La savia universal en la creación de Ana Mendieta
En el Museo de Arte Moderno se inaugura hoy la exposición de fotografías y films sobre la obra de la fallecida creadora cubana
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"Mis obras son las venas de irrigación de un fluido universal. Por medio de ellas asciende la savia ancestral, las creencias originales, la acumulación primordial, los pensamientos inconscientes que animan el mundo."
En 1983, dos años antes de su trágica muerte, la cubana Ana Mendieta (La Habana, 1948 - Nueva York, 1985) escribió este texto que bien podría tomarse como una declaración de principios de su arte y su forma de ver el mundo.
A partir de hoy, en el Museo de Arte Moderno, se exhiben fotográfías y fílms de algunas de sus performances y esculturas en el paisaje, que encarnan esa búsqueda hasta el heroísmo de la propia identidad: femenina, corporal, espiritual, vocacional, comunitaria.
"No existe un pasado original que se deba redimir -continúa Mendieta-: existe el vacío, la orfandad, la tierra sin bautizo de los inicios, el tiempo que nos observa desde el interior de la tierra. Existe por encima de todo la búsqueda del origen."
El exilio
Como tantas otras víctimas del régimen cubano, Ana y su hermana Raquelín tuvieron que abandonar a padres y hermanos, en 1961, para ir a refugiarse a los Estados Unidos. Esa experiencia, que en el país adoptivo implicó una despiadada discriminación, resultó un acicate para que la artista se internara en sus más hondas raíces: su identidad de mujer -que se haría extensiva a la mujer latinoamericana-, la tradición de su tierra natal, los mitos precolombinos.
La actual muestra en el museo, por el tipo de obras que realizó Mendieta, asume características peculiares. Dado el carácter efímero de sus performances y de las precarias esculturas que realizó con materiales tomados de la naturaleza, generalmente en paisajes naturales, no se verán sus trabajos propiamente dichos, sino registros fotográficos y fílmicos, que hoy tienen valor de colección.
Precisamente han sido coleccionistas privados los que aportaron algunos de estos registros. En fotos se conserva parte de la serie de performances "Siluetas" (1976-1980), además de algunos de sus "leaf drawings" -dibujos en hojas vegetales-. Se exhiben también videos de otras performances.
Estas manifestaciones artísticas, fueron aprovechadas en la década del 70 por el body art (arte corporal) y el land art (arte ecológico), emergentes en esos años. Mendieta logra una síntesis perfecta entre ambas tendencias, al punto que llama earth and body works (obras hechas con la tierra y el cuerpo) a las obras de este tipo.
Con ellas la artista deja el sello de su cuerpo en el paisaje, o se sirve de su propia sangre o de la de ciertos animales, del agua de mar, de la tierra, del fuego, de la arena o de la ceniza, y en la mayoría de los casos, de su cuerpo desnudo. Para ella, estas esculturas afirmaban "sus lazos emocionales con la naturaleza" al punto que, sostenía, "no conceptuaba la cultura de otro modo".
Además de sus earth and body works, entre las obras que se exhiben en el museo hay dos que pueden ilustrar las diversas preocupaciones de la artista. En 1972, Mendieta trabajó con una lámina de cristal que apretaba contra su rostro, o su cuerpo para distorsionarlo en formas violentas.
El cristal servía de marco, y desde él la artista controlaba la mirada del espectador, en una inversión de los papeles tradicionales. Los múltiples significados de la performance tenían que ver siempre con la identidad corporal: las huellas personales quedan impresas en el cristal, y al mismo tiempo, éste se convierte en reflejo de la propia identidad. Luego, en los años 90, las indagaciones acerca del cuerpo serán temas centrales del arte.
Sobre la sexualidad, es arquetípica la obra "Entierro del Ñáñigo" (1976). En la instalación, Mendieta dibujaba su cuerpo en el suelo con 47 velas negras, usadas en las ceremonias del vudú y la magia negra. La figura estaba recostada con los brazos en alto, a la manera del árbol de la vida, que simboliza a una diosa transmutada en ser humano.
Durante una semana, las velas consumidas se reemplazaron por otras nuevas, al tiempo que se formaba en el suelo una suerte de cuerpo esculpido en cera. Mendieta hace abundantes referencias a la santería, práctica religiosa del folklore afrocubano, en la que se inscribe la secta de los Ñáñigo, que excluía a las mujeres de sus ritos.
Todas estas obras, así como sus esculturas en barro, que también podrán verse en la muestra, ponen a Mendieta a la altura de los más originales creadores contemporáneos.
Museo de Arte Moderno. Av. San Juan 350. Tel. 361-1121. Hasta el 17 de mayo, de martes a viernes, de 10 a 20; sábados y domingos, de 11 a 20. Entrada, $ 1.




