La suerte de atrapar el ramo

Un rito que puede cambiar el futuro de muchas
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11 de enero de 2008  

Existe un punto en el que las fantasías de los hombres y las mujeres se encuentran: los lanzamientos. La escena es conocida: un primer plano de la frente sudorosa con algunos mechones de pelo mojado que caen como guirnaldas sobre las cejas. El plano se abre y puede verse cómo la mirada va de la pelota que pica en el suelo a un tablero electrónico que marca que el tiempo terminó y que el partido está empatado. Un resoplido; un paneo general por las caras de tensión en la platea y después sí, el lanzamiento, la pelota que rebota en los bordes del aro. Una. Dos. Tres veces. ¡Adentro! El público estalla: el lanzamiento fue un éxito y hay un nuevo héroe deportivo en el pueblo. A partir de allí todo

será grandioso para él. Entre las chicas, se da también una escena similar: una joven aprisiona un ramo de flores a la altura del pecho; sonríe un poco nerviosa, sabe que todas las miradas están puestas en ella. A su espalda, hay tensión, un grupo de mujeres expectante, con ojos redondos como monedas y bocas semiabiertas, espera el movimiento certero, definitivo. Entonces sí, el lanzamiento. El ramo vuela en el aire y se disparan mil flashes; las manos se alzan y el ramo rebota en algunos dedos. Una. Dos. Tres veces. ¡Lo agarraron! Aplausos y disimulada decepción del resto de las solteras. Hay una nueva dueña del ramo de la novia. A partir de allí todo será grandioso. ¿O no?

Quien habla con algunas de las afortunadas acreedoras de tamaño honor llega a la conclusión de que las consecuencias que acarrea atrapar el ramo de la novia en la fiesta de casamiento son, por lo menos, ambiguas. Por ejemplo, Natalia Blaksley, licenciada en Marketing de 28 años, cuenta: "Mi hermana mayor se casó hace cuatro años y en su fiesta agarré el ramo. La verdad es que contraer matrimonio no estaba para nada en mis planes, pero al final fui la primera de mi grupo de amigas en casarme. El que propuso que nos casáramos fue mi novio, y yo había olvidado completamente el episodio del ramo. Lo gracioso es que todas mis amigas se acordaban y cuando conté que íbamos a casarnos se impresionaron porque creyeron corroborar los poderes mágicos del ramo de novia". El destino, sin embargo, no fue el mismo para Carolina Castagno, empleada pública de 32 años que, pese a haber sacado el ramo, sigue soltera: "Saqué una vez el ramo y otra el anillo, pero la teoría de mi novio es que se anulan. Lo dice en chiste, claro. La verdad es que ninguno de los dos quiere casarse por ahora, estamos bien así".

Un poco de historia

El hábito de lanzar el ramo de novia se inició en Francia en el siglo XIV, de una manera un poco distinta. Por esa época surgió la costumbre de considerar la liga de la novia como un objeto portador de buena fortuna: los invitados corrían detrás de la novia y le quitaban la liga como podían, así que para evitar esta práctica un poco grosera las novias comenzaron a tirar la liga voluntariamente. Con el tiempo, el ramo quedó establecido como el objeto que se lanzaba en las bodas, y para evitar aglomeraciones peligrosas, sólo se permitió a las solteras la oportunidad de tener el bouquet de turno. La buena fortuna, no queda del todo claro con qué criterio, quedó resumida en una única forma posible para la felicidad: ser la próxima en casarse. La búsqueda del preciado objeto y de esa forma de felicidad que representa genera, a veces, situaciones un poco crueles. Carolina Crerar, periodista de 31 años, cuenta que cuando tenía siete años fue al casamiento de un primo de su madre y sacó el ramo: "Sí, saqué el ramo, pero me duró sólo unos segundos en las manos, ya que una de las primas de mi mamá, soltera a los veintipico, gritó que no era válido porque yo era una nena. Cuestión: me lo sacaron, volvieron a tirarlo y cayó convenientemente en las manos de esta prima lejana desesperada. Me sentí muy decepcionada, traicionada, no entendía mucho qué estaba pasando. Ella se casó unos años después. Yo no me casé, pero la verdad es que nunca envidié ni por un instante esa vida".

Es cruel, sí, pero lo cierto es que muchas veces el lanzamiento del ramo no está librado enteramente al azar. Algunas novias pueden pensar que no es justo que cualquiera se haga acreedor de tamaña suerte y, haciéndose un poco las distraídas, dirigir el lanzamiento hacia el par de manos exactas donde quieren que se depositen las flores.

Fernanda Ramírez, profesora de inglés de 30 años, suele estar atenta a este tipo de situaciones desde el casamiento de una amiga: "Mi amiga, la que se casaba, estaba de espaldas. Se ve claro en el video (que pasamos varias veces en cámara lenta) que no me mira nunca. Y, de todos modos, dice que ella me lo tiró a propósito. No le creo nada, pero en los casamientos a los que voy me fijo a ver si la novia hace trampa o no. Ah..., y me casé, sí, pero no sé si fue culpa del ramo o no". No se conocen estadísticas oficiales, pero dado que en este breve sondeo no se ha podido constituir una tendencia que supere, en algún sentido, el 50%, no puede establecerse con certeza si el ramo de las novias tiene propiedades mágicas o no.

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