Los Piojos y un gol en el tercer arco
Recital de Los Piojos. Integrado por Andrés Ciro Martínez, en voz y armónica; Daniell "Piti" Fernández y Gustavo Kupinski, en guitarra; Daniel Micki, en bajo y Daniel Buira, en batería. En el estadio Obras. Muy bueno OOOO.
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Rock nacional
Un tercer arco. Nombre de su tercer disco, pero también una puesta en claro. ¿Un camino diferente para transitar el rock? No tanto, pero sí la posibilidad de abrir las mentes y, sobre todo, escuchar los corazones. Por eso al sonido stoniano que los cinco músicos deben haber curtido en su Palomar se agrega el candombe, el tango, el reggae. Y la suma da un producto interesante. Los Piojos vienen trabajando hace ocho años en su coctelera, y el resultado está a la vista. El proyecto fue hacer un mini-Obras, pero la realidad superó al sueño, con dos estadios llenos y gente afuera, que lamenta, sin entradas, perderse la fiesta (aunque allí se queden, durante las dos horas de recital, haciendo calle). Es que el público que los viene siguiendo en su ascenso paulatino, al ritmo de su verdad y no del marketing y la promoción, no podía estar ausente en esta cita de honor.
Como corresponde a su ecléctico estilo, hay de todo. "Maradó", el hit de "Tercer arco", un rock que comienza con un recitado, una alabanza a Diego, ése "que a los poderosos reta, y ataca a los más villanos, sin más armas en la mano, que el diez en la camiseta". Rhythm and blues en "Qué decís" y "Taxi boy". Tango en "Gris", con letra propia, bien arrabalera y nostálgica ("vas cayendo en la tristeza, más honda y más espesa") pero también en la versión de "Yira, yira", de su segundo álbum, con una ejemplar muestra de la mixtura made in Piojos: comienzo rockero y ritmo acelerado para este clásico porteño.
Mucho "Ay, ay, ay". Los dos arcos y "Pistolas", himno suburbano contra la violencia policial que todos los asistentes conocen (la canción) y padecen (el relato).
La murga, el candombe, los sonidos del Río de la Plata, sobrevuelan a ráfagas todo el concierto. Y se lucen en "Verano del 92 (Fasolita querido)". Con batucada incluida a cargo del grupo La Chilinga. Tomen el tiempo: 25 personas más en el escenario haciendo batir parches, y el estadio todo convertido en carnaval.
Excelente el sonido. Y una escenografía que, sin lujos, se convierte en parte de la apuesta: sobre el fondo, un telón con el mismo dibujo del CD y un piojito metálico que se prende fuego y cambia de color cuando el rock piojo estalla.






