
Las grandes ausencias
Una fuerte apuesta sin guión ni director
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"Cohen vs. Rosi" (Argentina, 1998), presentada por Buena Vista -producción de Pol-Ka, Flehner, Patagonik, Buena Vista International, Naya-. Idea: Adrián Suar. Fotografía: Esteban Sapir. Dirección de arte: Horacio Pigozzi. Música: César Lerner. Intérpretes: Alfredo Alcón, Adrián Suar, Laura Novoa, Pepe Soriano, Gabriela Acher, Roberto Carnaghi, Rita Cortese, Virginia Innocenti, Favio Posca, Norman Erlich, Edda Díaz. Dirección: Daniel Barone. 90 minutos.
Nuestra opinión: regular.
Cuando uno sale del cine, después de ver "Cohen vs. Rosi", tiene la sensación de que la película se queda en los prolegómenos y de que nunca empezó. Debe ser el efecto de la total falta de guión -de verdad, no hay guión- y de la ausencia del director. Hasta el ojo avezado se confunde y debe ir a la gacetilla (ese inconfesable ayuda memoria) para descubrir que tiene razón, que no hay nadie en los rubros esenciales.
Empieza como sainete y no le da el cuero; sigue como farsa y se confunde en la carnavalada; quiere avanzar sobre la parodia y produce disgusto; finalmente, elige el policial de tiro corto -véase la tristeza del movimiento y de su resultado cuando el protagonista se arroja sobre una terraza porque lo persiguen- y, cuando no se busca, salta el sainete extemporáneo. Todo fuera de sitio.
¿Habrán madurado pacientemente los intérpretes la cualidad de sus personajes o habrán dicho para qué? Seguro, hay un objetivo último e irrebatible: la boletería, que va engordar porque responde a ese engañoso artificio de ser sólo la continuidad de lo que la audiencia ve en el televisor. Está el caso del grande, el admirado, Alfredo Alcón, que trabaja mucho su caracterización, pero sin suerte para él: falta un director que, desde el encuadre, lo cuide en las maneras (al comienzo, sobre todo) y que no le desatienda las espaldas cuando le apunta con la cámara mientras el actor da innecesarios saltitos en un tumulto donde no debe aparecer. ¿Se acuerdan de aquel fabuloso final de "Il Mattatore", la gran farsa con Vittorio Gassman vestido de Greta Garbo, asistido por el director Dino Risi? Cuánta distancia.
Duele mucho ver esta película. Duele porque detrás del proyecto hay mucha inversión, publicidad copiosa y hasta una distribuidora internacional. Mucha engañosa cáscara.
Los diálogos están tapados de chistes ingenuos, muchos de los cuales este crítico recuerda del colegio. Falta espectáculo visual, aunque la fotografía de Esteban Sapir está tan cuidada y procura ambientes con los que la acción no coincide. Los actores hacen lo que pueden en su intento por echar a andar una nueva versión de los encontronazos de Capuletos y Montescos; la mayoría de ellos son figuras de fuerte personalidad singular y hasta monologuistas: es elemental que les cueste incorporarse en un conventillo cómico, donde -decían los que saben- las acciones estaban por encima de las individualidades. Laura Novoa no sale de una constante crispación. Adrián Suar ni aparece o pasa sin que se note. A Pepe Soriano no le dan tiempo ni para lo que sabe, que es mucho. Norman Erlich tiene su muñeco y lo aprovecha bien (a falta de otra cosa). Favio Posca se enreda en la nada de los demás. Por suerte, sólo una figura consigue destacarse porque se nota que cree en lo suyo, que es jugar, y juega con ganas, Virginia Innocenti. La imaginamos en el papel femenino principal: seguramente hubiera dado vuelta todo a favor de la película.





