
Lebón contó su historia
Recital de David Lebón, en guitarra y voz, acompañado por Pablo Guerra en guitarra, Luis Hermida y Ariel Caldara en teclados, Pablo Memi en bajo y Federico Gil Solá en batería. Sección de bronces a cargo de Ervin Stutz y cuerdas a cargo de Alejandro Terán. En el teatro Coliseo. Nuestra opinión: bueno.
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Rock and roll para comenzar. La contundencia de "Treinta y dos macetas", tema del primer disco de Lebón solista, de 1974, es el que el músico eligió para abrir el primer recital del teatro Coliseo, el viernes, luego de varios años sin aparecer por los escenarios porteños.
En su letra, en el "yo también estuve lejos pero ahora estoy acá", parece resumirse su historia. La de cuatro años en Mendoza, alejado de este mundillo del rock que en estas noches vuelve a disfrutar. Lo dirá también el tremendo blues que es "Tiempo de sueños", cuando canta "yo me fui y volví".
Lo dijo también, entre tema y tema, en ese principio de show que es un reencuentro, con palabras más coloquiales. Que nos extrañó, que nunca más lo dejen estar alejado tanto tiempo, a las que el público responde con una pasión cercana al amor. Muchos de los que aplauden con ardor son, como el mismo Lebón, premis del Mahara Ji, aquellos que han tomado el conocimiento en esta escuela del espíritu que apareció por estos pagos en los años setenta.
David Lebón eligió volver con un recital en el que mostró casi todas sus aristas. Las del solista, las de los tiempos de Serú Giran, las de Polifemo. Y dejará con las ganas de algún temita de Pescado Rabioso que, aunque anunciado, no se pudo concretar y que habrá sido olvidado tal vez a causa ese dolor de muelas que, contó a todos, había aparecido esa tarde como el invitado no esperado del show.
Lebón decidió reservarse las novedades, que las tiene, para el futuro y prefirió volver para ocupar el lugar que le corresponde y que memorias poco entrenadas quizás habían relegado a un olvido injustificado. Porque, para quien no ejerza el habitual ejercicio de escuchar viejos discos, los temas los sorprenderán con la certeza de lo conocido desde siempre. Lebón ha sido un gran compositor de canciones que, durante más de dos décadas, nutrió al rock de emblemas y estribillos.
El recuerdo de Serú Giran
Pero Serú Giran se llevó las de ganar en la selección. Y los viejos temas de la megabanda que compartió con García, Aznar y Moro aparecieron renovados en nuevos arreglos. Cuerdas y bronces se suman en algunos temas, aportando sutilezas por momentos, recargando de arreglos en otros, a la banda estable que integran varios músicos más jóvenes que disfrutan de este encuentro con el más viejo maestro.
En los teclados está Juan Hermida, integrante de la Mississippi, encontrando nuevas vueltas a los temas ya sabidos y, por las miradas que intercambiaban, queda claro que es principalmente en él en quien Lebón deposita mucho del sostén. También en teclados está Ariel Caldara, de Los Caballeros de la Quema. De esa banda también está, en guitarra rítmica, Pablo Guerra. En el bajo, el ex Ratones Paranoicos Pablo Memi que, aunque no llega a las alturas a las que Pedro Aznar llevó a su bajo, sorprendió con una ductilidad inesperada para aquel entrenamiento de rock stone que fue la de su banda de años. En la batería, un grande de los tambores, Federico Gil Solá, que descargaba furia en los rocanroles y que aparecía como un potro contenido en las baladas.
Pocos invitados tuvo la noche. Pero uno fue elegido con el corazón: Héctor Starc. El primero, y David se lo contó en la noche del Coliseo a todos, que lo dejó tocar la viola en público, cuando nadie le habilitaba un espacio. Con él rockeó y alternaron solos en dos temas: "Copado por el diablo" y "Hombre de mala sangre". Más tarde, para "Esperando nacer", lo acompañó Iván Noble en voz y percances: justo ahí fue cuando se le rompió la cuerda de la guitarra y, mientras su asistente aparecía con otra, los dos siguieron adelante, a pura voz y banda.
Antes de los bises, sacó del baúl de sus tesoros uno de los temas más populares de Polifemo, "Suéltate rock and roll". Casi imperceptiblemente mutado en su letra desafiante, ahora, en los finales de los años 90 este tema acuñado en los duros tiempos de la represión adquiere nuevo sentido, más digerible cuando hace referencia en él a su hija, la más pequeña, que un rato antes subió al escenario a darle un beso y que ya para entonces se animó a bailar en escena.






