
Los inventores hacen escuela
Para que chicos de 6 a 16 años desarrollen su creatividad
1 minuto de lectura'
Los inventores celebraron anteayer su día. Y si de inventos se trata, nuestro país ocupa un sitio preferencial entre los émulos de Pardal, aquel de la historieta al que se le encendía la lamparita. En boca de los argentinos, muchas de esas invenciones son ya hasta motivo de fanfarronería. ¿Quién no se floreó hablando del dulce de leche, el colectivo y el alambre de púas? Y ni que hablar de la primera transfusión con sangre almacenada, el helicóptero, los dibujos animados, el amortiguador neumático, el bolígrafo y las jeringas descartables.
Sin embargo, pocos saben que hay en la Argentina una Escuela de Inventores, única en Iberoamérica, donde se impulsa a los chicos a desarrollar su imaginación sin ataduras. "Les brindamos un espacio para crecer, permitirles pensar y equivocarse sin descalificarlos", sostiene Mariana Biro, presidente de la Fundación Biro y directora de la Escuela del Sol, donde funciona la Escuela de Inventores a cargo de Eduardo Fernández.
Además, allí también tiene su sede la Asociación Argentina de Inventores, que agrupa a inventores profesionales.
Los chicos concurren al edificio de avenida Jorge Newbery y Ciudad de la Paz, en Belgrano, los sábados de 10 a12. "Encuentran un espacio para dibujar lo que piensan y donde les enseñamos a utilizar distintas herramientas. Al principio creen que una idea es un invento y por eso les explicamos que deben pasar por lo menos seis años para que lo sea", cuenta la hija de Ladislao Biro, el inventor de la célebre birome. El requisito para los alumnos es que tengan entre 6 y 16 años, "y la curiosidad y las ganas de desarmar y usar los pedacitos que quedaron al armar algo nuevo".
-¿Cuál es el reflejo natural de los chicos?
-El de desarmar un dispositivo y ver qué tiene adentro, jugar. Así funciona la mayoría. Hacen preguntas, repiensan, inventan. Es algo normal en todos. Acá no hay genios ni superdotados. El chico creativo, libre de condicionamientos y al que se le permite pensar y expresarse hace un trabajo muy rico. Y si a eso le agregamos un ordenamiento de trabajo, adquiere autodisciplina para darse cuenta de qué es lo que le conviene hacer. Y, además, les permitimos probar también.
-¿Qué es lo que más les gusta?
-Poder manipular, cortar, pegar, hacer preguntas, en un espacio donde el tiempo es todo para ellos.
Cada sábado tienen entre 20 y 25 chicos; ya han pasado unos 200 en los últimos años. La escuela está abierta de marzo a diciembre, pero no funciona con un período convencional: los aprendices de inventores pueden comenzar y dejar cuando quieran. Además, las clases son flexibles y no están separadas por sexo ni edad. Todos colaboran, interactúan y la participación es la clave. "Siempre está presente lo lúdico y la consigna de divertirse y no perder la alegría", concluye Fernández.
Los resultados son sorprendentes. Un chico de siete años, por ejemplo, inventó un dispositivo para sostener los pequeños micrófonos que veía usar a los conductores en televisión, con un imán sobre un botón de la camisa. A otra compañera se le ocurrió adherir dos tiras fluorescentes a sus pantuflas para poder encontrarlas en su cuarto sin encender la luz.
Los profesionales
Hugo Olivera es uno de los tantos que llegaron a la Asociación con su invento, sin saber qué hacer o cómo seguir después de haber golpeado muchas puertas. "Me enteré de la AAI y lo único que tenía era un prototipo funcional de un descorchador de bebida espumante. Aquí me asesoraron sobre el paso a paso para transformarme en un inventor profesional y cómo conseguir inversores para desarrollarlo, patentarlo, hacer una protección legal y todo lo demás. Hoy, mi producto está instalado en el mercado interno y externo."
En homenaje a Biro
- Ladislao Biro era curioso. Quería saber cómo funcionaban las cosas, sobre todo aquellas no tangibles y existentes. "¡No tengan miedo!", repetía. "Hay que prepararse y decidir, ver e interactuar", insistía. "No hay fracasos, sino inconvenientes que se deben superar. Son estímulos para que uno vuelva a probar. Sin esas dos cosas no hay inventor."
No tenía miedo de hacer el ridículo. "Cuántas veces le dijeron que estaba loco porque quería escribir con una bolilla", recuerda su hija. Lo logró y ganó muchos premios con la birome. Hoy, en el mundo, se fabrican más de cinco mil millones de unidades por año. Hace más de 70 que la inventó y sigue vigente. Había nacido en 1899, en Budapest, Hungría. Llegó a la Argentina en 1940 y adoptó la ciudadanía. Fue además, pintor, escultor, periodista e investigador y por todo eso el 29 de septiembre, fecha de su nacimiento, fue instituido como el Día del Inventor.





