La vida y el canto, por Goyeneche

Diálogos: el sello Melopea editó un disco que incluye una serie de reportajes que Antonio Carrizo le efectuó al Polaco.
Mauro Apicella
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6 de noviembre de 1999  

-Cuando salgo del colegio primario me pongo a trabajar en una oficina jurídica, porque había que trabajar. Tenía 12 o 13 años. Escribía a máquina, era cadete...

-¿Cantabas?

-Sí, yo ya cantaba en el vientre de mi mamá.

El que pregunta es Antonio Carrizo; el que responde es Roberto Goyeneche. El diálogo fue en un estudio de Radio Rivadavia, hace quince años, durante un ciclo de entrevistas del programa "La vida y el canto".

Algunos fragmentos de estos encuentros fueron publicados a través del sello Melopea, con el nombre: "Roberto "Polaco" Goyeneche. Cuenta y canta su historia".

Antonio Carrizo recuerda que comenzó un ciclo mensual "con Borges, Tita Merello y Sabato, y un día se me ocurrió Goyeneche. Apareció en el estudio vestido con jogging... Era maravilloso. Roberto había descubierto la palabra "tremendo", por eso en las charlas la usa mucho. Fueron momentos inolvidables, unas 20 sesiones de una hora aproximadamente".

Parte de ese material será editado y musicalizado en tres o cuatro volúmenes. El primero, que ya está en las bateas, contiene tangos como "Garúa", "La última curda" y "Pompas", cantados por el Polaco, y separadores musicales a cargo de Néstor Marconi, Walter Ríos y Ricardo Domínguez, y Litto Nebbia.

El Polaco habla de sus letras preferidas, las disfruta al recordarlas. "El Polaco es el más grande de todos; entendió al tango como nadie -explica Carrizo-. Si el tango tiene lágrimas, Goyeneche retuerce el pañuelo y le saca una más, sin necesidad de ser lacrimógeno. Además, era un inocente." La inocencia fue quizás alguna de las rarezas del Polaco, porque fue un hombre que cantó en cabarets desde muy joven, que fue cadete, taxista, colectivero.

En estas charlas, el Polaco cuenta que nació en Saavedra, en la casa de su abuelo, de la avenida del Tejar 3050. Habla de su madre, María Elena; de su padre, Emilio, que murió muy joven, y de su hermano menor: "Cuando murió mi papá yo era muy chico y mi hermano tenía meses. A mamá la tuve hasta los 21 y después se me murió. Ella le dio una autorización a (Raúl) Kaplun para que yo pudiera cantar en cabarets, porque era único sostén de madre viuda, pero era muy chico".

-¿Por qué te llamaban Canario?

-Porque cuando nací era amarillo y tenía el pelo blanco. Y lo de Polaco fue Angel Díaz, el Payita...

-¿Cuándo sos el Polaco?

-Cuando me dejaron cantar como yo quería, porque antes era un cantor de orquesta. O sea que tenía que hacer lo que estaba arreglado para el cantor (...). Bueno, cuando empiezo a cantar solo hago los pianos y los fuertes donde los siento. Y mando a arreglar de acuerdo a lo que siento. Ahí hizo puff. Ahí fue Goyeneche, gracias a Dios y a la Virgen que me entendieron.

-¿Cómo encara un cantor las cosas que grabó Gardel?

-De otra manera, no con susto sino con una tremenda responsabilidad porque las grabó El Hombre, el inventor del canto popular. Fijate que él a veces decía targo , y otras tango. Eso es un aprovechamiento que Dios les da a los superdotados. Es un aprovechamiento de aire.

Sobre tres personajes

Durante las charlas que mantuvo con Antonio Carrizo, el Polaco habló de varios de sus amigos del mundillo tanguero. Estas son algunas de sus definiciones, que serían publicadas en próximos volúmenes:

José María Contursi: "Catunguita era el tipo más importante que conocí como poeta. Me llegaba mucho. Además, me decía que yo entendía las comas y los puntos que él quería poner".

Héctor Stamponi: "Chupita es un hombre que vos le decís: "Escribime sobre la pelota de fútbol que cayó fuera de la tribuna cuando pateó fulano", y él te hace una música que te eleva al cielo. Porque Chupita tiene una condición tremenda de lo que significa la palabra música".

Enrique Santos Discépolo: "Sí, lo conocí de pasada y después le dije: "Me voy, Enrique, tengo que hacer". Porque no pude aguantar la tremenda filosofía de Enrique. Era un hombre totalmente actualizado y me hacía mal la fuerza que tenía para decirte las cosas. Esas que vos tenés dentro y no podés decir, él lo hacía, y con una naturalidad tremenda".

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