
Las bellas damas de Romay
Rosita Quintana encabezó "Mi bella dama" en 1961, y Paola Krum lo hará desde marzo.
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El destino quiso unirlas. Una se fue a los 17 años a México y hoy vino en busca de recuerdos y caras amigas. La otra no piensa ni por un momento dejar Buenos Aires, mucho menos ahora que tiene por delante el protagónico de la comedia musical "Mi bella dama", con producción de Alejandro Romay.
Rosita Quintana supo hacer soñar al público argentino como la Eliza Doolittle de "Mi bella dama" allá por 1961 desde el escenario de El Nacional. Sus compañeros de escena fueron dos grandes: José "Pepe" Cibrián y Dringue Farías. Pero ella ya era una diva del espectáculo mexicano y hasta había sido la Susana del film homónimo de Luis Buñuel. Así que, a pesar del éxito en la cartelera porteña, decidió regresar a la tierra de los charros.
Paola Krum comenzará el 3 de enero los ensayos de "Mi bella dama", junto a Víctor Laplace, Pepe Soriano, Aída Luz y unas 70 personas que estarán en escena con la dirección del irlandés Mick Gordon ("Closer", "Art"). Con esa obra se reabrirá el histórico teatro El Nacional, incendiado el 22 de julio de 1982.
Frente a frente
Hoy, una está a casi 40 años del día en que fue la florista que conquistó al profesor Higgins; la otra, está a cuatro meses de subir al mismo escenario para vivir iguales peripecias. Rosita Quintana y Paola Krum tienen mucho por hablar y La Nación fue testigo de este diálogo.
Krum: -¿Vos sos argentina?
Quintana: -Sí, pero mi vida está toda en México. He vivido muchos más años allá que acá. A los 17 me fui contratada al mejor lugar que había allí, que se llamó El Patio.
Krum: -¿Estabas trabajando acá en esa época?
Quintana: -Estaba trabajando con Petit y Sciammarella en el teatro Casino. Entonces, de aquí me contrataron para México y me quedé allí. Me iba a ir a España y en el camino conocí al que sería mi esposo y me quedé en México. En su momento fuimos a Nueva York y vimos "Mi bella dama", con Rex Harrison y Julie Andrews.
Krum: -Ahora no hay ninguna versión. Me encantaría verla.
Rosita: -No te sirve para nada. Yo no vi nada ni escuché nada. Tú lee bien tu personaje. Desde ya que se ve que tienes el temperamento y la voz. A mí nunca me ha gustado ver para hacer.
Krum: -Lo que yo escuché fue un cassette con la música de tu versión, pero no sé si está completa. Te digo que estoy estudiando las letras con las canciones que vos hacías.
Rosita: -Apenas me acuerdo de algunas canciones, pero voy a tratar de acordarme para decirte. Cuando yo tuve que ensayar tenía la ventaja de haber empezado en revista.
Krum: -¡Claro! ¿Sabés que a mí me encantaría hacer revista?.
Quintana: -El actor de revista tiene que hacer todo y encima jalar la cortina. Eso es maravilloso. No sé por qué el teatro de revista no sigue existiendo.
A pesar de tener a las dos bellas damas vernáculas, es imposible recordar la versión protagonizada en cine por Audrey Hepburn, tal vez la más familiar para el gran público.
Quintana: -Todo el mundo sabía que ella no cantaba y eso es como que le quita algo. No se puede tener esa cara y, además, ¡cantar!
Krum: -Cuando no sabía esto pensaba: "¡Por Dios, esta mujer, de dónde salió, que es tan bella y encima canta así!" Igual siento que esa versión tiene algo de lo glamoroso de aquella época, que ahora va a tener que transformarse.
Quintana: -Yo les digo lo que tiene la obra: es "Pygmalión", de George Bernard Shaw. Partamos de ahí. Hay una columna vertebral literaria que es importantísima.
Krum: -En la versión que hacían ustedes, ¿la historia de amor entre ellos se mostraba más claramente? ¿O era como en la película que queda como en una cosa intermedia, que no se sabe qué sucede, si hay amor entre ellos y qué tipo de amor?
Quintana: -Cuando ella regresa queda claro el amor.
Krum: -Es como medio frío.
Quintana: -Es emocionante la escena final cuando él le grita: "¿Dónde están mis pantuflas?" Esa es la aceptación de que la ama.
Krum: -Quién sabe en estos tiempos donde todo se muestra de una forma más directa. Hablé de esto con el director, Mick Gordon, y me dijo que sentía lo mismo y se va a hacer alguna modificación con eso.
Quintana: -Hará mal si hace modificaciones.
De un lado, la experiencia; del otro, la renovación de la nueva generación. No son mansas: discuten, acuerdan, sonríen. Y de repente, se tiene la certeza de que será el mismo teatro, será la misma obra, pero nada será igual porque la dama ya no es la misma.
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