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Se armaban sus propias guitarras, clavaban lápices en los conos de los parlantes, destrozaban instrumentos y tímpanos... todo en busca de nuevas maneras de hacer gritar, llorar, susurrar, chillar y gemir a la guitarra. Y cuando con eso no alcanzaba, subían el volumen. Son los 100 mejores, y acá está el sonido y la historia de cada uno de ellos.




