
Las disquerías buscan recuperar protagonismo
La industria de la música atraviesa una etapa de confusa ebullición, en que la piratería y las contradicciones ponen contra la pared las bocas de salida
1 minuto de lectura'

Por tercer año consecutivo, las ventas de los discos, en la Argentina, se desplomaron. No sólo jamás se recuperaron los 24.083.243 de unidades que la industria vendió en 1998, sino que la sostenida recuperación que se venía registrando a partir de 2003 (tras el catastrófico 2002 en que sólo se vendieron 6.190.348 discos) se cortó en 2007 (con 18.164.947 ejemplares vendidos). Desde entonces, los números declinan. El año pasado esa cifra se encogió a 15.985.686 discos y en lo que va de enero a septiembre de 2009 las ventas se comprimieron a 9.332.351 unidades, o sea, un 22,20 por ciento menos que en el mismo período de 2008.
¿Podrá haber incidido en estas depresiones la crisis mundial y su repercusión local? Tal vez, pero la sangría, claramente, viene por otro lado: la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (Capif), fuente de los datos consignados anteriormente, calcula (no se sabe cómo) que la venta ilegal de música en la Argentina genera pérdidas económicas por 1.200.000.000 de pesos aproximadamente (incluidos soportes físicos y digitales).
Lo cierto es que, por un lado o por el otro, y especialmente con las nuevas generaciones, cada vez más acostumbradas a abastecer sus consumos musicales digitalmente, las que vienen perdiendo fuerza desde hace años son las disquerías.
Se calcula que en la ciudad de Buenos Aires hay sólo 120. Muchas son parte (y no la más importante) de locales comerciales que brindan con más preponderancia otro tipo de artículos, como libros o artefactos electrónicos. Y la parte minúscula que tiene que ver con las disquerías propiamente dicha ni siquiera lo es, ya que desde hace algunas temporadas está completamente desbordada por la oferta de DVD de películas o series televisivas.
* * *
Por eso, la idea de armar el jueves último La Noche de las Disquerías fue muy buena porque la iniciativa de Capif, apoyada por el gobierno de la ciudad, quiso poner el foco sobre esta noble actividad para revitalizarla, no sólo por una cuestión económica, sino por una causa esencialmente cultural. Y la gente reaccionó de manera masiva y entusiasta, pues desbordó las disquerías de la avenida Corrientes, revolvió las bateas y se llevó pilas de CD, aprovechando las rebajas que se hicieron y que depararon un espectáculo insólito: larguísimas filas de ávidos compradores frente a las cajas. Zivals, epicentro de la movida, vendió cuatro veces más de lo que lo hace habitualmente en esa franja horaria. Musimundo, en su sucursal de Corrientes y Callao, sextuplicó las ventas y tuvo un ticket promedio de $ 110.
Se calcula que unas quince mil personas circularon por las inmediaciones, entrando y saliendo de las disquerías de la zona.
Así como los artistas están poniendo toda la fuerza de comunicación y publicidad en sus presentaciones en vivo con muy buenos resultados, la industria de la música grabada debería replantearse ciertas cosas más firmemente, ya que no alcanza sólo con llorar por el avance imparable de la piratería.
Para empezar, surgen clarísimamente dos cosas: 1) si el público es estimulado con una propuesta clara y atractiva, responde masivamente; 2) los descuentos aplicados, entre el 10 y el 30%, detonaron ventas como nunca. Esto tiene que hacerlos pensar acerca de si el precio de los CD es adecuado o es superior al que el público está dispuesto a pagar, máxime cuando la competencia clandestina brinda casi el mismo producto por un precio mucho menor. En este sentido, mucho podría hacer el Estado si aligerara un tanto la excesiva carga impositiva superior al 40% del valor de cada disco. Los libros, por ejemplo, están exentos de pagar IVA, y al teatro directamente se lo alivia de todo tipo de impuestos. Hasta los shows musicales no pagan tanto al fisco.
También la industria discográfica debería pensar si admitir la sobrecirculación de grabaciones por otros circuitos masivos y a menor costo (por medio de colecciones que acompañan a diarios y revistas, con las devoluciones que producen y su liquidación por monedas en el mercado de los usados) no termina perjudicando las ventas del circuito tradicional.
Asimismo, debería analizar de qué manera incide el exceso de regalías que se reservan los sellos grabadores (unos 200 de distintos tamaños operan en la Argentina) y si la pretensión ridícula de algunas importantes compañías en "privatizar" el lanzamiento de discos de grandes artistas para beneficiar con una exclusiva a un medio en particular (lo que perjudica, al mismo tiempo, a todos los demás, que ya salen mal predispuestos por obligarlos a quedar atrás del injustamente privilegiado), se condice con la necesidad de revitalizar las ventas sin restricciones. ¿Por qué no volver a las viejas y sanas costumbres, en las cuales no había hijos ni entenados a la hora de dar a conocer un nuevo trabajo musical?
* * *
Si la industria de la música lanza señales equívocas al quejarse de la piratería y, al mismo tiempo, comercializa equipos que facilitan la reproducción casera de las grabaciones, los grandes artistas internacionales tampoco mantienen un discurso uniforme respecto de la libre circulación de la música.
En tanto Lily Allen se alineó con las discográficas en un discurso furibundo contra la piratería, Nelly Furtado y Norah Jones se muestran más comprensivas con las descargas informales de música. Pero la que ha tomado la posta de este movimiento que irrita a los sellos grabadores es Shakira. "Me gusta lo que está sucediendo -afirma quien ya es disco de oro y de platino con Loba, su último y muy marketinero disco- porque me siento más cerca de mis fanáticos y de la gente que aprecia mi música. En un sentido es la democratización de la música, y la música es un regalo."
Hoy mismo, una banda tan poderosa como U2 también aportará lo suyo a la confusión musical general: por YouTube, algunos países podrán ver el concierto que brindará en Los Angeles. No es el único gigante de Internet que pone su pesado pie en el negocio musical: ahora Google y Facebook lanzarán pronto un servicio de música online .
En un contexto tan desordenado, virtual y contradictorio, el futuro de las venerables disquerías será cada día un poco más difícil.
psirven@lanacion.com.ar
1
2Cómo vivió Mirtha Legrand las horas previas a su cumpleaños: un reencuentro, un detalle en la vajilla y un premio
3Quién es Luján Saez: la joven diseñadora detrás de los looks de las hijas de las famosas
4Robbie Williams regresa a la Argentina después de 20 años con un show en el Movistar Arena: cómo conseguir las entradas



