
Lecciones de piñata
En la Ciudad Cultural Konex, talleres para la versión mexicana
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Hay piñatas y piñatas. Están las que son furor en los cumpleaños argentinos, y las que son furor en cualquier fiesta mexicana, por ejemplo. Pero hacer una piñata mexicana no es tan fácil como comprar un enorme globo de látex, llenarlo de objetos de cotillón e inflarlo. Más bien es todo un arte. No abundan las oportunidades de aprender esta tradición en Buenos Aires, pero en estos días hay una buena posibilidad en el taller de piñata que se dicta en la Ciudad Cultural Konex, en la muestra Try Mexico, dedicada a la cultura mexicana (pero con nombre en inglés, eso sí).
"Ponerse a armar una piñata con cartones y papeles de colores es como volver al colegio. Además, es algo muy familiar. En México todo el mundo participa, y es algo que está tan arraigado que no hay fiesta en la que no haya una", explica Marcos Gómez, ingeniero mecánico mexicano que llegó al país hace dos años, después de casarse con una argentina, y ahora es profesor de piñata en Try Mexico.
El fin de semana último se hicieron los dos primeros talleres, y ahí estuvieron pegando, recortando, rellenando, entre papel afiche, papel crêpe y brillantina, desde chicos de 4 años hasta sus abuelos y bisabuelos. Una señora muy entusiasmada hizo una piñata con los colores mexicanos. Un padre con ganas de hacer manualidades esperaba que su hijo se decidiera entre los modelos por seguir: estrellas de seis o cuatro puntas, faroles o corazones. Al final de la clase, las obras quedaron expuestas por un rato. Y después cada uno se llevó su piñata a casa, por supuesto. Aunque parece complicado, lo más importante que se necesita para armar una buena piñata mexicana es paciencia y creatividad.
Pero de las piñatas que se venden en algunos negocios locales, ni hablar. "No son tan divertidas. En México se hacen según la persona que va a romperlas; para los grandes de cartón, y para los chicos de cartulina. En la Argentina hace falta más difusión de la piñata", se preocupa Gómez.
Y ahí estará, esperando a sus alumnos de piñata, este sábado y domingo, entre las 14 y las 18, en Sarmiento 3131. Lo único que pide es que cuando se lleven el trabajo terminado a su casa la rompan como se debe.
Es el destino de cualquier piñata.
Otro invento chino
Según se cree, Marco Polo llevó las piñatas de la China a Italia: tenían formas de vaca, buey o búfalo, y estaban rellenas de semillas de cinco clases que se caían sobre los mandarines, que las golpeaban con varas de colores.
En Europa, las piñatas tuvieron aplicaciones religiosas. Eran ollas de barro adornadas con papeles de colores y rellenas de dulces que se rompían, con los ojos vendados, el primer domingo de cuaresma. El simbolismo de la ceremonia representaba las tres virtudes teologales: la fe (el encargado de romperla iba con los ojos vendados, sin otra ayuda que las voces de alrededor, que a veces trataban de llevarlo por mal camino), la esperanza (se miraba al cielo y anhelaba un premio) y la caridad (al romperse la piñata se compartían los regalos deseados).
Más tarde las piñatas fueron introducidas en América del Norte por los conquistadores españoles, para atraer más gente a las ceremonias católicas. Así fue como los mexicanos se apropiaron de esta costumbre y la aplicaron a sus fiestas populares.





