La voz de Los Chalchaleros
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Juan Carlos Saravia es el único de Los Chalchaleros originales que continua con esta aventura adolescente que nació en 1948. Hace más de treinta años que el cantante abandonó Salta para instalarse definitivamente en la Capital Federal. Ahora vive en Barrio Norte, lejos muy lejos de los cerros colorados de Cachi, dónde pasó su infancia. El grupo folklórico que formó junto a otros tres compañeros de la secundaria "sólo para conseguir chicas" tuvo su debut en el cine Alberdi, de Salta, al que vuelven todos los años.
Después todo fue una vorágine. Llegaron a Buenos Aires con un contrato firmado por 30.000 pesos que dividieron entre los cuatro integrantes. "Para aquella época era una locura porque fijate que Perón decía que cobraba 300 por mes. Entonces cantabamos tres meses aquí y después nos ibamos a gastar la plata a Salta. Cuando se nos acababa hablabamos por teléfono de nuevo a Buenos Aires para volver a Radio Splendid, con un éxito bárbaro".
El tiempo los transformó en una institución del folklore argentino, aunque Saravia piense lo contrario. "Creo -afirma- que no somos un patrimonio nacional solo podemos ser el patrimonio individual de la gente que nos sigue. Lo único que tenemos claro es que en este momento el grupo no es de nosotros sino que le pertenece a la gente".
Como tantas veces a lo largo de todos estos años (de hecho dentro de dos años cumplirán 50 años con la música) presentarán un nuevo disco, "Memoria de un tiempo vivo", el 25, 26 y 27 en el Teatro Opera. El año pasado fueron dos funciones a lleno total y para esta ocasión esperan superar la convocatoria.
El nuevo trabajo que presentan en esta oportunidad "recrea canciones conocidas pero que nunca intepretamos como «La luna cautiva», «La zamba de la toldería» o «La cueca del arenal». Incluímos también «Memoria de un tiempo vivo», que es una zamba inédita de Jaime Dávalos que lleva más de 30 años guardada por Falú"
-¿Y siente que hay renovación de autores en el folklore?
-Por suerte hay mucha gente que escribe cosas lo que pasa es que al no tener difusión dejan de escribir. Pero hay otros que siguen escribiendo a pesar de todo. Eso se ve en los autores que componen para Los Nocheros, Los Alonsitos, o Cuti y Roberto Crabajal. Nosotros también incluímos una zamba de Raúl Carnota, "De ausencias" . Como nos gustó la grabamos porque creo que hay que darle los espacios a la gente talentosa que no tiene la difusión que uno consiguió en este todo este tiempo.
-En su momento fueron criticados por que se decía que adherían al discurso del último gobierno militar.¿Como repercutió eso en el grupo?
-Una sola vez nos paso eso. Fue cuando estrenamos una canción en Cosquín que les gusta a todos los chicos y se llama "La argentina que yo quiero". Nos dijeron que la letra podría haber sido escrita por Galtieri. Pero el otro día fuimos a un festival que hacían los chicos del colegio de La Salle y cantaron esa zamba. Estamos librados de culpa y cargo de haber tenido alguna connivencia con el poder. Además, siempre escuche que a la poesía, y más siendo de Yupanqui, no se la tiene que explicar. Cada uno la tiene que entender según le caiga.
-Igual nunca le cayeron muy simpáticas las canciones de protesta dentro del folclore.
-Lo que pasa que sentí que en ese momento la música era utilizada. La estaban prostituyendo. El unico al que le reconozco el derecho de protestar es a Yupanqui. Porque me consta que él sí estaba perseguido. Entre el 53 y el 55 no se podía tocar nada de él, ni siquiera "Luna tucumana". Incluso hubo una época en que también nos prohibieron. Pero no me parece ni mal ni bien, aunque mucha gente dejó de escuchar folklore por algunos temas. Hasta Horacio Guarany escribió temas muy lindos y otros tremendamente panfletarios. Yo sigo siendo amigo de todos los colegas y jamás tuvimos algún tipo de problema con nadie. Sólo distintos puntos de vista.





