La última despedida a Sergio Villarruel
Sobriedad: tal vez la palabra que sintetiza la personalidad del periodista enterrado ayer en el Jardín de Paz, de Pilar.
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Si hubiese que caracterizar con un solo término la personalidad de Sergio Villarruel, que fue despedido ayer por innumerables amigos en el Jardín de Paz, de Pilar- habría que decir sobriedad.
Como esencialmente su personalidad, su imagen y su trabajo estuvieron ligados al medio televisivo, esa palabra adquiere una resonancia todavía más alta.
Ser sobrio, por ejemplo, en un diario, una radio, u otro medio, es probablemente mucho más sencillo, casi natural, si ese rasgo pertenece, está incorporado a la personalidad de quien se trate.
En el caso de Sergio lo estaba.
Su otra condición esencial fue el periodismo. Nunca quiso ser más ni menos que eso, un periodista cabalque vivió agitado porque eso es parte de este oficio.
No obstante, sumó una preocupación mayor que lo distinguió de tantos otros: cierto -diríamos- compromiso político alimentado cotidianamente por su sensibilidad y su preocupación por el rumbo político y social del país.
El hombre que frente a las cámaras mostraba un alto grado de seriedad y de objetividad posible (todos recordamos su paso por el noticiero de canal 13 durante décadas para contarnos parte de la realidad de todos los días) Sergio Villarruel añadía, en privado, una clara conciencia social y política.
Sin neutralidades
Sabía, su inteligencia no podía negarlo, que un hombre que ocupa un espacio tan destacado en un medio como la televisión, no puede presentarse como neutro, como si no influyera ante los ojos de quienes lo miran.
Tal vez por eso creó un estilo para los noticieros que no debiera olvidarse. Seriedad, sobriedad, responsabilidad, profesionalismo, fueron algunos de esos ingredientes que el utilizó para hacer lo suyo, sin querer enseñar a nadie, pero enseñando por eso mismo.
Cuando tuvo que alejarse del medio masivo, buscó humildemente un lugar de trabajo en el cable, alguna radio, con modestia casi provinciana.






