
Los originales caminos de Manu Chao
El ex líder de Mano Negra, fiel a su propuesta alternativa, tocó en Mendoza; hoy lo hará en Rosario.
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MENDOZA.- Hay naturalezas que no pueden cambiarse y que se manifiestan con pequeños gestos, con miradas, con palabras. La naturaleza de Manu Chao es tan sencilla como la de sus canciones. Basta compartir con él algunos momentos de su vida en plena gira como para despejar cualquier duda. Porque esos son los momentos que alimentan su música, porque no "hace" música ni es un "profesional".
Manu Chao "vive" en música. Es decir, está con ella constantemente, a toda hora, en cualquier momento: ya sea en un micro, en la vereda o en un escenario. Allí se encuentra lo más significativo de su carrera, ya sea con Mano Negra o en el rumbo solista que inició con "Clandestino".
Incluso el nombre de su álbum tiene toda la carga de su filosofía de vida aplicada a cada instante con constantes brotes anarquistas.
Por eso, contra toda sospecha habitual de quienes andan cerca del calidoscópico mundillo del rock, en donde casi todos los actos públicos están rodeados de un hálito de sospecha, finalmente debe reconocerse que este personaje no nació ni se debe a los variados planes de promoción; el cantante se maneja sin demasiados cálculos, sin un orden preestablecido.
En auto, por la cordillera
Basta recordar que, por ejemplo, luego del concierto realizado en Santiago de Chile, todos los músicos vinieron a esta ciudad en avión salvo Chao, que prefirió quedarse y llevar su música a una cárcel y, de paso, cruzar la cordillera en auto, en un recorrido que se debía a pesar de que hace ya muchos años que recorre las carreteras de América latina, donde alimenta su música y su poética. Su vida, después de todo.
Y este acercamiento no es casual. Al igual que lo retratado en sus canciones, su actitud "clandestina" lo lleva a encontrarse con gente desconocida en un barrio marginal, y pasar la tarde en una guitarreada con tortas fritas, poniéndose al tanto de lo que pasa en esos barrios, cuáles son sus necesidades, cómo es su vida, para terminar con un recital siempre distinto, donde recrea sus canciones con una libertad sorprendente: nunca suenan igual, nunca se cantan igual... ninguna persona es igual.
Sobre el escenario pasa lo mismo. No hay melodía que se respete a rajatabla. La estructura de su música; lo demás muta a cada instante, alimentado por las historias y las músicas que recoge en cada pueblo. Entonces se entiende por qué no toca en Buenos Aires. Prefiere Mendoza porque "si venimos de Santiago, lo más lógico es tocar acá, ¿por qué tener que ir a Buenos Aires?", dice, aunque el Club Pacífico sea, por su acústica, el lugar "más complicado de la gira", aunque enseguida cambia el término por "peor".
Y la lógica continúa con la elección de Rosario como segunda estancia en nuestro país, porque "uno de nuestros músicos es de ahí, así que tenemos que ver a la familia".
Todo suena así de natural en Manu Chao. Y espontáneo. Es inútil esperar que "muestre la hilacha". No la tiene. Descubre gente nueva en todo momento. Cualquier ocasión es buena para internarse en nuevas historias. Y este sistema, del cual participan también los músicos, es el que se utiliza en esta travesía: "Próxima estación: Esperanza", que es además el nombre y la propuesta de su próximo álbum.
Otro ejemplo de su actitud anarquista: aquí, en Mendoza, muchos grupos de murga luchan por no desaparecer. Entonces, el jueves por la tarde, pocas horas antes del show, pudieron hablar con Chao en la prueba de sonido, quien les pidió un listado de veinte personas para que pudieran pasar con sus instrumentos. La invitación no sólo se hizo efectiva, sino que al finalizar el recital les pasó la posta desde el escenario para que "la fiesta siga ahí abajo".
Welcome to Tijuana
Las horas previas al concierto no tienen nada que ver con lo que dicta la imaginería popular, que muestra a una estrella aferrada a una botella de bourbon mientras echa humo.
Son poco más de las nueve de la noche y Manu Chao está sentado en el bar del hotel mirando televisión.
El hotel no es de alta categoría, pero se decidió por él cuando vio que el que habían reservado estaba en una zona demasiado céntrica, donde era más costoso encontrar vida nocturna extensa. Y lo dice así. No es para impresionar a nadie ni por mostrarse rebelde. Practicidad, simplemente.
Entonces hay que salir. Subirse al micro y, en menos de diez minutos, estar en el estadio. Pasadas las diez, todavía hay mucha gente afuera, pero los locales Karamelo Santo preparan el ambiente.
Y empieza el show. Manu Chao se para al frente del escenario. Saluda y agradece. Da la bienvenida y, extrañamente, se acerca a la valla para ver las caras de los pibes, en una actitud inusual. Nadie mira a los ojos desde el escenario. En la música de Manu Chao hay muchas claves. La básica es el ritmo. Esa derivación del reggae y del ska que, como en una tela, el cantante va trabajando con diversos materiales y en variadas combinaciones.
Ningún tema sale igual que el original. No es que sólo cambien los arreglos. Varían las melodías. Pero este tratamiento distinto no se da sólo sobre el escenario. Cuando Manu se aferra a la guitarra y, por ejemplo, toca en cuclillas en la vereda rodeado de integrantes de la Asociación Hijos, las versiones también son distintas. Si grabara cada uno de sus conciertos improvisados, tendría siempre un álbum distinto.
Y eso es lo que más se disfruta en el show. Los temas van y vienen, son recurrentes, como "Welcome to Tijuana", pero cambian los colores. Son colores del mismo pincel. Por eso el concierto tiene forma de recorrido donde se suman composiciones del tiempo de Mano Negra. Aquí, al pie de la cordillera, mostró su personalidad sobre el escenario pero, sobre todo, la mostró en la calle.
Más entradas
Debido a la abultada demanda de entradas para el show que Chao realizará esta noche en Rosario, la Municipalidad de la ciudad decidió cambiarlo de lugar. El francés actuará en el Anfiteatro Humberto De Nito -con mayor capacidad que el Centro de Expresiones donde estaba programado- y desde las 10 de la mañana se venderán entradas hasta agotar la capacidad.





