
Los autores del cine local, en su laberinto
Salvo Szifron, los grandes nombres no encuentran un espacio
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La foto de 2014 se la lleva Relatos salvajes y sus históricos 3.400.000 espectadores. En el otro extremo aparecen películas hechas a pulmón, con presupuesto mínimo y sin subsidios estatales, como la notable Mauro, de Hernán Rosselli, que se mantuvieron durante meses con gran éxito en salas alternativas, como el Malba.
Pero el año que está por terminar deja también síntomas preocupantes. Entre los millones del largometraje de Damián Szifron y los films artesanales que pueden subsistir con un puñado de funciones en el Gaumont aparecen varios directores consagrados y favoritos de los principales festivales internacionales que hacen cine industrial (léase rodajes con importantes equipos profesionales y aportes a sindicatos), pero que luego encuentran muchas dificultades no sólo para acceder a las salas, sino también para mantenerse más allá de su primera semana de exhibición. Lisandro Alonso (Jauja) y Diego Lerman (Refugiado), ambos seleccionados para Cannes; Martín Rejtman (Dos disparos), que compitió en Locarno, y Celina Murga (La tercera orilla), que participó en la sección oficial de Berlín, son algunos ejemplos de este cine intermedio, que está en zona de riesgo también por las crecientes dificultades para armar coproducciones con la alicaída Europa.
Si bien es cierto que algunos otros referentes del denominado Nuevo Cine Argentino que despuntó durante los años 90, como Pablo Trapero y Daniel Burman, se volcaron hacia una producción más comercial (no por eso menos estimulante) apelando en varios casos a estrellas como Ricardo Darín, Guillermo Francella o Antonio Gasalla, la mayoría de los directores de aquel movimiento hoy enfrenta una profunda crisis en sus modelos de producción.
Ante semejante estado de las cosas, LA NACION convocó a varios protagonistas del cine de este año para que analizaran el panorama y pensaran posibles soluciones.
l Diego Lerman (su film Refugiado sumó 30.000 espectadores en 75 salas): "La exhibición es el gran desafío pendiente para el cine argentino. Una alternativa es un circuito de buenas salas en todo el país que dependa del Incaa y que funcione como lo hace la sala Gaumont. Otra posibilidad es que el propio Incaa maneje la programación de una o dos pantallas de los complejos multisalas. Por otra parte, hay que articular políticas más activas para llevar al cine y formar a estudiantes, a jubilados y a personas de clases sociales que no suelen acceder a los cines. El Incaa debería ayudar a los cineclubes en diferentes ciudades con programaciones de calidad, al estilo de la Cinetecta de México, y apelar a políticas de protección a la exhibición de películas nacionales como en el exitoso modelo coreano."
l Lisandro Alonso (Jauja fue vista por 8000 personas en 16 pantallas): "Las posibilidades de sostener películas como las mías con las condiciones actuales de distribución y exhibición son mínimas. Siempre lo tuve en claro. Todavía no existen alternativas reales para escapar de este pozo negro, como contar con buenas salas con proyección 2K y sonido 5.1 en cada provincia y así desmarcarse de los circuitos tradicionales. Otro gran avance sería que el Incaa creara una suerte de Cinemateca Nacional y el público pudiera contar con un carnet de abono mensual o anual con acceso a otras salas como la Lugones, el Malba, el Cosmos, los Arte Multiplex y el Bama."
l Juan Villegas (coguionista y productor de La tercera orilla, que sumó 10.000 localidades en 17 cines; regresará en 2015 a la dirección con Villa Gesell): ""Cada vez va a ser más difícil filmar de la manera en que se lo hizo hasta ahora, pero no creo que haya que vivir esta situación desde el lamento o la queja. El cine es desde siempre una actividad muy dinámica. Cada película, cada época, trae problemas de producción distintos y pide soluciones distintas. El hecho de que los autores surgidos con el Nuevo Cine Argentino ya no puedan hacer este tipo de films podemos vivirlo como una pérdida o con nostalgia prematura, pero también como una posibilidad de algo nuevo y bueno. Hay que asumir que se puede rodar más barato sin resignar calidad y aun estando dentro de los parámetros legales que fija el Estado a través del Incaa y los sindicatos. Pero eso requiere un mayor compromiso de todas las partes que están involucradas en las películas, y mucha creatividad de parte de los productores. Es un buen momento para pensar todo de nuevo y reinventar el cine independiente de autor en la Argentina. Esto que podría parecer algo para preocuparse, lo siento como un momento de gran libertad. Hay que filmar como si por un momento olvidáramos que ya hicimos varias películas y las próximas fueran nuestras óperas primas".
l Martín Rejtman (Dos disparos vendió 5000 entradas con 5 copias): "El engranaje industrial te genera un estrés inevitable. Antes solía trabajar con un grupo de amigos, con una mística compartida, era un poco la película de todos. Ahora el trabajo es más profesional, más frío, se cuida el tiempo, se controla todo con los sindicatos. Pero está bien que sea así. Yo ya no puedo hacer más películas como antes, ya no puedo pedir favores. Con respecto al público, ya no espero demasiado. Es cada vez más limitado en salas y en festivales, aunque tengo la sensación de que se va ampliando con el tiempo, cuando las películas se empiezan a consumir en otros soportes, con otros tiempos mucho más relajados".
l Rodrigo Moreno (este año presentó Reimon en festivales): "Esta crisis puede ser una gran oportunidad para que aquellos que pretenden seguir haciendo un cine que evidentemente ya no tiene lugar en el mundo. La pregunta es: «¿Qué se pierde?» Yo respondería: «Muy poco». Esta situación replica la del cine de qualité francés de fines de los 50. Se pierde un cine vetusto, sobredimensionado, sobrepresupuestado, acaso malintencionado. El Nuevo Cine Argentino se mantuvo a fuerza de hacerse más profesional, más caro por ende y esa actitud decretó su propia muerte. Es tiempo de repensar las formas de producir y de exhibir. Y eso está bueno".



