Fuimos a buscar a la princesa del teen pop y nosencontramos con una mujer con ¡ay! piercings hasta en la entrepierna. aquí, la Aguilera al desnudo.
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Fue una vez, hacia fines de 2001, en Miami, muy entrada la noche, cuando Christina Aguilera descubrió que destrozar cosas era terapéutico. Hacía poco que había cortado con su novio, Jorge Santos uno de los bailarines de su espectáculo y su primer amor en serio, y no estaba para nada contenta. Había sacado su furia y su pena de paseo a un boliche y, una vez allí, no sabía bien qué hacer con ellas. "Me pasaba algo raro en la cabeza", dice, haciendo memoria. "Estaba muy rara; de eso estoy segura. Me sentía como dando vueltas, loca, viviendo las cosas por primera vez." Un amigo que se dio cuenta de su problema la llevó a uno de los cuartos traseros del boliche, donde le acercó una copa de champaña.
–Rompéla –le ordenó.
–¿Qué? –preguntó ella.
–Tirála –le indicó él, agarrando una copa y arrojándola a la pared a modo de demostración.
Entonces ella lo imitó. Y, en el instante en que la copa se hizo añicos, sintió un alivio interno.
–Era la primera vez que rompía algo –confiesa–, y me hizo muy bien.
Esa noche destrozaron unas doce cajas de copas. Después, Christina se sintió "de puta madre".
Desde entonces, su ira amainó poco y nada y su espíritu está lo bastante conflictuado como para que le anden rondando muchos otros sentimientos (angustia, paranoia, inseguridad, una extrema necesidad de ser aceptada) sin los cuales la vida es más sencilla. Pero quizá Christina
esté aprendiendo a lidiar con todo ese paquete.
La grabación de su nuevo disco, Stripped, no fue un proceso simple y cada tanto aparecieron momentos difíciles. Un día se dio cuenta de que se crispaba cada vez más y no podía tranquilizarse. Había aprendido diversas maneras de calmar el estrés en el estudio: lanzar saquitos de té a la pared, o hacer de cuenta que era una actriz de películas de terror que enloquecía. La compositora Linda Perry (ex Four Non Blondes), quien colaboró en cuatro temas de Stripped, le aconsejó que sencillamente gritara con todas sus fuerzas. Pero a veces ninguna de estas soluciones alcanzaba.
Entonces descubrió otra. Le pidió a un cadete que fuese de compras y le trajera montones de copas y de platos. Ella se encargaría del resto.
Hoy hay una reunion en los angeles, en las oficinas del piso 20 que ocupa Irving Azoff, el manager de Christina. Se elegirán las fotos que acompañarán el nuevo cd. Ella llega tarde… bueno, por lo que veo, ella siempre llega tarde. Cuando la consulto al respecto, se sorprende por la pregunta, se ríe y finalmente dice: "Es probable que esa sea mi peor característica".
Así que aparece una hora y media después. En las fotos que están en consideración para la tapa de Stripped se la ve desnuda de la cintura hacia arriba; las extensiones capilares apenas le tapan los pechos como para mantenerse dentro de los límites de la decencia. Christina las examina. Pone la mano sobre una foto, cubriéndose la cara; con la otra mano se tapa de la cintura hacia abajo. "En esta me salió bien la panza", opina. "Con muchas curvas."
La diseñadora, Jeri, objeta un primer plano que a la cantante le gusta.
–Te hace la cabeza muy chica –argumenta.
–Pero me gusta la expresión que tengo –discrepa Christina–. Me da un aire de atormentada, como si estuviera pensando en algo.
Luego rechaza un retrato que elige Jeri:
–Es que no parezco yo –dice–. Parezco una cantante de ópera o no sé qué.
–Es muy lindo –dice Jeri serenamente.
–Sí –dice Christina–. No me gusta que sea lindo. Me cago en lo lindo.
Como la mayoria de los lectores se habrá dado cuenta, aquella Christina Aguilera que apareció en 1999 cantando "Genie in a Bottle", que era presentada como la flamante cantorcita de pop adolescente de ojos brillantes y pelo rubio que coqueteaba con inocencia, que se portaba como corresponde y que era púdica y dudosamente seductora, ya no existe más.
El día en que hablamos por primera vez, dice que está "con ropa informal": lleva un pañuelo en la cabeza que le cubre parte del pelo y una gorra de béisbol; tiene puestos una remera de pijama que dice te agarre y unos pantalones largos con la parte delantera bastante abierta; se le ve una buena porción de una bombacha que tiene impresa la palabra chiquitos. ("No es precisamente una tanga", me aclara. "Es un calzoncillo. Lo que pasa es que me queda cómodo.") En el brazo izquierdo, apenas arriba del codo, tiene un brazalete que dice "69".
–No me pongo polleras de flores que me lleguen hasta los talones, ¿sabés? –aclara–. Así soy yo, supongo.
El año pasado su elección de vestuario se destacó más de una vez. En agosto, por ejemplo, la columnista Liz Smith declaró que tanto Christina como Britney Spears habían asistido a la entrega de los mtv Video Music Awards "vestidas de prostitutas".
–Sí. Algo de todo eso oí –dice ella–. ¿Qué importa cómo nos vestimos para la maldita entrega de premios? Eran los Video Music Awards. Yo estaba contenta con mi vestuario, y me lo volvería a poner. Estaba ahí arriba haciendo lo mío, y estaba cómoda. Es ropa, nada más. Si estuviera vestida así en un callejón, a medianoche, aceptaría que es un poco prostibulario, sí. ¡Pero estaba en un maldito programa de entrega de premios! ¡Soy intérprete! Estoy actuando. No salgo así de noche, para nada. Sólo en esa oportunidades me visto así. Como una puta.
Le pregunto qué piensa cuando le tiran mierda de ese modo.
–Me gusta ser distinta. Nunca seguí a la manada y no voy a cambiar ahora porque en no sé qué revista haya salido escrachada como... ¿Qué era..? Como una de las famosas con pelo de zorrino.
Se mata de risa.
–Ah –agrega–. Pero yo era el "zorrino más original" de todos.
Christina va al estudio de grabación en un suv que conduce Allison Azoff, su asistente y la hija de su manager. En los estudios Enterprise se encuentra con Scott Storch, que es coautor y coproductor de gran parte de Stripped. Por más que él masculle "nadie sabe quién soy", se lo conoce como un colaborador clave de algunos de los mejores discos de Dr. Dre.
Christina ha venido para escuchar la que con suerte será la mezcla definitiva de "Keep On Singin’ My Song", la balada que cierra el disco. Storch pone la nueva mezcla. "Ultimamente siento que nada me sale bien...", canta, triste, desde los parlantes del estudio, la voz de Christina. A mitad de la canción, cuando entra la batería, ella niega con la cabeza.
–Antes tenía esa energía que era como apagada –dice del tema–. Era más Stevie Wonder. Ahora va demasiado al ritmo. –Desmenuza los detalles uno por uno y explica lo que le parece que falta–: Quiero que esa nota nítida quede bien desgastada... Que tenga esa reverberancia mágica... No suena sentida, suena plástica... Perdió un poco esa magia despojada que tenía...
Storch expone con calma sus puntos de vista. En muchos casos trata de demostrar que lo que ella cree que cambió está exactamente igual que antes, y defiende una de las modificaciones alegando que esa parte del original era un error. Pero ella lo interrumpe.
–Bueno, era un buen error –dice ella–. Scott, creo que hiciste un buen trabajo. De veras lo creo. Esta canción significa mucho para mí.
–Suena mucho mejor –dice él.
–Sí, pero vos no estabas enamorado de esta canción como yo lo estaba –insiste ella. Se empieza a irritar.– ¡La puta madre! Me revienta la gente que es así: te enojaste porque no me gusta lo que hiciste. Lo único que quiero es estar segura de que la canción no está sobreproducida. Antes sonaba como si la hubiéramos hecho vos y yo en una sala; ahora suena como si me hubieras dado la pista para que yo cantara encima.
Storch se pone cada vez más incómodo y, por fin, termina por irse de la sala.
–Me siento de veras mal –le confía Chris- tina a Allison– y no quiero que Scott se ponga mal, pero ese tema tenía una especie de imperfección que, para mí, de veras funcionaba. Es como que lo vovió perfecto al estilo de Diane Warren en vez de una mierda emotiva.
Después de un rato, Christina dice:
–¿Vamos a hablar con él?
Lo encuentra en el pasillo, se le acerca y lo abraza. Vuelven al estudio, abren botellas de cerveza Corona y las entrechocan.
–¿Querés hacer un brindis? –pregunta él.
–¿Por qué? –dice ella sonriendo–. ¿Por que no haya productores con trompa?
Más tarde va a las pruebas de bailarines para su último video, el del single "Dirrty" (y llega tarde). En una sala grande y monótona del Complejo de Baile Millennium, unos cien bailarines esperan que les llegue su oportunidad. Ella se queja todo el tiempo de que no bailan de una forma sucia y esforzada como ella quiere, y de que las chicas hacen movimientos demasiado femeninos. "Es cuestión de mugre", explica. "Este es el video de la mugre."
Mientras se alinea el cuarto grupo de varones, Aguilera se inclina y le hace un gesto discreto a uno de los bailarines, que al mismo tiempo la mira de reojo.
–Ese es mi ex novio –aclara.
¿Lo hacés venir a probarse?, balbuceo.
Sonríe.
–Más vale.
Después de dos tandas de pruebas, el muchacho sigue preseleccionado. (Al final es elegido para el video.) En el auto, Christina y Allison hablan de lo que acaban de ver.
–Algunos de esos chichos están bárbaros –dice la cantante.
–Me pareció que esa chica blanca improvisaba bien –agrega Allison.
–Sí –concuerda Christina–. Supongo que tenemos que poner a alguien que sea blanco, ¿no?
jorge santos y christina aguilera empezaron siendo amigos, y ya hacía varios meses que él bailaba con ella cuando se pusieron de novios.
Le pregunto si fue literalmente su primer amor.
–Sí. Antes me encantaba oír historias de amor, pero yo estaba muy concentrada en mi carrera, y me parecía cosa de... chicas sensibleras, vulnerables. Pero al final, cuando me aflojé un poquito, era lo más hermoso del mundo querer hacer cosas por otra persona. Con él tuve mi verdadera primera experiencia sexual. El fue mi primer... todo.
Le digo que debe de haber sido raro que su primer amor fuera un empleado suyo.
–Sí. Fue más raro para él, porque él era muy independiente, puertorriqueño, cabezadura, del tipo yo-lo-hago-todo. Así que le resultó difícil que la novia le pagara todo. Y era mi casa, mi cocinero, cosas así.
Cuando Christina terminó la gira, se mudaron los dos a su casa de Los Angeles. A ella le encantaba que hubiera alguien esperándola. Pero la relación no duró mucho. Me habla de una de las canciones del álbum que tienen que ver con él, "Underappreciated" [Subestimada]:
–Se trata de una chica que tiene pareja desde hace unos años, y la novedad ya pasó, y él no saca los ojos del televisor, y ya no se quedan despiertos en la cama hablando de sus sueños y eso. Creo que a veces me sentí un poco subestimada, porque di mucho, en especial para que él se sintiera bien.
Después de eso tuvo una sola relación larga, de unos ocho meses.
–Fue una bomba desde el primer minuto –resume suspirando–. El se llama Boludo. No, es un chiste –dice, pero, por el tono, parece no estar bromeando–. Al principio era muy informal, pero terminó siendo una relación en la que traté de dar lo mejor de mí. Aunque, muy en el fondo, fue la primera vez que percibí que me estaban cagando. Pero lo quería tanto que hice mucha fuerza para que funcionara. Creo que estoy muy enojada conmigo misma por haber soportado la situación tanto tiempo. Me sentí no querida, abusada... no físicamente, como lo que vivió mi mamá, no, sino abusada de otra manera, y estoy molesta conmigo por haberme puesto en ese lugar. Fue la primera vez que lidié con un tipo así. Después me enteré que andaba con otras y no ponía tanto como yo en nuestra relación. Eso me mostró la verdadera ruindad, lo perro que un tipo puede ser.
Poco después de esta mala experiencia, a la que se sumó una pelea con dos amistades, Christina sufrió lo que define como un colapso. Su familia viajó a Los Angeles para cuidarla hasta que se recuperara. "Fue un momento feísimo", asegura. "Cualquier cosa me ponía loca... Y casi quería... digamos... lastimarme. Y fue la primera vez que tuve pensamientos de ese tipo. Estoy muy dolida y enojada."
Tres muestras mas de las pasiones de Christina Aguilera. La primera: hay un tema de Stripped, uno de los últimos que compuso, que se llama "Get Mine, Get Yours" [Consigo lo que quiero, conseguís lo que querés]. No está segura de que haya sido atinado incluirlo en el disco, porque es el único tema que, según ella, no tiene "un significado profundo". Habla de "el sexo casual... justamente lo que dice el título: lo hago, así consigo lo que quiero, y vos conseguís lo que querés. Podemos hacer esto, entretenernos y listo. Esa cosa tipo «Quiero tu cuerpo, no tu corazón»".
La segunda: En muchas canciones de Stripped hay letras alternativas, en broma. En realidad, Aguilera las grabó para divertirse. Me canta la singular estrofa que abre una pieza titulada "Cruz": "Flotando lentamente en un cuelgue suave/ fumo un poco de marihuana, él me besa el muslo". Y especifica con una risita: "Pero no fumo. Tomo muchísimo más de lo que fumo. Me refiero a... ¿Entendés?" Pone voz tonta: "El cannabis. No me gusta mucho la sensación de estar colgada". Y enseguida agrega por propia voluntad: "Pero da la casualidad de que a todos mis amigos sí. Así que no me molesta que fumen a mi lado, aunque por lo general no participo".
La tercera: Un día veo que está leyendo en [la edición norteamericana de] Rolling Stone sobre el pijama party de Jennifer Love Hewitt. "Si viniera a una de mis fiestas para quedarse a dormir, la haría morirse de miedo", se envalentona Aguilera. "¡Que se vaya a cagar! ¿Dónde está el tequila?" Se ríe. "Ella quiere estar con unos chicos blanquitos que a mí no me hacen gracia. Yo quiero estar con los chicos sabrosos."
Le pregunto si nunca sale con blancos.
–Si tienen onda y la tienen clara, sí. –Se ríe otra vez.– No los discrimino por el color. De hecho, hace poco salí con el primero. Le puse un poco de crema al café.
Otro dia, christina aguilera va de nuevo camino del estudio. escuchando "Fuck the Pain Away", de Peaches.
–¡Pedazo de loca! –grita al entrar en la sala de control. –¿Me extrañaste?
–Obvio –contesta Linda Perry.
Christina le pregunta por qué no fue a la grabación de su video, y Linda dice que estuvo ocupada.
–Sí, claro... No me querés –dice Christina.– Después le pide que le haga masajes–: Linda, por favor, por favor, por favor –implora.
–No, no voy a hacer eso –dice Perry.
–Vos hacés unos masajes buenísimos –ruega Christina. Le muestra el moretón.
–¡Ay, por Dios! –exclama Perry–. ¿Qué te pasó? ¿Qué habrás estado haciendo?
–Si hubieras visto la escena de la ducha... –dice Allison.
–¿Qué hacías? –pregunta Perry.
–Me curtía a una chica –contesta Aguilera.
–¿Te curtías a una chica? –repite Perry.
–A cinco chicas –corrige Aguilera.
–A mí no me invitaron a eso –dice Perry.
De repente se terminan las humoradas. Se ponen a escuchar una nueva mezcla de una canción llamada "I’m ok". Christina no abre la boca. En realidad, casi ni pestañea.
Achristina aguilera le gusta aclarar que su nuevo disco se llama Stripped [Desnuda] porque es ella, dice, "despojada de todo el aspaviento, el brillo, la controversia, los rumores". Dado que en la tapa está sin ropa y que sacó un single llamado "Dirrty" que contiene los versos "Necesito ese ahhh para acabar./ Transpiro hasta que se me sale la ropa", tal vez muchos tomen esta explicación con pinzas. Pero si hay un tema que la justifique, se trata de "I’m ok" [Estoy bien].
Cómo fue la infancia de Christina no es ningún secreto. Su madre, Shelly Kearns, se casó con Fausto Aguilera, un ecuatoriano que pertenecía al Ejército de los Estados Unidos. La relación era violenta, y Shelly se fue de la casa cuando su hija tenía 6 años. A Christina la crió su mamá (y, más adelante, también su padrastro). Si bien alguna vez mencionó que tiene una relación amistosa con su papá, también dejó entrever que esos primeros años la afectaron mucho.
Sin embargo, nada de esto nos prepara para las heridas en carne viva que muestra "I’m ok": "Me lastimaba ver el dolor que atravesaba la cara de mi mamá/ cada vez que el puño de mi papá la ponía en su lugar./ Oyendo los gritos, lloraba arriba, en mi habitación/ deseando que todo terminara pronto./ Los moretones desaparecen, papá/ pero el dolor sigue igual/ y todavía me acuerdo del miedo que me dabas...".
Y eso es antes de que termine el primer estribillo.
–Por eso creo que la música era tan importante para mí –dice–. Subía, ponía mis muñecos en hilera y hacía de cuenta que eran mi público para cantarles. Cerraba la puerta de mi habitación y me escapaba.
(Christina Aguilera contaba esta historia en las entrevistas que concedía en su etapa de pop adolescente. Lo que no mencionaba era por qué estaba arriba ni qué era lo que intentaba silenciar.)
–Es todo bien real –asegura respecto de la canción–. Las marcas del cuello: a mi mamá le quedaron marcas de guantes por todo el cuello después de una pelea. –El padre de Christina la apretó con un saco del ejército, dice. Esa fue la noche en que su mamá le anunció que se iban, aunque después volvieron varias veces.
Le pregunto por el verso "Cuando me tiraron contra la escalera". Me cuenta que fue cuando su padre estaba apostado en una base del Japón. "Creo que crucé la calle cuando no debía o algo por el estilo. Mi papá me agarró y me tiró contra la escalera, hacia arriba."
Luego le pregunto por la parte más desdichada de todas: "Las sombras se agitan de noche por una hendija de la puerta./ El eco de una nena rota que grita: «Por favor, basta»".
–Fue una época triste –dice–. Todavía la tengo presente. Creo que estoy muy enojada por eso, y entonces me pongo muy agresiva y me indigno con ciertas cosas.
Aunque todos los estribillos terminan con el título "Estoy bien", no se puede decir que el tema apoye ciento por ciento esa afirmación. "Muchas veces me pregunto por qué cargo con toda esta culpa/ si sos vos el que me ayudó a levantar todas estas paredes que construí", canta Christina.
–Sí –dice, como si pensara en voz alta–. En algunos casos me siento mal porque no puedo ser más abierta con la gente, porque no puedo sonreír todo el tiempo, porque me pasa algo. Pero en realidad es mi pasado y ciertas cosas que me hicieron vivir. Me prometí a mí misma que nunca más va a haber algo que me haga sentir desamparada otra vez. Que ningún tipo va a tener jamás ese poder ni esa influencia sobre mí.
El padre de Christina vive en Nueva York. "En este momento no tenemos mucha relación", dice. No le mandó la canción. "Estoy segura de que no le va a encantar, pero ojalá que la escuche, ya que está más bien dirigida a él, y en todo caso se va a sentir mal por lo que pasó. No es mi intención castigarlo. Para nada. En todo caso, hablo en nombre mío y de otras personas que quizás estén pasando por lo mismo. Ojalá que entienda dónde estoy parada y qué nos hizo y así logre ser un mejor hombre. O sea, no puedo remediar sus actos. Lo único que espero es que respete el hecho de que para mí esto es parte del proceso de cicatrización."
En el estudio, el ingeniero dave Pensado ajusta la reverberancia de una parte vocal de "I’m ok".
"El dolor sigue igual... igual... igual...", canta Christina.
Hoy Redman y Rockwilder están trabajando en los estudios Enterprise, y tanto uno como el otro pasan a saludar. Redman anda con un perro pit bull. "¿Cómo estás, hermosa?", pregunta. Hablan del video de "Dirrty", donde él aparece.
–Cuando le pegaste al muñeco de peluche... fue la mejor parte –dice Christina.
–Estuvo bueno, eso, eh –dice él.
Aparece Rockwilder.
–Te perdiste la escena de la ducha –dice Christina–. No puedo creer que te hayas ido justo antes. Das asco, Rock. –Se sonríe.– Es demasiado hot para mtv.
–Estabas bárbara en la pantalla –dice él.
–¿Qué querés decir? ¿Que en persona no estaba bien?
Cuando christina aguilera era chica, la abuela le dijo a la madre que las iba a echar de la casa si Christina se agujereaba las orejas. Todas sus compañeras de la escuela tenían aros, así que a ella le parecía injusto. Al fin se agujereó las orejas igual, pero es posible que aquellas negativas de su abuela le hayan metido en la cabeza la idea de que perforarse puede ser una rebelión personal y una celebración privada.
Cuando estaba de gira, después de sacar su primer disco, adoptó una rutina. "Si tenía un mal día", dice, "o si había algo que me desanimaba de verdad –problemas de chicos o lo que fuera–, quería hacerme otra perforación. Para mí, era sin duda una liberación. Algo que me hacía sentir un poco más fuerte o robustecida. Porque era algo que tenía que ver conmigo y con nadie más".
Lo primero que se perforó fue un pezón. (La mayoría de las veces, es imposible no notar el contorno de un arito en su pezón derecho.) También tiene una perforación en el labio inferior y otra en la narina izquierda, además de la que lleva entre las piernas. "Es que me parecía erótica en un lugar donde casi nadie se animaría a hacérsela", confiesa. "Te dicen cosas como: «Ah, te va a ayudar a llegar a cumbres sexuales» y qué sé yo, pero a mí simplemente me parece lindo. Me parece que acentúa muy bien las cosas."
El accesorio en cuestión está adornado con diamantes.
–Ni siquiera sé cuántos tiene –declara–. Porque va en un lugar especial. Es hermoso y caro, y me gusta muchísimo. Recibió un montón de elogios.
Levanto las cejas, apenas un poquito.
–¡De mi ginecóloga! –chilla–. ¡Ay, no! ¡No lo interpretes así! Me refiero a mi ginecóloga y mi depiladora.
También dice lo siguiente:
–De veras me gustan mis joyas. Las heridas de mis agujeritos extra.
Siempre que christina aguilera se recoge el pelo, se le ve el nombre xtina tatuado atrás, en el cuello. Es un sobrenombre un poco raro. "La gente decía que era casi como una doble personalidad", revela. "Escuché que algunos decían: «Mmm... tu aspecto tierno, infantil, más inocente es Christina, y tu aspecto más oscuro, misterioso, inquieto es Xtina»."
Cuando estás un tiempo con ella, se manifiestan claramente los dos aspectos. Las bromas que hace en el estudio, las líneas que intercambia con su hermana menor ("¿Qué hacés, Reina de la Gordura?", le escribe la hermana. "Una entrevista para Rolling Stone. ¿Y vos, Cara de Chancho?")... son, sin duda, Christina, y le queda mucho de Christina en su interior. De todas maneras, por el momento, me parece que a la que vamos a ver sobre todo es a Xtina. "Afloró Xtina", informa Aguilera. "Ahora está mostrando la hilacha."






