La última batalla de Al Pacino
El actor lucha con las corporaciones del periodismo y el tabaco en "El informante", que se estrenará aquí el 17 y es firme candidata al Oscar
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LOS ANGELES.- "No soy bueno para las entrevistas", se ataja un tímido Al Pacino antes de empezar su encuentro con la prensa extranjera. Famoso en Hollywood por eludir todo tipo de contacto con los medios, incluidos los más serios y respetuosos, decidió romper un larguísimo silencio de varios años con entrevistas a The New York Times, Los Angeles Times y los principales medios internacionales.
"Con los años me di cuenta de que no podés vivir escondiéndote siempre y que tenés que mostrarte como sos. Entonces decidí salir a apoyar a "El informante", una película de mi amigo Michael Mann, de la que me siento realmente orgulloso", dice el actor de "El Padrino".
Que Pacino se haya "dignado" a promocionar un film tiene su explicación: "El informante" ("The Insider"), que se estrenará en la Argentina el próximo jueves 17, no sólo es una nueva colaboración con Mann (ya trabajaron juntos en "Fuego contra fuego"), sino una de las películas más polémicas en la historia del cine norteamericano, ya que por su contenido (un caso real de manipulación de nicotina en los cigarrillos y un acto de censura en "60 Minutes", el programa periodístico más visto de los Estados Unidos) tuvo que enfrentarse nada menos que con la cadena televisiva CBS y con la no menos poderosa tabacalera Brown & Willamson (véase recuadro).
Más joven que nunca, pese a que está próximo a cumplir los 60 años, Alfredo James Pacino (tal es su nombre completo) llega al inmenso Hotel Century Plaza de Los Angeles con su escaso metro sesenta y cinco de altura, todo vestido de negro, vistosas botas y campera de cuero, pelo corto, patillas, una cuidada barba candado y un enorme anillo de oro en el meñique derecho. Y, claro, con esos enormes y famosos ojos marrones que cautivaron desde la pantalla a millones de espectadores.
Un pedazo de historia
Estar frente a Al Pacino es, para cualquier amante del cine norteamericano, como tener a la vista una parte importante de la historia de Hollywood de los últimos 30 años.
Integrante de una familia de origen siciliano que creció en las duras calles de Harlem y el sur del Bronx, Pacino es, junto con Robert De Niro y Harvey Keitel, el modelo del actor neoyorquino seguidor del Método de Lee Strasberg y conocido por la intensa y obsesiva atención por los detalles.
Amante y permanente cultor del teatro ("mi única y gran pasión", reconoce), Pacino se convirtió en uno de los principales actores norteamericanos gracias al cine. El reconocimiento de la industria, sin embargo, tardó en llegar: después de siete nominaciones ("El Padrino", "Sérpico", "El Padrino 2", "Tarde de perros", "Justicia para todos", "Dick Tracy" y "El precio de la ambición"), sólo en 1993 ganó un Oscar por una actuación bastante convencional en la remake de "Perfume de mujer".
De su vida personal jamás habla. Se sabe que tiene una hija de 9 años (Julie Marie) producto de una fugaz relación y que actualmente sale con la bella actriz Beverly D´Angelo. Sus romances con colegas como Diane Keaton, Penelope Ann Miller, Debra Winger, Jill Clayburn, Kathleen Quinlan, Tuesday Weld y Marthe Keller, entre muchas otras, llenaron cientos páginas de la prensa amarilla. El siempre respondió con el silencio.
"Nunca supe manejar bien el estrellato", reconoce este actor, cuyo alcoholismo en los años 70 terminó con una largo proceso de recuperación en Alcohólicos Anónimos, y su contacto con la prensa se suspendió durante años tras pelearse públicamente con la mítica crítica Pauline Kael. "Hice muchas locuras en el cine, un ámbito que te obliga a lidiar todo el tiempo con tus propios fantasmas, tus miserias, tus demonios."
Una vez superada la conmoción que significa sentarse frente a Pacino, la tarea de entrevistarlo es compleja, por momentos heroica: inseguro hasta límites poco creíbles en una estrella de cine, elíptico, se toma toma muchos (demasiados) segundos antes de contestar cada pregunta, propone largas pausas en medio de una frase y, si el periodista intenta ayudarlo con alguna idea, dice, aliviado: "Eso es, eso es, vos lo contestaste mejor que yo".
En sus mejores momentos, cuando no mira hacia abajo y abandona el tartamudeo, Pacino entrega algunos raptos de charla amigable y hasta sorprende con un par de movimientos exuberantes de los brazos, especialmente cuando se entusiasma hablando de su trabajo.
"Discúlpenme, discúlpenme -repite una y otra vez-, pero yo soy así: en las fiestas, las pocas veces que voy, me busco una buena esquina y me quedo allí toda la noche, con algún amigo que acepta hacerme compañía."
-¿Cómo se las arregla para vivir en Hollywood, donde a cada cuadra hay un agente, un productor, un periodista o un actor?
-Vivo a caballo entre Los Angeles y una casa en las afueras de Nueva York, aunque la oficina de mi compañía, Chal Productions, que es mi base de trabajo como productor y director independiente, está en el centro de Manhattan, con vista al Central Park y al río Hudson. Varios de mis mejores amigos se mudaron a California, pero mi mundo sigue estando en la costa este.
-Usted parece sentirse mucho más cómodo, más feliz, en el teatro de Nueva York que en el cine de Hollywood...
-Hollywood me agota. Necesito interrumpir periódicamente mi carrera en el cine, para sentir el fuego de hacer teatro en vivo, que es donde me formé y donde me siento verdaderamente en familia. Yo nunca me propuse ser una estrella de cine. Me encantan las películas, pero en el nivel de trabajo es una existencia muy fragmentada. El teatro es totalmente diferente, es lo más parecido que hay a la droga. Lo extrañás cuando no lo probás y te destruye si lo hacés. Me encanta y a la vez odio hacer teatro, no puedo no vivir con esa adrenalina y hay días en que no la soporto. Tu vida pasa por llegar a la sala y entregar todo cuando el telón se abre a las ocho de la noche.
-¿Qué soñaba ser cuando era chico?
-Ya a los cuatro años, cuando actuaba para mi abuelo siciliano, quería trabajar en cine. Luego, con el paso del tiempo, soñaba con ser como Cary Grant y Gary Cooper; después, como Humphrey Bogart y Paul Muni; y más tarde, como Marlon Brando y James Dean.
Un talento precoz
A los 13 años, Pacino ya hacía teatro en una sala semiderruida del Bronx. Comenzó a estudiar en la High School of Performing Arts, pero a los 16 años tuvo que abandonar para salir a trabajar. Luego ingresó en los HB Studios (de Herbert Berghof), donde se topó con quien ha sido su mentor y profesor en los últimos 40 años: Charlie Laughton. La impresionante formación inicial de este actor de raza se completó en el mítica y experimental Living Theater de la mano de Julian Beck y Judith Malina ("la época más movilizante de mi vida", acota), en el off-Broadway y también en el Actors Studio de la apuntada familia Strasberg.
Hace pocos meses, dirigió y actuó en Los Angeles y Nueva York una versión de "Hughie", la pieza de Eugene O´Neill de principios de los años 40, y ahora se prepara para el enorme desafío de interpretar nuevamente en el off-Broadway a Edipo, el protagonista de la tragedia de Sófocles sobre el rey de Tebas que asesina a su padre y se casa con su madre.
En cine, además de "El informante", trabajó para Oliver Stone en "Un domingo cualquiera" ("Any Given Sunday"), la historia de un veterano entrenador de fútbol americano que debe enfrentar los cambios del hiperprofesionalizado negocio del deporte y a las corporaciones que lo dominan. En este film, también de inminente estreno local, compartió cartel con Cameron Diaz, Dennis Quaid, James Woods, Matthew Modine y los veteranos Charlton Heston y Ann Margret. "Fueron sólo seis buenas semanas de mi vida", se limita a decir de ese trabajo.
"El informante" tuvo algunas de las mejores críticas que se recuerden en los últimos años y, sin embargo, el resultado comercial dista mucho de ser el esperado. El gran público no se atrevió a enfrentar a este poderoso thriller político que ha sido comparado, con justicia, con "Todos los hombres del presidente". Claro que el estado de las cosas pueden cambiar para la productora Disney si, como se prevé, "El informante" cosecha el próximo martes 15 una buena cantidad de nominaciones al Oscar. En la película, Pacino interpreta a Lowell Bergman, productor del semanario televisivo "60 minutos" que comandó la investigación del caso e hizo la denuncia pública cuando los ejecutivos de la CBS intentaron evitar la salida al aire del programa. Un papel a la medida de un Pacino de regreso a sus mejores actuaciones.
Por eso, nadie mejor que el director Michael Mann ("El último de los mohicanos") para definir al Pacino actual: "Contra todo lo que se pueda creer -dice a La Nación -, contra todos los mitos que andan dando vuelta respecto de su supuesto mal carácter, de sus exigencias desmedidas, de sus caprichos, Al es un tipo sencillo, humilde, que te escucha, que es terriblemente autoexigente y autocrítico. El mismo se da cuenta cuándo estuvo mal y te propone siempre volver a filmar la toma. Yo no tengo dudas de que es el mejor actor norteamericano, un verdadero genio de la actuación".
La vuelta al thriller político
Pacino es contundente a la hora de explicar por qué volvió a trabajar con Mann, cuando es público y notorio que no suele filmar seguido con un mismo director: "Michael es un director de una enorme intensidad. Como (Martin) Scorsese es un cinéfilo que conoce todas las herramientas narrativas y sabe exactamente lo que quiere. Me siento protegido con un tipo como él, que además sabe cuándo ponerme límites y hasta pegarme algún grito" ( risas ).
-¿Le costó mucho interpretar a un periodista que existe en la vida real?
-Al contrario. Me hizo recordar a mi personaje de "Sérpico", un policía idealista que salía a contar su verdad. Frank Sérpico es un hombre tratando de hacer las cosas bien contra todas las dificultades. Al igual que entonces, ahora conocí en profundidad a Bergman. Es más fácil interpretar a una persona verdadera, es como si un pintor tuviera todo el tiempo a su modelo enfrente.
-¿Cuál fue, entonces, el mayor desafío?
-Ponerse en la perspectiva de un investigador, entender el día a día de una persona como él, que se enfrenta cada día a un posible caso Watergate. Una profesión que tiene un nivel de presión que realmente asusta. Gente como Bergman realmente tiene un sexto sentido ( se ríe ).
-¿No tuvo miedo de hacer una película demasiado políticamente correcta?
-Confío plenamente en Michael, un tipo que sabe que los personajes no son sólo ganadores o sólo perdedores, un director sensible que conoce la naturaleza humana. Esta película es muy arriesgada, es una producción de Hollywood que se juega contra las corporaciones, y está hecha por gente de una enorme integridad. Lo de la corrección o incorrección política, en este caso, no tiene ningún valor.
-¿Tiene alguna posición respecto de las campañas antitabaco?
-No. Yo fui un fumador toda mi vida, empecé con los primeros cigarrillos a los 11 años. Hace diez años pude dejar y la verdad es que estoy feliz de haber dejado el hábito. Pero no elegí este guión para apoyar ningún discurso.
¿Le molesta que todos los críticos hayan elogiado el trabajo de Russell Crowe y que él sea el favorito para ganar el Oscar?
-Para nada. El es el verdadero protagonista de la película, el que carga sobre sus espaldas el peso de la película, el líder de esta odisea. No nos conocíamos, pero la experiencia conjunta fue muy placentera. Teníamos la misma idea de la película, pero nos manejamos de manera instintiva, casi inconsciente. Eso ayudó mucho a crear un vínculo fuerte entre nosotros que se refleja en los personajes y en la pantalla.
A manera de repaso
Pacino no es muy afecto a los recuerdos, a contar anécdotas de sus viejos trabajos, pero ante la insistencia periodística accede a hablar del conjunto de su carrera: "Si la analizo en perspectiva, no puedo más que sentirme muy feliz: trabajé con Coppola, hice a Strindberg, hice "Hamlet"..."
-Pero sabe que quedará en la historia por su Michael Corleone en la trilogía de "El Padrino"...
-( Se queda callado un buen rato ). Los ejecutivos de la Paramount no me querían, presionaban a Francis (Ford Coppola) para que me echara, pero cuando vieron las primeras tomas, se dieron cuenta de que yo podía con el papel.
-¿Cuál es el secreto de un buen actor?
-Es muy distinto el actor de cine del de teatro. Yo sigo siendo de naturaleza teatral, necesito seguir desarrollando la musculatura sobre las tablas. Es cierto que en algunos momentos sentí sinceramente que me había olvidado de que estaba actuando, de que la cámara estaba ahí, a veinte centímetros, en los que realmente yo era el personaje. Pero no me siento tan cómodo como otros colegas con los primeros planos, que actúan con naturalidad para ese cuadro tan pequeño.






