Laplace debuta como director
Desafío: el actor comenzó el rodaje de su primera película como realizador, protagonizada por Ana María Picchio y Rodolfo Ranni.
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Hace veintiocho años que Víctor Laplace actuó en su primera película, "Argentino hasta la muerte". Entre aquel largometraje de Fernando Ayala y el último que lo tuvo como parte del elenco -el inédito "Un amor en Moisés Ville", de Antonio Ottone-, hay otros cuarenta y seis con realizadores como Manuel Antín, Luis Saslavsky, Leopoldo Torre Nilsson, Juan José Jusid, Héctor Olivera y Sergio Renán, entre otros.
Ahora que encara el título número, cuarenta y nueve de su filmografía, descubre otras cosas. Esta vez no sólo le toca protagonizar. También debuta como director de cine.
Su opera prima se titula "El mar de Lucas", se basa en una idea propia que convirtió en guión junto con Martín Salinas, tiene como protagonistas a Ana María Picchio, Rodolfo Ranni, Pablo Rago, Virginia Innocentti y Betiana Blum -además de él-, con música de su hijo Damián, y comenzó a filmarse el 15 de febrero en locaciones porteñas. Un crédito del Incaa le permitirá trabajar con "un presupuesto aproximado de un millón doscientos mil dólares", según informa quien además de dirigir también es productor.
"Cuando era muy joven, dirigía y producía teatro en Tandil, no porque creyera que fuera bueno sino porque no me daban apoyo. Con la película pasó lo mismo. Insistí hasta el hartazgo para que alguien la produjera. Hubo gran cantidad de amansadoras y de gente que me dijo "no hagas nada, nosotros te vamos a producir". Y el proyecto se paraba una y otra vez.
"Así que no fue por deseo que decidí producir. Era así o no había otro modo", dice Laplace a La Nación durante su "primera entrevista como director de cine", según destaca sobre un rol que todavía le "suena fuerte".
"Tengo toda la película en mi cabeza -explica -. Pero por ser mi primer trabajo, tomé recaudos que me parecen fundamentales: tener diseñada la puesta en escena de modo tal, que al llegar a los decorados y lugares, no tenga que empezar a plantearme dónde poner la cámara".
Laplace y sus actores recrearán "una historia sencilla, contada con ternura, humor y mucho afecto".
"El film habla de un padre que no ha atendido lo suficiente a su hijo en los últimos tiempos -cuenta el novel realizador-. Y por otra persona se entera que ya es abuelo de un niño de dos años. Esto lo lleva a reflexionar sobre su rol de padre, impulsándolo a ir a buscar al hijo, que vive en un pueblo alejado de la capital. Ahí comienzan una cantidad de preguntas e interrogantes, distanciamientos y acercamientos, reproches generacionales entre ambos."
En la realidad ese lugar está cerca de Luján y se llama Carlos King, pero para la ficción se lo rebautizó "Las glicinas".
"Allí vive el hijo, Facundo (Pablo Rago), que a su vez tiene un hijo llamado Lucas -sigue Laplace-. Cuando finalmente se encuentra con el padre, le muestra el plan que tiene: en una hondonada cercana quiere construir con un grupo de amigos un hotel al que llamarán "El mar de Lucas", un proyecto por el cual están envueltos en una pelea imposible contra la corrupción de turno."
En esa geografía árida y empobrecida terminarán comprendiendo que "El mar de Lucas" es una empresa condenada al fracaso, pero también una experiencia para rever sus propias vidas.
Aunque el director es también protagonista , asegura no haberse reservado "un desafío actoral enorme" en el film. "La mirada está puesta en los personajes del hijo, su mujer y la ex esposa de este hombre, porque es muy importante lo que les sucede a ellos", dice.
Después comenta que concibió su ópera prima como "una película de actores", en la que "no hay grandes preciosismos de cámara", porque le interesa contar lo suyo con un lenguaje "sencillo y cálido" que "no da para virtuosismos.
"Es el tipo de cine que como espectador más me gusta ver -agrega-, historias simples, bien contadas y actuadas, que pegan en el corazón, no en la lógica ni en la razón.
"Tenía una idea interesante pero le faltaba elaboración, estructura. En definitiva no es mi área. Así que hablé con Jorge Goldenberg, que en ese momento estaba con otros trabajos y me recomendó a Martín Salinas, con quien trabajamos durante dos años hasta llegar al guión que ahora filmamos".
Después de "espiar durante años" cómo filmaban otros y sintiéndose "más feliz que cansado por el insomnio", Víctor Laplace se prueba el traje de cineasta con el que viene soñando -según recuerda- desde el advenimiento de la democracia. "Estoy dándole cabida por primera vez en mi vida a todo lo que he visto, observado, aprendido y criticado -comenta-. Ahora tengo la posibilidad de meter todo en esta experiencia. Pero respetando al equipo, aunque yo tenga la última palabra como director. No soy de los que creen que un trabajo se hace en soledad".






