
Azul y Golden
1 minuto de lectura'
El rocker fashion convirtió la cancha de Boca en un espacio de histeria, electricidad y cultura vip
Buena parte de la expectativa estaba puesta en su ombligo. Pero, sorry: sólo pudieron divisarlo las doscientas personas –entre ellas, Nicole Neumann y Luciana Salazar– ubicadas en la zona que costaba 500 pesos para "batir sus alhajas" (ya lo dijo Lennon) en las primeras cuatro filas Platinium de ese campo vip que tuvo la cancha de Boca. Los 30 mil que estábamos kilómetros más atrás, nos quedamos con ganas de ver si esa bolita de carne en su centro de gravedad era natural o, quizá, se había operado el pupo para que no le entrara pelusa, como aventuró en el backstage una fanática veterana…
Un parámetro (ejem, no musical, claro) fue mi chica. Ella, que acostumbra dormirse en muchos de los recitales a los que me acompaña, no paró de ronronear y flexionar las rodillas sacudiendo su atributo letal (gracias, Lenny…). Y eso que si me daban tickets para una fila más atrás ¡nos caíamos del estadio! Es obvio y natural: él sabe usar sus atributos en escena hasta convertirse en una suerte de héroe del Golden, guitarra en mano.
En fin… De cualquier modo, él es la estrella. El y su música, versión mod y prolija del soul marginal que copó la Motown a finales de los 70 y comienzos de los 80. Eso fue lo que trajo en su primera visita a la Argentina: sonido agridulce, casi siempre veloz, fuerte, jadeante. Sobre una banda precisa (con Todd, el saxo tenor, por encima del resto) y un sonido excelente (grata sorpresa de La Bombonera, en serio), Lenny modeló su presencia entre el falsete emo y sus movimientos bruscos. Su primera demostración fue, apenas, a los 40 segundos del primer tema ("Ministry…"): frenó en seco sus sacudidas y la melodía. Primer gesto grandilocuente: Kravitz con las manos arriba, onda gospel, transforma ese silencio magnético en histeria chirriante.
Azul y Golden
"Esto no es un show, es una celebración", anunció, como en todas las paradas, cuando terminaba la performance ("Are You Gonna Go My Way", última de veintidós canciones, exactamente dos horas), con una
strato
"azul y oro" colgada del cuello. ¿No lo sabíamos? Claro que sí, era tan obvio como lo que pasó dentro y fuera del estadio. En definitiva, un show fuera de lo común, basado en una buena interpretación de un rock común.
Digámoslo: ¿Recital de rock o evento de clase? El primer megarrecital tras el incendio de Cromañón llenó de policías la República de La Boca (como nunca desde el homenaje a Maradona); aparecieron los xenofóbicos (léase: fóbicos a los xeneizes ) y agitó el Goy, de Karamelo Santo, desde un balcón de conventillo: "Nunca hubo tanto olor a crema de enjuague en La Boca". Abajo: escotes, tacos, perfume. Y la famosa historia del "morci-pan" convertido por el marketing callejero y por esa única noche, en "Lenny-pancho".





