Lee Konitz, el maestro del cool jazz
Tocará por primera vez en Buenos Aires, el 19 y el 21
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La nerviosa intranquilidad y agitación del bebop fue reemplazada, a fines de la década del cuarenta, por una expresión de seguridad y equilibrio, de tono intelectual y que se llamó cool jazz . Uno de los grandes representantes de esa cantera de inagotable calidad es el saxofonista alto Lee Konitz, quien se presentará por primera vez en Buenos Aires el 19 y 21 de este mes, en el salón San Telmo del Sheraton Hotel, en Retiro.
Junto al contrabajista Ron McClure y al baterista Jeff Williams, presentará un repertorio basado en temas propios y algunos standards, tomados de manera imaginativa y hasta irónica, y que bien podrían definirse como la expresión de un neoclasicismo dentro del jazz.
Konitz, de 73 años, es uno de los improvisadores realmente grandes de la historia del género. En una carrera musical difícil de igualar, por la cantidad de trabajos, sobresale un disco de sus comienzos, el que grabó con sólo 21 años junto a Miles Davis, el genial "Birth of the cool". Un trabajo histórico y el más prototípico del estilo que, pese al acalorado entusiasmo que generó, se llamó cool (frío).
Aclaración necesaria. El estilo, refinado, ya estaba presente antes de "Birth...", por ejemplo en el saxo tenor de Lester Young, a fines de los años treinta. Otros grandes representantes fueron Lennie Tristano, iniciador de este modo musical; el saxo tenor Wayne Marsh (talentoso y perdido en el tiempo), el saxo alto Art Pepper, el trompetista Chet Baker, el barítono Gerry Mulligan y el trombonista Bob Brookemeyer, entre otros.
Konitz fue alumno, discípulo y compañero del gran pianista Tristano, gurú de un estilo jazzístico de sonoridad transparente, en el cual se altera el ritmo de la línea melódica, a la manera del bop, aunque se mantienen de manera regular los tiempos del compás. Es decir, toman del bop el camino melódico y siguen la línea clásica respecto del ritmo.
Ahora bien, este saxo alto muestra un carácter personal en su interpretación, frases suaves y sinuosas que parecen perseguir la melodía. Sus agudos más susurrados que soplados ponen un aire fresco, típicamente cool, sin asperezas.
Su primer trabajo, con 23 años, fue "Subconscious Lee". En él participaron Tristano y Marsh, entre otros, y allí Konitz marca una distancia considerable con el otro gran saxo alto de su tiempo, Charlie Parker. Sus tonos planos, sin vibrato, buscan quitarle calor a una interpretación plena de abstracciones y de brillo .
Entre sus trabajos, recomendamos "Live at the Half Note", de 1959, y "The Lee Konitz duets", una serie de temas que muestra a este saxo alto en una incansable tarea de purificación del sonido.
A continuación transcribimos los pasajes centrales del diálogo con La Nación . El teléfono suena apenas dos veces y atiende, en su casa de Alemania, Lee Konitz, que nos explica: "Vivo la mitad del tiempo aquí y la otra mitad en Nueva York".
- ¿Qué ventajas tiene para usted vivir en Alemania?
-Una muy grande, la oportunidad de tocar en Europa, donde tienen una muy buena perspectiva de mi trabajo. No se trata de que a ellos les falten buenos músicos, sino que consideran lo que yo hago como una expresión de arte americano. Es como dice el dicho: el pasto es siempre verde, pero el del vecino es más verde (ríe).
- Hubo mucha música durante su carrera. ¿Qué músicos influyeron más en usted?
-En mis comienzos fueron las big bands que escuchaba en la radio. Así fue como decidí que quería un clarinete... ¿Sabía que comencé tocando el clarinete? Mis mayores influencias fueron Benny Goodman y el saxo alto Johnny Hodges, los dos líderes musicales del momento. No puedo dejar de mencionar a Lennie Tristano, que me abrió muchas puertas, pero su influencia fue posterior a los que ya le mencioné.
-¿Considera que en la actualidad hay algún músico con don especial?
-Sí, sí. Sin lugar a duda, Brad Mehldau (con quien grabó un disco en vivo, con Charlie Haden en contrabajo) es un músico dotado, y no sólo es un gran pianista, sino que además escribe. Otro muy bueno es el tenor Mark Turner. Y éstos son sólo un par de ejemplos, porque en la actualidad es muy común encontrarse con muy buenos músicos y creo que se debe a que el sistema educativo actual es mejor, es mucho mejor que cuando yo y los de mi generación comenzábamos. Nuestra única escuela era la radio y asistir a los lugares donde se tocaba. Hoy hay conservatorios, carreras terciarias y universitarias, un montón de literatura... Está todo muy avanzado y bien desarrollado.
-¿Cómo eran los tiempos en los que participaba en los grupos de Lennie Tristano?
-Se trataba de una música muy personal y difícil. A la gente le interesaba mucho lo que hacíamos, pero teníamos un problema: no podíamos llevar lo que hacíamos muy lejos porque Lennie era ciego y en esos tiempos era difícil viajar si contabas con esa incapacidad. Pero no viajar le dio una satisfacción. Lennie era muy buen profesor, y no poder movilizarse nos dio una gran oportunidad, pues le permitió enseñar.
-¿Recuerda los tiempos en que se grabó "Birth of the Cool" con Davis? ¿Cómo fue trabajar en ese disco?
-Sí, por supuesto. Trabajar en ese proyecto... fue una situación muy especial y con músicos especiales. En realidad se trató de un grupo de escritores, ya que los temas que allí se escuchan fueron arreglados por Gil Evans, Johnny Carisi, Miles Davis, John Lewis, entre otros. Me encontré en una linda situación, aunque en ese momento yo ya estaba un poco más interesado por la improvisación. ¿Sabía que el 28 de marzo hice ese trabajo en Palermo (Italia)? Es sorprendente, cuando me lo propusieron recordé a mis compañeros de entonces. En la actualidad uno de ellos está internado, otro toca en un grupo y el resto está en el cielo. ¡Y pensar que el año pasado tuve dos ataques al corazón!
-A pesar de ello tiene una agenda muy apretada
-Sí (ríe con picardía). En la Argentina, por ejemplo, en diez días tengo seis conciertos. Pero le digo que si no puedo hacer esto, que es lo que más me gusta, estaría en cama... Es esto lo que me mantiene con vida.
-Su trayectoria le permite hablar de cómo sentía el jazz décadas atrás y cómo lo encuentra hoy.
-El jazz es desafiante y siempre lo fue. Por momentos fue y es técnico, en otros complicado y luego simple. Después vuelve a ser complicado, y así evoluciona. En los tiempos de Louis Armstrong, Charlie Parker y Coltrane era complicado, y debo decir que actualmente también lo es. Y, a pesar de todo, la música siempre sigue desarrollándose.
-¿Qué material presentará en la Argentina?
-Bueno, básicamente lo que voy a presentar es material propio, no el sacado del libro americano Real Book (ríe). ¿Sabe? Estoy contento de ir para allá, porque nunca estuve. Sí anduve por San Pablo, Río y otro lugar que no recuerdo. ¿Río es en Brasil, no?
Y aquí vino su pregunta: "Allí debe haber buenos músicos, ¿no? Esa zona es muy rítmica, ¿o me equivoco?"
Nuestra respuesta afirmativa lo tranquiliza, y entonces agrega: "Parte de este oficio es recorrer el mundo sin conocerlo realmente. Con suerte tenés tiempo de mirar algunas vidrieras y de conocer algún músico local, pero no mucho más que eso".
Konitz representa una de las historias más serias del jazz, la de ese afán exploratorio que encontró en la libertad del género un modo de vida.
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