
De a poco, como quien no quiere la cosa, el rock comenzó a revisar el expediente de los años 80.
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Mejor que inicies la búsqueda de aquellos viejos zapatos de baile y tengas a mano una buena pomada con la que restaurarles el brillo perdido, porque vas a necesitarlos para no quedarte atrás. El grunge se murió de viejo en los Estados Unidos, con la baja de Soundgarden, la separación de Stone Temple Pilots y Alice In Chains; sólo Pearl Jam insinúa una recuperación que todavía está por verse. Mientras que el rock, de tan alternativo, se volvió corriente, la oleada de aire fresco que trajo el brit-pop de Oasis, Blur y otros, se transformó en una cachetada para los atormentados norteamericanos, que así perdían la supremacía. Les vino bien el repliegue porque en la retirada se toparon con el ska, una antigualla que se puso de moda en los primeros tiempos de la new wave, cuando los 80 prometían emociones fuertes que no habrían de cumplir. Hoy, esa antigüedad ha vuelto a ganar terreno y puede decirse que el estado de California se ha convertido en el cuartel general de un nuevo híbrido: el ska-punk.
El retorno del ska se produjo casi por accidente, cuando No Doubt, la banda de Annaheim liderada por Gwen Stefani, alcanzó el número uno de las listas de ventas. Sin tener conciencia ni del punk ni del ska, No Doubt se reflejó en el espejo de Madness, aquel grupo británico de ska-pop que alcanzó el éxito mientras otros más puristas como English Beat, The Specials o The Selecter miraban de costado. Claro, No Doubt triunfó gracias a "Don’t speak", una balada de calce perfecto para las radios, pero el efecto suelo hizo que mucha gente escuchara el disco y se familiarizara con su viejo/nuevo sonido, que incluía cierta esencia ska.
La segunda puntada de este regreso fue aún más casual. Sublime, un trío de la ciudad de Santa Bárbara, parecía una banda sin esperanzas; su cantante y guitarrista, Brad Nowell, había muerto por una sobredosis de heroína justo cuando el grupo iba a editar su primer disco en una compañía líder; dejó una mujer joven y un hijo de dos años. Sus compañeros quedaron sumidos por la tragedia. Hasta la misma discográfica pensó en cancelar el lanzamiento del álbum: ¿para qué gastar dinero en fabricar, distribuir y promover un producto que ya no existe? Sublime era impensable sin Bradley, pero el disco se editó y se transformó en un lento pero sostenido suceso. El tema "What I Got", pulsión de reggae y rap a cargo de tres chicos blancos de una ciudad costera, produjo el milagro de la difusión radial y tras él se colaron "Wrong Way" y "Santería", dos ska-pop que tuvieron una gran recepción. Hoy, a más de un año de su edición, Sublime sigue vendiendo.
El golpe final lo asestó otro grupo californiano con una decidida impronta retro: Smash Mouth. Oriundo de la ciudad de San José, este divertido cuarteto llegó a las radios antes de tener un disco grabado. "Walkin‘ on the sun" animó la segunda mitad de 1997 y, cuando se pensaba que su estrella iba a apagarse, su álbum Fush Yu Mang comenzó a trepar los charts con su mezcla de punk, ska y hardcore, y se convirtió en el último gran disco indispensable para alegrar cualquier fiesta. Para su éxito fue decisivo que eligieran como segundo corte del álbum la remake ska de "Why can‘t we be friends?", un tema originalmente grabado por el grupo War.
En el sonido de No Doubt, Smash Mouth y Sublime se podía detectar, en mayor o menor medida, la presencia del ska. Pero, ¿cómo fue a parar un ritmo jamaiquino, de fines de los 50, al estilo de tres bandas californianas cuyos integrantes no habían nacido cuando el ska surgía de una improbable cruza de ritmos nativos con el rhythm & blues de Nueva Orleáns? Lo mamaron a través del punk original que, como si se tratara de un capricho, adoptó el reggae, y levantó el estandarte de la causa rastafari. Gente como Elvis Costello y Joe Jackson hicieron lo propio dentro de la new wave y adaptaron el ska a su pop efervescente.
Todo esto sucedió a fines de los 70 en Inglaterra y vale la pena tener en cuenta que, en ciudades como Brighton, había una fuerte inmigración de habitantes del Caribe que conocían el ritmo original, bailado por sus padres en salones populares. Ellos no tardaron en formar bandas de ska con chicos blancos. Los casos más difundidos fueron los de UB40 (reggae) y The Selecter, English Beat y The Specials. En ese choque de culturas se produjo la primera cruza del punk con el ska, y The Clash fue el embajador que paseó el descubrimiento por otras tierras, camuflado entre su equipaje punk. Mal puede hablarse de The Clash como una banda de ska, pero sin quererlo, como consecuencia del contundente éxito que obtuvo en los Estados Unidos, se transformó en su principal difusor. A su vez, los integrantes de este grupo aprendieron el ska de bandas y solistas tan míticos como desconocidos: The Skatalites, Prince Buster y Desmond Dekker.
Al igual que el punk, el ska se radicó en California gracias a las agrupaciones británicas y permaneció en estado de culto. El punk brotó con más fuerza en los Estados Unidos de la mano de bandas como Black Flag y Dead Kennedys, pero el ska sólo quedó en estado larval. Hubo una agrupación, Operation Ivy, que logró cierta fama subterránea a mediados de los 80 con su disco Energy; en él iniciaron la mezcla de punk y ska. La banda no prosperó y uno de sus miembros, Tim Armstrong, formó un grupo decididamente punk: Rancid. A Armstrong le fue mejor, y cada cinco temas punk colocaba algún acento ska. Lo que sólo unos pocos supieron fue que Operation Ivy se transformaría en la gran influencia de una generación de músicos que hoy comienza a levantar cabeza y a lograr reconocimiento.
Third Wave (tercera ola). Así es el nombre que la nueva escena de ska eligió para definirse a sí misma. La primera ola estalló en el momento de su concepción, a fines de los 50, en Jamaica. En esa instancia inicial el ska no pasó de ser una mera curiosidad, sólo captada por oídos muy inquietos. La segunda ola se desparramó por el mundo con el punk, y el ska recibió el nombre específico de 2-Tone. La tercera parece ser la vencida.
Dos de las bandas con mayor antigüedad en el gremio del ska son The Mighty Mighty Bosstones y Voodoo Glow Skulls. Después de varios discos, los Bosstones alcanzaron cierta repercusión con su álbum Question the Answers, y robustecieron su reputación cuando participaron en Kiss My Ass, el disco tributo a Kiss, con su interpretación de "Detroit Rock City". Su reciente CD, Let’s Face It, hizo que los Bosstones adquirieran nivel de estrellas gracias al video de "The Impression That I Get" y al hit "The Rascal King". La fama de Voodoo Glow Skulls, que hace poco editó El baile de los locos, es mucho menor, pero más representativa de la nueva tendencia en, la cual el ska, además de mezclarse con el punk, hace buenas migas con el hardcore.
¿Qué fue lo que produjo la explosión del ska-punk en los 90? El fenómeno estuvo indirectamente alimentado por el suceso que obtuvo Green Day, conocido trío punk, con su álbum Dookie, lo que provocó un interés especial de la industria en encontrar más grupos de esas características. Así se les abrieron las puertas a los veteranos Bad Religion y a Rancid; el inquieto Tim Armstrong fundó Hellcat Records, un sello dedicado al ska-punk, para el que graban bandas fundamentales de esta movida como Hepcat y Voodoo Glow Skulls, y veteranos del ska tradicional como The Slackers, Stubborn All Stars –recientemente de gira con Mighty Mighty Bosstones– y The Skatalites.
Otros dos grupos emblemáticos del ska-punk son Buck-O-Nine y Less Than Jake. Los primeros se formaron en California, en 1992, como una banda de ska rechazada por los puristas del género. Prefirieron entonces tocar en boliches punk, donde la clientela se mostró mucho más receptiva a su estilo. Con la experiencia llegaron las oportunidades, entre ellas la de grabar Twenty Eight Feet, disco que se disparó gracias al hit "My Town". Less Than Jake, en cambio, es oriundo de Gainsville, Florida, y grabó Losing Streak, cuarto disco de su carrera pero el primero para Capitol, otro sello grande que apuesta al ska (Mighty Mighty Bosstones pertenece a PolyGram).
Reel Big Fish se transformó en la nueva sensación de Los Angeles con su ska-pop-punk combativo, que los llevó a concretar Turn the Radio Off (Apagá la radio), disco que paradójicamente alcanzó un alto grado de difusión. Del otro lado de la ciudad, Jump With Joey ya lleva tres discos grabados con un estilo único y original: ska-jazz. El contrabajista Joe Altruda lidera una big band de jazz que bien podría haberse dedicado a los standards, de no haberse topado con un coleccionista de ska que la llevó por el mal camino. Y siguen las firmas con Dance Hall Crashers, Suicide Machines, Blue Meanies y Perfect Thyroid, entre otros miles de grupos que comienzan a surgir desde Chicago, Nueva York y todos los rincones de California.
Y, como no podía ser de otra manera, los viejos gladiadores volvieron a la arena: Madness y The Specials se reunieron para aprovechar el revival del ska, y de paso recordar que los primeros que descubrieron esta polvorita fueron ellos, en la segunda ola. Mientras la industria sigue tratando de imponer su agenda establecida, que indicaba que "la electrónica" era la luz a seguir, con el rabillo del ojo observa incrédula cómo un oscuro ritmo jamaiquino contamina no sólo a nuevas bandas sino a una multitud de oyentes que crece día a día y que parece dispuesta a bailar el ska. Los sellos y las radios harán bien en ir buscando pomada para sus zapatos de ejecutivo.
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