodelia", dice. Y mientras espera su número preferido, el de los Ratones Paranoicos, sufre el acoso de los rolingas: "Los chicos vienen a chamuyarme pero no me cabe… ¡Estamos grandes ya! Yo acá vengo a ver a la banda que me gusta, no a buscar un novio", cierra la morocha. Infartante.


