Larguirucho vuelve a la carga
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A Manuel García Ferré las palabras no le caben en el asombro cuando cuenta que al leer una primera versión del guión de "La tortuga Manuelita", María Elena Walsh se enojó mucho con él al comprobar que Larguirucho no era de la partida. "Pero es que yo no podía creerlo _interviene ella_. Cuando empecé a hablar con García Ferré sobre el proyecto, lo primero que pensé fue: "Estará Larguirucho..." Cuando comprobé que no estaba, se lo hice poner en el contrato." Cabe preguntarse qué representa ese personaje dentro de la galería de criaturas salidas de los trazos de Manuel García Ferré. "Siempre me ha gustado que mis personajes sean el reflejo de personas a las que conozco _responde él_. Larguirucho viene a ser un promedio de ese refrán que dice "Mama, haceme grande que zonzo me vengo sólo". ¿Quién no conoce a un amigo o a un pariente que es así y al que uno termina queriendo porque Tata Dios lo hizo así?" "Es más -opina María Elena-, esos seres suelen ser angelicales. Yo tengo especial devoción por mis amigos despistados. Esos a los que los invitás a comer y vienen el día antes con un regalito, convencidos de que el encuentro era para ese día. Esos que equivocan la fecha de tu cumpleaños. Tengo una amiga por la que siento debilidad y que es una Larguirucha. Son gente muy noble, que se equivoca de buena fe. Larguirucho mete la pata, pero sin malicia."
A decir verdad, en un mundo en el que la gente busca que el prójimo sea perfecto, escuchar que alguien está empeñado en querer especialmente a los que se pueden equivocar, parece maravilloso. "Eso redime al ser humano _coincide García Ferré_. Eso demuestra que el ser humano está por encima del intelectualismo que busca la perfección olvidándose de que las personas no son seres perfectos."




