
Con Bill Murray, Owen Wilson, Cate Blanchett
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Viaje al fondo del mar
Wes Anderson, director de Los excéntricos Tenenbaum, vuelve con un tono fantasioso y nostálgico.
Son varias las citas que pueden descubrirse en esta nueva invención de Wes Anderson: la más visible es a Jacques Cousteau, el oceanógrafo a quien el realizador norteamericano dedica su relato, pero también es evidente la referencia al capitán Ahab de Moby Dick, la novela de Herman Melville, en cuyo sueño de absoluto se inspira en parte la fábula. Como en bravucón de Ahab, quién paso buena parte de sus días persiguiendo a la mística ballena blanca, Zissou navega los mares en busca de un tiburón jaguar. Lo hace llevado por un presunto sentimiento de venganza (el tiburón se devoró a su mejor compañero en una expedición anterior), y en compañía de un equipo de filmación que se encarga de registrar en imágenes (muy malas, por cierto) los pormenores del viaje a bordo del Belafonte.
El equipo es así como una familia de locos, o de excéntricos, porque una vez mas – como lo había hecho en The Royal Tenenbaums (2001)- Anderson decide explorar las relaciones personales del grupo bastante disfuncional, además de regresar a un tema frecuente en su filmografía como lo es el vínculo padres e hijos.
No hay aquí, sin embargo, rastro alguno de realismo ni de estudio psicológico. Todo es deliberadamente fantasioso, algo ridículo y aparentemente muy leve, aunque detrás de esa liviandad el espectador mas atento sabrá descubrir una ironía muy fina para observar las gritas que presenta la condición humana. Y todo es manso, delicadamente nostálgico, sin esa dosis de delirio afiebrado que convertía a Los excéntricos Tenenbaum en u festín del absurdo.
Si el cuento es pequeño, allí están para compensar esa modestia argumental un par de actuaciones estupendas: la de Bill Murray primero, pero también la de Owen Wilson, coguionista e intérprete de Los excéntricos..., y las de dos máscaras sin desperdicio como lo son las de Angélica Huston y Willem Dafeo. Allí está también el dispositivo visual del relato, con su uso tan particular del color y su diseño de los decorados, que viene acentuar la atmósfera artificiosa y melancólica de la fábula. Y allí esta la curiosidad de la banda musical, que tre unos cuantos temas del más temprano David Bowie (“Space Oddity”, “Rebel Rebel”, “Queen Bitch”) en impensadas y muy sugestivas versiones en portugués de Seu Jorge, quien se encarga de interpretarlas acompañado apenas por su guitarra y como breve comentario del clima nostálgico que envuelve a la acción.





