
Los miserables de Onetti
"El astillero" (Argentina/2000). Presentada por Distribution Company. Guión: Ricardo Piglia y David Lipszyc, basado en la novela de Juan Carlos Onetti. Fotografía: Guillermo Behnisch. Escenografía y vestuario: Pepe Uría. Intérpretes: Ricardo Bartis, Mía Maestro, Ingrid Pelicori, Cristina Banegas, Norman Briski y Ulises Dumont. Dirección: David Lipszyc. Duración: 88 minutos. Sólo apta para mayores de 16 años. Nuestra opinión: Regular .
1 minuto de lectura'
Llevar a la pantalla la obra literaria del uruguayo Juan Carlos Onetti es una tarea nada fácil, que obliga a sus responsables a comprometerse con esas historias en las cuales los hechos exteriores son apenas visibles señales de motivaciones oscuras y hondas, de soledades, ternuras y cinismos recorridos siempre por las cuerdas de la frustración.
En "El astillero", escrito en 1961, Onetti reitera su temática basada en el realismo descriptivo, en la visión objetivista y en ese cierto fatalismo que caracteriza a toda su obra.
Partidas falsas
En ese escenario abandonado, inserto en un melancólico pueblo de la costa rioplatense de mediados de la década del 50 donde se herrumbran hierros y vidas transitan Larsen, un empecinado rufián dispuesto a cumplir una antigua venganza; Petrus, el poderoso del pueblo, su hija Angélica Inés, que cabalga entre la razón y la locura, y otras criaturas de conflictivas personalidades y secretos anhelos.
El tiempo narrativo de la novela, en sus innumerables retornos sobre sí mismo, en las múltiples partidas falsas, paréntesis y regresos al punto de partida para salir hacia otro lado y en otra época obliga, en su lectura, a forjarse un clima entre fantasmal y realista. Y precisamente esa atmósfera es la que no logra la adaptación de Ricardo Piglia y David Lipszyc, que queda sólo como un fallido intento por acercarse a la literatura onettiana.
Apostar a la dificultad
En su tercer largometraje, Lipszyc, cuya película anterior, "La Rosales", data de 1984, se arriesgó ahora a acercarse a Onetti y, de la mano de Piglia, elaboró un guión sin consistencia dramática, por momentos confuso y siempre poco creíble.
Vale apuntar -y reiterar- que la fauna humana y la temática de Onetti no resisten su paso a las imágenes. El escritor uruguayo, una de las figuras más representativas de la narrativa hispanoamericana contemporánea, convoca desde la palabra a su desesperado aunque irónico y lúcido humanismo.
En contadísimas ocasiones el cine puede abrevar sin traiciones estos elementos literarios. Y esta no es, precisamente, una de esas oportunidades.
Lipszyc jugó al intento y no salió airoso de su propósito. Y así "El astillero" queda como un relato desarticulado de la imaginación de Onetti y de sus fieles lectores.
Actores indecisos
En cuanto al elenco, también estuvo muy alejado del clima de la novela. Ricardo Bartis, un excelente actor de teatro, no llega a convencer cuando debe integrar algún reparto fílmico, y aquí aporta un rostro sombrío y gestos gratuitos que procuran dar forma al vengativo protagonista.
Mía Maestro, Ingrid Pelicori, Cristina Banegas, Norman Briski y Ulises Dumont son actores que merecen respeto, pero aquí se los ve indecisos y apartados de una novela que, como "El astillero", merecía una mejor suerte en su traslación a la pantalla grande.
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