
Jenna Jameson, la estrella triple X más famosa del mundo, derribó todos los tabúes que se interpusieron en su camino al éxito. Pero, en el fondo, ella sólo quiere ser una mamá común y corriente.
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Jenna Jameson no tiene películas porno en su casa. No hay videos para adultos ni dvds en ninguna parte, ni siquiera tiene esos imanes de heladera con imágenes suyas que vende en su sitio web. Tampoco están las réplicas de La vagina
Y el culo de Jenna hechas con materiales ultrarrealistas que se venden, con el lubricante y el talco complementarios, por 159 dólares y 95 centavos. En la delicada cama de Jenna, llena de almohadones, lo que se hace es el amor, y, aunque no descarta los juguetes, definitivamente no incluye cámaras de video. ¡Por favor!, exclama. Eso es lo último que quiero ver en este lugar.
Es una tarde tibia de domingo en Scottsdale, Arizona, y Jameson que tiene puesta una remera amarilla brillante, jeans y sandalias va y viene de la cocina a la terraza, donde se fuma una cadena interminable de Marlboros Light. Con 30 años, todavía parece una porrista putita, con una melena rubia atada en una cola de caballo demasiado larga, ojos azules demasiado salvajes, el labio superior levantado en una mueca sexy incluso cuando no esté expresando una emoción determinada, aunque casi siempre está expresando algo. Levanta los fideos con vegetales mientras sus perros se le enredan en las piernas: un par de cachorros, un bulldog inglés y Stinky, el pomerano de corte taza que es su compañero desde hace seis años. Los perros mean por toda la casa y se escucha el ruido de uno lengüeteando en el inodoro.
Uh, dice Jameson, eso me da mucho asco, porque después vienen y me lamen a mí.
Suena raro que Jameson reaccione así frente a los fluidos corporales de un animal, cuando ella se gana la vida intercambiando fluidos humanos. Pero aquí, en casa, una pequeña mansión de estilo mediterráneo decorada con una mezcla de suburbano y gótico, tan común entre las estrellas de rock, se preocupa por mostrarse como una chica normal. De hecho, la única pista que hay de que uno está en la casa de una estrella porno es la oficina de Jay Grdina, su amable, peculiar y nada temible marido desde hace un año y director de sus películas, copropietario de la productora y del sitio web, y su único partenaire masculino en pantalla desde 1998 (El no tiene problemas en ese aspecto, pero gracias a Dios existe el Viagra, dice Jameson). Con aros de acero quirúrgico y diamantes puntiagudos, Grdina (36 años) se guarece detrás de una muralla de pantallas de computadora. Está editando una imagen de su esposa, vestida con un traje de látex de enfermera, inclinada sobre una camilla donde está él desnudo.
Estoy armando un corto para el [festival de cine independiente] Sundance, bromea.
Las tapas de los videos de jameson a veces la describen como La estrella más famosa del cine para adultos y, de hecho, el nombre de Jameson probablemente sea el únicoaparte del de Ron Jeremy que hasta la gente que no mira porno conoce. De hecho, Jenna Jameson es, en el imaginario social, casi un sinónimo de actriz porno. Se la nombra usualmente en el programa Curb Your Enthusiasm , de hbo [un programa humorístico de tv], y se la vincula sentimentalmente desde la prensa amarilla con Britney Spears, lo que ambas niegan (Ojalá, dice Jameson). Jameson le debe mucho de su éxito a Howard Stern, de quien era invitada permanente a mediados de los 90, y que la incluyó en su película Partes privadas (1997), donde hizo el papel de la primera invitada que se desnudó en su programa. Desde entonces, ella hizo avisos para Pony y Abercrombie & Fitch, condujo [el programa de E! Entertainment] Wild On!, puso su voz al [juego de Playstation] Grand Theft Auto: Vice City, apareció en videos de Eminem y de Korn, y protagonizó su propia E! True Hollywood Story . Nunca fue del todo mainstream . Me importa un bledo toda la franela de Hollywood, dame el trabajo o cerrá la boca, dice. No soy un poni de exhibición. No quiero salir con vos y tus amigos, y no quiero grabar el mensaje de tu contestador diciendo «Esta es la casa de Scott. El está ocupado conmigo en este momento». No quiero que me den un papel para el que tenga que teñirme el pelo, achicarme las tetas y cambiarme el nombre. ¿Pensás que la gente va a decir «Mirá esa chica, Ashley Smith, qué linda es, qué buena actriz»? Van a decir: «Ah, ahí está Jenna Jameson con peluca y las tetas chiquitas».
Esa frase es sólo una puntita de la enorme ira que Jameson siente contra el mundo y que explora en profundidad en su reciente autobiografía Cómo hacer el amor como una estrella porno , que incluye revelaciones acerca de cómo fue raptada por una pandilla en Montana cuando era adolescente, el detallado relato de su adicción a las metanfetaminas y luego al Vicodin, su relación con Tommy Lee y el tamaño de la pija de Howard Stern (sorprendentemente larga, aunque ella dice nunca haberla visto pelada).
El sexo fue una salida para la furia reprimida de Jameson por su desafortunada infancia: su madre, una cabaretera, se murió cuando ella tenía 3 años; su papá intentó criarla, pero era muy distante.
Fuera de la pantalla, dice haberse acostado con unas cien mujeres y unos treinta hombres. Definitivamente soy bisexual, y hubo momentos de mi vida en los que fui tan bisexual que daba asco, dice. Me encantan las chicas. No puedo mirar a una chica sin pensar «¿Qué gusto tendrá?».
A los 16, Jameson, que nació en Las Vegas como Jenna Marie Massoli (se puso Jameson porque le gustaba esa marca de whisky), se enamoró del hombre que le hizo sus primeros tatuajes. Ella dice qué él la alentó para que empezara a hacer strip tease en el Crazy Horse. Además, un pariente de él la violó. Un buscador de bellezas de una revista de desnudos la descubrió en el Crazy Horse, y la publicación pronto la condujo a films porno soft de chicas con chicas, y luego, Bueno, una cosa lleva a la otra, dice. Puso el límite con el sexo anal, que nunca practicó en cámara. Veo a las chicas de ahora, metiéndose seis tipos y a la vez chupándola, y pienso «¿Qué carajo están haciendo?», dice Jameson. Estas chicas no saben que tenés que ir de a poco, y que tenés que conseguir que te paguen un poco más por cada cosa que hacés. En mi época casi ni tenías que tener sexo, ni hablar de meterse dos pijas en el culo.
Así de inteligente como fue para ir vendiéndose de a poco en su camino a la fama, una vez que llegó se cuidó mucho de qué hacer y qué no. Hay relativamente poca cinta de Jameson grabada. En más de una década en la industria, filmó menos de cincuenta películas (que fueron, por supuesto, recientemente relanzadas en dvd). Ahora sólo hace una o dos películas por año, y en general se la ve sólo en un par de escenas. “Siento que evolucioné para ser una nueva persona”, dice Jameson. “Me siento rara haciendo una escena de sexo con mi marido enfrente de otra gente. Ni siquiera me banco las cosas entre chicas. Llegué a un punto de mi vida en que ya no quiero estar en bolas frente a treinta personas.”
Una de las razones por las que jameson no quiere hacer más películas porno es Grdina. Ella siente devoción por él, del modo en que puede sentirla un cachorrito por su dueño. Por toda la casa hay colages enmarcados que ella le hizo a él: llaves de hotel y plumas pegadas a una construcción de cartón que tiene frases de amor recortadas de revistas; frases tontas, que dicen cosas como “Los novios sienten algo en el estómago cuando la puerta del ascensor se abre”, y otras serias como “No fue un accidente: te mandaron del cielo para quitarme las pesadillas y permitirme amar de nuevo”. Una no cuaja muy bien: “El que te hace enojar te conquista.
Sí, dice Jameson. El enojo es poderoso.
Desde que está con Grdina, Jameson se domesticó. Mucho del éxito de Jameson como marca puede atribuírsele a
Grdina, cuyos emprendimientos anteriores incluyen un gimnasio en Japón, un estudio de filmación que muchos directores de porno utilizaron, y comprar todos los números de teléfono mal marcados cuando la gente trata de llamar a 1-800-call-att [la línea de una de las compañías telefónicas más importantes de los Estados Unidos]. Ahora su negocio es Jameson, y ya sea que se trate de cuidar al amor de su vida o de salvaguardar un valioso bien, él es bastante sobreprotector. Le pide que no abra la puerta y no le gusta que esté sola en la casa; y cuando lo está, manda un asistente para que se quede viendo televisión en el living. Quiere cercar el vecindario, por seguridad, y la casa está llena de cámaras estratégicamente colocadas, con una conexión a internet en su oficina. A Jameson tampoco le gusta que la reconozcan, y le parece que el mesero de Starbucks y el chico que carga nafta la miran tan lascivamente que casi ni sale. Jameson, de hecho, es una persona bastante ansiosa. Ultimamente no le gusta mostrarse en público a menos que esté promocionando algo, y en Scottsdale casi no sale de su casa, salvo para ir a algunos restaurantes de sushi, ver a su caballo, que está en un establo cercano, y tomar cama solar.
Ahora, Jameson hasta filma en su propia casa. Tiene que sacarse unas fotos para su página web, clubjenna , pero incluso el esfuerzo de posar sólo para Grdina, quien toma las fotos, parece dejarla exhausta. En su vestidor, lleno de pieles de colores brillantes, carteritas y un cartel en el espejo que dice reina de todo, trata de ser más vulgar. Desnuda bajo un tapado de piel, busca distintos equipos de bombacha y corpiño. Toma un conjunto negro con el borde de estrás, y lo lleva hacia la luz para ver qué tal está (lo usó en Brizna Loves Jenna y está un poco gastado). No importa, dice, y lo coloca sobre una pila de ropa brillante. Nadie va a estar mirando cómo me visto.
Se saca el tapado de piel.
Dios, dice. ¿De verdad tengo que hacer esto?
Su cuerpo es realmente hermoso. Todo, excepto sus pechos, está en perfecta proporción, su piel es cremosa, sus muslos y su cola, duros, sin celulitis evidente. Se sienta en la mesada del baño, separando bien las piernas y mostrando lo rosado, mientras Grdina aliviana el clima contando historias de los pedos que le dio un pollo que comieron la noche anterior, o haciéndose el inválido, o cualquier cosa para hacer que ella pare de quejarse. “Sí, sí, mirá esos zapatos”, dice Grdina. “Te calientan, nena. Vas a llegar a casa más tarde y los vas a encontrar más chicos porque yo voy a haber jugado un poco con ellos.” Jameson finalmente se ríe y mueve la lengua de un lado a otro de su boca.
La toma se mueve hacia la cueva y Jameson se tira al piso y arquea su espalda desnuda contra la pata de un escritorio de madera. Sobre el escritorio hay un libro con su encendedor púrpura encima. Alguien estuvo haciendo marcas en un gráfico de puntos de baja ovulación y niveles de progesterona. Grdina y Jameson han estado tratando de formar una familia y no les está yendo bien. Ella pasó por un montón de pruebas en el hospital y los doctores dicen que no tiene nada mal, pero está preocupada. Ella y Grdina nunca se cuidaron y nunca quedó embarazada, ¿entonces, qué ocurre? Está leyendo libros como La cura de la infertilidad y La deidad del embarazo , y oyó hablar de diferentes hierbas que pueden ayudar. De verdad quiero quedar embarazada, dice, buscándome con la mirada. Trato de pensar en positivo. Pero a veces no puedo.
Es difícil no ver lo culpable y avergonzada que se siente Jameson por sus problemas para quedar embarazada. ¿Esperó demasiado? ¿Cogió demasiado? La espera se le está haciendo muy larga porque, en su cabeza, el bebé es la salida. Y ahora Jameson habla de sacarse con láser los tatuajes que le hizo su primer novio. También se quiere cortar el pelo, hace tanto que no lo tiene corto, porque en las películas para adultos los chicos quieren que ella los envuelva con su pelo. Jameson y Grdina acaban de pasar dos semanas en Costa Rica y les gustó tanto que se compraron una casa allí. Ella incluso está pensando en ponerse el apellido de Grdina, aunque “suene raro”.
“Mirá: una vez que sos estrella porno lo sos para siempre, pero yo, una vez que quede embarazada, no voy a hacer más porno”, dice Jameson. “Va a llegar un momento en el que mi hijito o hijita va a mirarme y decirme: «Mami, los chicos en la escuela dicen que sos una actriz porno». Y yo quiero poder decirle: «Sí, mami fue actriz porno, pero cuando vos llegaste mami dejó de serlo».” Algunas parejas quieren tener la habitación del bebé lista; Jameson y Grdina se prepararon poniendo las escenas de trece películas en una lata, de modo que la marca Jameson dure para siempre.
Es horrible indisponerte en las vegas, pero no hay mucho que puedas hacer excepto tomarte un puñado de Motrin [un calmante], y eso es lo que Jameson hace. Está en una suite de dos dormitorios en el hotel y casino Hard Rock. Un grupo de amigos de Grdina está desparramado en los sillones con forma de herradura, tomando cerveza y viendo el video que grabaron un rato antes de uno de ellos en el kiosco, vestido sólo en ropa interior. No paran de señalar la pantalla y reírse viendo cómo los demás clientes tratan de ignorarlo comprando gaseosas tranquilamente. Cada vez que alguno de ellos exclama algo, Jameson se pone más y más tensa, dando vueltas por el cuarto, luego parándose junto a la ventana y dando pitadas cortas y nerviosas a su cigarrillo. “Dios, ¿no los podés sacar de acá?”, le dice finalmente a Grdina. “¡Estoy tratando de vestirme! Podría tener la tirita del tampón colgando o algo así!”
Grdina parece molesto; Jameson está totalmente vestida en este momento, y hay un cuarto justo al lado que ella podría usar perfectamente para cambiarse.
“Tranqui, nena, tranqui”, dice él.
Así que las cosas no están perfectas cuando salen para el hotel y casino Venetian, donde Jameson dará una fiesta esta noche. Se instala en una banqueta del vip y fuma. Una rubia desgarbada, la novia de un amigo, se acerca en un vestido negro y se trepa a otra banqueta. Se dicen cosas en secreto por un rato, pero Jameson está tensa otra vez. “Es un poco incómodo. Todas esas chicas creen que porque a mí me gustan las chicas me van a gustar ellas”, dice. “Me dan ganas de decirles: «Todo bien, pero no me pongas un dedo encima».”
Hay un guardaespaldas y una soga bloqueando la banqueta, pero la gente se acerca igual. “¿Te acordás de mí, de esa noche en Nueva York?”, le pregunta un tipo con chivita. “Gasté 20 mil dólares en vos.”
“Mmm, supongo que si hubieras gastado 20 mil dólares en mí me acordaría”, dice Jameson, dándose vuelta.
Otro tipo le agarra la mano.
Vos me das placer, le susurra.
¡Puaj!, grita, alejándose. Estoy tan lejos de esto.
Pero entonces una chica se acerca a la soga. Es de Suecia, tiene 19 años, está aquí por unos pocos días y parece una réplica en porcelana de Blancanieves con vida (y con un corsé de cuero). ¿Puedo darte un beso, pregunta.
Claro, dice Jameson, respirando hondo, y le toma la cara entre las manos. Los labios de una se apoyan sobre los de la otra, y cuando Jameson se sienta, se la ve sexy, extasiada. Por primera vez, parece relajada.




