Los ojos de España
Considerado uno de los realizadores más importantes de los años ochenta, el director de "Belle Epoque" regresa hoy a la cartelera porteña con la elogiada "La niña de tus ojos".
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A los 44 años y con una carrera artística que supera ya las dos décadas, Fernando Trueba es una de las pocas garantías que ofrece la producción europea. Considerado, después de Pedro Almodóvar, como el director español más importante surgido desde comienzos de la década del 80, este cinéfilo tan lúcido como obsesivo estuvo en Buenos Aires para presentar "La niña de tus ojos".
Ambientada en la Alemania nazi de preguerra, esta producción que se rodó en Praga con un presupuesto de casi seis millones de dólares se centra en las desventuras de un equipo español (encabezado por Penélope Cruz, Antonio Resines, Jorge Sanz, Loles León, Rosa María Sardá y Antonio Segura) que es enviado por Francisco Franco para filmar en los estudios UFA versiones bilingües de clásicos folklóricos ibéricos.
Afable e inteligente, dueño de una inquietante y por momentos desconcertante mirada estrábica, el realizador de "El año de las luces", "El sueño del mono loco" y "Belle Epoque" dialogó con La Nación sobre su nuevo film, que se convirtió en el segundo más visto en la historia del cine español (después de "Torrente, el brazo tonto de la ley"), con más de tres millones de espectadores.
-¿Conocía la experiencia de los artistas españoles que fueron a filmar a la Alemania de Hitler?
-Sí, es un hecho conocido entre los cinéfilos, aunque poca la gente lo recordaba antes de mi película. Allí se filmaron, en los años 30, media docena de títulos bastante importantes.
-¿En qué quedó la polémica que mantuvo con Imperio Argentina?
-Lamentablemente, fue demasiado pública. A mí nunca se me ocurrió filmar la vida de Imperio Argentina. Había un guión, con personajes y situaciones de ficción, y lo único más o menos real era el contexto histórico. Lo único que tiene que ver con ella es que incluyo una canción que ella interpretó en "Carmen, la de Triana". Se pagaron los derechos a sus autores y no hubo ningún problema.
-¿Por qué eligió esa canción?
-Porque, como buen cinéfilo, yo conocía la versión alemana de esa película con Imperio. Y me pareció una excelente idea filmar a Penélope Cruz cantando en alemán unas coplas bien españolas. Era algo totalmente surrealista y divertido. Me preguntaron por qué no elegí "Ojos verdes" u otro clásico para luego grabarla en alemán, pero a mí desde siempre me gustó "Los piconeros".
-Si bien usted ya había trabajado películas corales, en "La niña de tus ojos" hay casi una veintena de protagonistas.
-Eso es lo que más miedo me daba. Me decía: "¡No hay una sola toma en la que haya dos personajes hablando entre ellos tranquilamente!" ( se ríe ). Pero no tenía opción: no hay nada más colectivo y menos íntimo que un rodaje. Si una noche dos personas se enamoran, a la mañana siguiente todos lo están comentando.
-Hay un gran trabajo para mostrar, a través de planos generales y planos-secuencia, el movimiento febril de técnicos y extras en el estudio. ¿Fue difícil reconstruir ese mundo?
-Era el gran desafío de la película. En los años 30 se hacía una película al lado de la otra. Yo quise mostrar ese caos creativo, intenté filmar, como se hacía entonces, en enormes sets. Si bien armar esos grandes decorados encarece mucho una película, para mí no había alternativa porque yo quería recuperar esa magia, ese cine que me impactó tanto.
-¿Le hubiese gustado filmar en la época de oro de los estudios?
-Claro. Para los que hacemos cine, esa época es como el paraíso perdido. Este es mi homenaje a los grandes maestros que hacían varias películas al año contratados por los grandes estudios. A mí me gusta el cine de los jóvenes, el Dogma 95, pero siento una enorme nostalgia de aquella gran fábrica.
-La película en sí parece un homenaje a Billy Wilder, a Ernst Lubitsch, a Preston Sturges.
-Así es. A mí me encanta leer las historias de aquellos tiempos, cuando en el comedor de un estudio se encontraban los directores con los guionistas, cuando Fitzgerald estaba en una mesa y se le acercaba Lubitsch para que lo ayudara con un diálogo o un final complicado.
-¿Esa mística se ha perdido?
-Yo trato que no, pero hay demasiado egocentrismo y competitividad. De todas formas, siete de mis doce mejores amigos son directores de cine y vivimos ayudándonos.
-¿Siente que el ser reconocido como un director cinéfilo se ha convertido en un estigma?
-Mientras busquen referencias en películas que son bonitas... Pero cuando estás haciendo una película no te valen todas las que has visto. A esta altura, ya te adelantas y dices: "Aquí van a encontrar una referencia, un guiño, un homenaje". Es evidente que "La niña de tus ojos", con su troupe de actores en la época nazi y todas esas escenas en los pasillos de hotel, tiene mucho de "Ser o no ser". Pero en el film de Lubitsch, que fue muy valiente para su época, los actores son rebeldes, mientras que en la mía son enviados de Franco, más allá de que algunos no sean franquistas.
-Usted presenta al personaje de Joseph Goebbels como un mujeriego. ¿No corrió el riesgo de banalizarlo demasiado?
-Yo conté una historia de 1938. Si hubiese sido en 1942 habría sido otra cosa. Además, estoy mostrando al Goebbels privado, íntimo: el de la alcoba, no el de la tribuna. Es una película anterior al Holocausto, a la Segunda Guerra Mundial.
-Pero la película muestra la represión a los judíos y gitanos.
-Sí, porque ya empezaba la persecución. Incluso aparece la "noche de los cristales rotos". Yo no puedo hacer trampa, simplemente he intentado, dentro de la comedia, hacer que ese Goebbels pueda dar miedo, que te repugne, no llevar la caricatura a un punto en que el personaje pierda el sentido de peligro.
-¿Cómo vivió el fenómeno de "La vida es bella" y "El tren de la vida", que también trabajan la comedia en el Holocausto?
-Es una coincidencia, pues yo tardé siete años en concretar este proyecto. "La vida es bella" no me gustó nada. En cambio, "El tren de la vida", sí. Soy muy amigo de Radu Mihaileanu, que fue mi ayudante en "El sueño del mono loco". Es un film que responde a su sensibilidad, a su sentido del humor y a su ternura.
-Penélope Cruz interpreta a una diva y usted la filma como a una estrella clásica: canta, baila, seduce. ¿Cómo trabajó con ella?
-La gente debía enamorarse de ella, vivir y sentir a través suyo, y la puesta en escena tenía que lograr eso. Hay momentos en los que logré ese objetivo, instantes en los que parece como si ella se saliera del plano. Siempre me gustó de pequeño ir al cine y enamorarme de la actriz, salir con la vista nublada y tardar un rato en volver a la realidad.
-¿Volvería a intentar una experiencia en los Estados Unidos como la de "Locos de amor"?
-En América sólo piensan en el dinero y yo nunca hice cine así. Sólo volvería a hacerlo con un control absoluto sobre el producto final. Invierto hasta tres años en cada película y no voy a dejar que un ejecutivo subnormal, al que ni siquiera le gusta el cine y sólo piensa en el marketing, la termine montando a su gusto.
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