
Las flores también requieren de protocolo
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En la época en que hay un protocolo para cada procedimiento y situación, también hay uno para el obsequio de flores, asunto que valdría tener en cuenta ahora que se inicia la primavera. Es el que indica, por ejemplo, que si uno quiere agradecer una invitación con flores, nunca habrá que llevarlas en mano el mismo día de la reunión. Pero si ya es demasiado tarde para hacerlo de otro modo y el error está cometido, el protocolo sugiere que sea siempre el hombre el que porte el ramo.
"Lo ideal es enviar las flores con anterioridad al encuentro, y en ese caso deben ir acompañadas por una tarjeta personal", dice Karina Vilella, directora del Centro de Estudios de Diplomacia. Y es más: Vilella precisa que el envío debe llegar, al menos, con dos horas de anticipación.
El protocolo también sugiere que, si las flores son enviadas con posterioridad a la reunión, se debe incluir en la tarjeta un agradecimiento por la invitación con un comentario del tipo la comida estuvo fantástica.
Otra de las reglas que enseña Vilella es tener en cuenta LA NACIONalidad del agasajado para determinar la cantidad de flores que tendrá el ramo. Jamás habría que regalarle a un japonés un ramo de cuatro flores, porque es el número maldito en ese país. Y mejor ni pensar en flores blancas y amarillas: entre los orientales no están bien vistas. Tampoco un francés se sentirá demasiado halagado si le obsequian crisantemos y menos, si la cantidad es impar.
Mejor, hacer como las floristas del hotel Alvear, que desde hace más de 15 años se encargan de los arreglos florales en todos las reuniones oficiales y conocen a la perfección las reglas del protocolo. "Con motivo de la visita de la reina de Holanda y la princesa Máxima, a fines de marzo último, utilizamos los colores de la casa de Orange. Encargamos más de mil rosas en distintos tonos de anaranjados que fueron traídas desde Colombia", cuenta Nora Bardón, que trabaja en equipo con Elisa Sachs.
Para no cometer errores, ellas siempre preguntan al encargado del protocolo del otro país cuál es el gusto del visitante en esta materia. Por eso, el dormitorio de la reina Beatriz fue decorado con rosas blancas y verde jade, pero "ni a ella ni a Máxima les regalaron ramos de flores, porque de antemano informaron que no lo deseaban", dice Bardón.
Ellas también tuvieron a cargo los arreglos en la Cumbre de Presidentes que se realizó en Mar del Plata en noviembre último y recuerdan el momento de angustia que vivieron antes del almuerzo que brindó Cristina Fernández de Kirchner para agasajar a las otras primeras damas. "Había un viento terrible y se nos volaban los ramos. Además, habíamos preparado todo para adornar mesas de seis personas y, cuando llegamos, habían preparado una mesa imperial –dice Bardon–. Las flores elegidas eran orquídeas y no eran suficientes para semejante mesa, pero al final el salón quedó muy bien, tanto que Barbara Bush pidió fotografiarse junto a los arreglos."
La fiesta inolvidable
Pero en cuestión de adornos con flores para reuniones oficiales hay uno en la historia argentina que todavía no ha sido superado. Es el que se encargó para el banquete que el presidente Roque Sáenz Peña dio en la Casa Rosada, en 1912, en honor del nuevo embajador de Brasil, Campo Sales. Recuerda Alejandro Arbaizar, guía de la sede de gobierno desde hace 12 años: "Fue la fiesta más lujosa que se haya hecho en la Casa de Gobierno. Se organizó una comida y un baile para más de 4000 personas. En esa oportunidad el florista oficial, Frederic Chouvin, decoró el Salón Blanco con las 10.000 orquídeas blancas que envió el gobierno de Brasil y colocó palmeras enanas para ocultar al coro y la orquesta del Teatro Colón. Fue espectacular, se escuchaba la música y no se sabía de dónde provenía".
Arbaizar, que se reconoce como un amante investigador de los cambios en la decoración de la Casa Rosada, considera que nunca más se la volvió a adornar tan pomposamente, aunque advierte que hubo otro presidente que era muy cuidadoso de los detalles y fanático de las flores: "Carlos Menem pedía siempre que en su escritorio hubiese un pimpollo de rosa rojo".
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