
Las lecciones de Irvine Arditti
El gran violinista inglés se lució tanto en su concierto como en las clases magistrales
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En sólo tres días el violinista Irvine Arditti demostró por qué es uno de los más notables intérpretes especializados en música contemporánea del mundo.
El notable violinista inglés ofreció anteanoche un brillante concierto en la apertura de la sexta edición del ciclo de música contemporánea del Teatro San Martín, con la Sala Casacuberta cubierta en un noventa por ciento de un público que lo ovacionó por su performance. El concierto contó con el auspicio del British Council, la Fundación pro-Helvetia, el Instituto Goethe, la Fundación Ceamc y la Fundación Música y Tecnología.
Pero tan importantes como escucharlo tocar las endiabladas obras de sus compatriotas George Benjamin ("Tres miniaturas") y Bryan Ferneyhough ("Unischbare Farben"), los bellísimos "6 Capricci", de Salvatore Sciarrino, y la monumental "Lontananza nostalgica utopica futura", de Luigi Nono, fueron las dos clases magistrales que ofreció el lunes y el martes últimos en el Centro de Experimentación del Teatro Colón.
El músico inglés es el fundador del Arditti String Quartet, que tiene como costumbre encargar nueva música a los más diversos autores de vanguardia y prepararla con ellos. Como parte de esta convicción es que se dedicó a seleccionar ocho obras de entre las cuarenta recibidas, para luego estudiarlas y tocarlas junto a sus autores.
Arditti hizo una selección amplia que abarcó compositores nacionales de entre 22 y 40 años. Lo que quedó muy claro es que Arditti no se limitó a hacer una lectura a primera vista, sino que estudió cada una de las obras.
"Esta es la gran diferencia con tocar obras del pasado -comenta Arditti-. Nuestra premisa fue trabajar con ellos para tratar de llevar a cabo la interpretación de la obra a partir de la forma en que ellos lo imaginaron."
Precisamente, la impresión de absoluta cercanía que logra con cada una de las obras que tocó el miércoles último en el San Martín es una de las claves de su solidez artística. La otra es su increíble técnica.
En el concierto de apertura, Arditti dividió el programa en dos partes claramente diferenciables, pero igualmente notables.
Virtuosismo de vanguardia
En la primera parte eligió piezas de bravura. Sólo que aquí el despliegue de virtuosismo no responde al canon romántico, sino a otro tipo de preocupaciones, más vinculadas con la exploración de una amplia paleta de colores inusitados para el violín.
Arditti hace parecer fácil lo difícil. Así ocurre con la obra del pontífice de la nueva complejidad Brian Ferneyhough, pero sin que por esto las piezas pierdan calidez y compromiso expresivo, como quedó claro en los caprichos italianos de Sciarrino.
Pero la obra de fondo era, por extensión y propuesta, "Lontananza nostalgica utopica futura". En esta obra de más de cincuenta minutos de duración, para violín y ocho cintas magnetofónicas, contó con la crucial asistencia desde la consola del compositor suizo-germano André Richard.
La obra de Luigi Nono, personaje ineludible y polémico de la cultura italiana (fue un activo dirigente comunista y un crítico de las instituciones de su país, incluido su propio partido), explora las posibilidades del espacio por medio de los ocho canales mencionados y de la ubicación en seis espacios diferentes del propio solista.
La figura del caminante, una obsesión en la obra de Nono, está teñida en esta obra de un marcado tono melancólico, en el que la electroacústica -con una estética despreocupada, casi desprolija- juega con el sonido del propio violín y su historia. Si el manejo del espacio es en muchos momentos desconcertante, por su simplicidad no lo es el tono de esta bella obra crepuscular de Nono, que, como una letanía, parece despedir al siglo XX.
El ciclo continuará el martes con música de compositores argentinos a partir de la obra "4: 33", de John Cage, con obras de Sergio Merce, Jorge Sad, Eric Oña, Martín Moore, Gustavo Ribicic, Mario Lorenzo, Graciela Paraskevaidis y Jorge Horst.




