
Las enigmáticas indicaciones de Eugene Ormandy
Jenö Ormándy-Blau nació en Budapest, en 1899, pero la historia lo recuerda como Eugene Ormandy, uno de los directores más célebres del siglo pasado. En 1921, como violinista, llegó a Estados Unidos y, de a poco, fruto de varias casualidades, fue dejando el instrumento en favor de la batuta. Luego de haber dirigido conciertos radiales, orquestas de segundo orden y de haber participado en festivales veraniegos, en 1936 asumió la dirección de la Orquesta de Filadelfia, cargo que habría de sostener por casi medio siglo. Transformó a la orquesta en una de las mejores de Estados Unidos, siempre precisa y con certezas estilísticas destacadas. Además, se hablaba de un "sonido Filadelfia", envolvente y singular, más suntuoso que brillante, una marca registrada que llevaba el sello de Ormandy. El buen funcionamiento de la Orquesta de Filadelfia no provenía sólo de un trabajo metódico y riguroso por parte del director, sino también como consecuencia de una relación humana muy especial que entablaba con sus músicos, en las antípodas de los manejos despóticos de otros directores de aquel tiempo que, además, no escatimaban cierto grado de autoritarismo y algún maltrato. Ormandy estimulaba a sus músicos, discutía con ellos, incluso apelando a la ironía y al buen humor. En cierta oportunidad, en clave de enigma, le dijo a un chelista: "¿Por qué insiste en tocar cuando yo estoy tratando de dirigir?". En un ensayo en el que reinó cierta confusión general, advirtió: "Les pido disculpas si no he sido claro. Mi intención no es complicarlos más de lo absolutamente necesario". En otra ocasión, luego de algunas imprecisiones, el concertino de la orquesta preguntó: "Maestro, ¿es sol natural o sol sostenido?". Ormandy, serio (y magistral), respondió: "Sí".ß



