La historia y los secretos del Nuevo Hollywood, los directores que cambiaron el cine

Fuente: Archivo
Marcelo Stiletano
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7 de abril de 2020  

Lo que se llamó "Nuevo Hollywood" aparece como una bisagra clave en la historia de l cine estadounidense. Es una etapa que merece y justifica una revisión en este tiempo de coronavirus, cuando contamos con más tiempo para revisar esta clase de movimientos a partir de sus títulos esenciales, la mayoría de los cuales están disponibles en streaming.

"En su momento más ambicioso, fue un movimiento pensado para liberar al cine de su perverso hermano gemelo -el lado brutalmente comercial-, y le permitió volar alto en el frágil aire del cine", escribe el periodista y escritor estadounidense Peter Biskind en su clásico ensayo de 1998 Easy Riders, Raging Bulls, publicado años después en castellano por Anagrama con el título de Moteros tranquilos, toros salvajes.

Biskind ubica la trayectoria del Nuevo Hollywood entre 1967 y 1979. La describe como una "convulsión cultural" que irónicamente se refleja en el fuerte terremoto que el área de Los Ángeles padeció en febrero de 1971, con un saldo de 27 muertos e innumerables daños materiales. Fue el momento más duro de la historia para los estudios tradicionales, que dejaron atrás para siempre su época dorada y enfrentaron en su momento durísimas complicaciones financieras que pusieron seriamente en riesgo su continuidad. La aparición de este movimiento fue una suerte de respuesta contracultural a esa crisis con la llegada de nuevas figuras llenas de audacia, ideas febriles, provocaciones y, sobre todo, una disposición nunca antes vista para pensar el cine desde el interior mismo de la industria y de las propias películas.

Dice Biskind que durante esa época la cultura cinematográfica penetró en la vida estadounidense como nunca había ocurrido en la historia y jamás volvería a ocurrir. Lo explica citando a Susan Sontag: "Fue en ese momento concreto de los cien años de historia del cine cuando ir al cine, reflexionar sobre cine, hablar sobre cine se volvió una pasión entre los estudiantes universitarios y jóvenes de otros ambientes. El público ya no se enamoraba de los actores, sino del cine mismo".

El Nuevo Hollywood reconoce dos etapas, según su integración. La primera pertenece a una generación nacida en su mayoría a fines de los años 30 y principios de los 40, y que Biskind identifica en nombres como los de Woody Allen, Warren Beatty, Peter Bogdanovich, Francis Ford Coppola, Dennis Hopper, Hal Ashby y William Friedkin, entre muchos otros. En la segunda aparecen los hijos del baby boom, nacidos después de la Segunda Guerra Mundial, la primera generación de realizadores verdaderamente cinéfilos de la historia de Hollywood, la mayoría aún en plena actividad: Steven Spielberg, Brian De Palma, Martin Scorsese, George Lucas, John Milius, Paul Schrader, Terrence Malick.

Bonnie & Clyde

Es para Biskind el punto de origen del Nuevo Hollywood -aun formando parte todavía del viejo orden-. La película de Arthur Penn de 1967 es, en palabras del crítico español José Luis Guarner, "una irónica, muy estilizada revisitación del cine de gánsteres de los años treinta, [que] marcó un hito en Hollywood por su exploración del paisaje rural americano, el ritmo febril de un relato a mitad de camino entre el cuento de hadas cómico y la tragedia brutal, y su calculado empleo de la violencia en explosiones catárticas de cuerpos acribillados a cámara lenta". Con recordadas actuaciones protagónicas de Faye Dunaway y Warren Beatty, está disponible en Qubit TV.

Busco mi destino

El siguiente hito de este movimiento, seguramente uno de los esenciales, es Easy Rider (1969), de Dennis Hopper, en el que dos hippies (Peter Fonda y el propio Hopper) emprenden un extenso viaje en moto desde Nueva Orleáns hasta Los Ángeles con una impronta de "western contracultural". Tras un rodaje que se convirtió en leyenda, la película tuvo un impacto "sísmico" en la industria, especialmente entre los cineastas, según cuenta Biskind. Hopper "fue catapultado al panteón de las celebridades de la contracultura", agrega el autor. disponible en netflix.

M.A.S.H.

Robert Altman, nacido en 1925, no podía pertenecer en principio por razones generacionales al Nuevo Hollywood. Pero un aporte suyo resultó esencial para definir por completo ese movimiento en cuanto a la mirada sobre ciertas instituciones, comportamientos y fórmulas tradicionales. Esta brutal sátira sobre el comportamiento de una unidad médica móvil en plena guerra de Corea habla en realidad de lo que ocurría en Vietnam. También pasaron a la historia las anécdotas de un rodaje tan anárquico como la materia prima de esta película, que está disponible en Fox Play.

THX 1138

Fue la ópera prima de George Lucas y el fracaso que precedió al éxito cósmico de la creación que lo llevó a los libros de historia y a la fama interminable, la saga de La guerra de las galaxias. Rodada en 1969 y estrenada en 1971, THX 1138 es un relato futurista casi experimental, a primera vista gélido y claustrofóbico, pero con algunos grandes momentos de intensa acción, que muchos críticos recibieron como una fallida alegoría de la despersonalización de la sociedad, sin el corazón y la vitalidad que Lucas exhibió poco después en la formidable American Graffiti (1973). De cualquier modo, THX 1138, que Lucas después enriqueció con una versión director's cut, aparece como una rareza en este movimiento y el disparador de la notable carrera de uno de los nombres claves de la época. disponible en HBO Go.

La última película

Este título de Peter Bogdanovich, aparece como una de las obras más perfectas de toda esta época y funciona también como símbolo de lo que el Nuevo Hollywood hizo con algunos de sus grandes protagonistas: el encumbramiento resultó tan rápido como su caída. En su crítica publicada en la revista Panorama de 1972 y luego recopilada en el tercer tomo de sus Obras incompletas, Homero Alsina Thevenet destaca el hecho de que Bogdanovich haya usado constantes referencias cinematográficas "para marcar los mecanismos de la frustración" y que su pintura de 1951 en un pequeño pueblo estadounidense tiene como eje a un cine que enfrenta el horizonte de su cierre como expresión del cierre de una ilusión. En esta obra, dice el crítico uruguayo, el amor y el sexo ponen en juego relaciones humanas siempre "atravesadas de dificultades, de maledicencias, de soledades". Está disponible en HBO Go con un título curioso: La última función.

El exorcista

Dos años después del éxito de Contacto en Francia, William Friedkin logró con El exorcista (1973) no solo su obra cumbre. También un lugar en el Olimpo de los grandes directores de su tiempo, a mitad de camino entre el cine introspectivo y artístico de sus primeras obras (como Los chicos de la banda) y el espíritu impulsivo, agitado, intenso y visceral de su carrera posterior. El exorcista aparece como la perfección de una búsqueda y de un estilo. Cómo indagar de la manera más profunda en la psicología de los personajes sin desdeñar la acción, mientras queda planteada una pregunta esencial. Como dice el crítico Leonardo D'Esposito en su muy recomendable ensayo 50 películas que conquistaron al mundo, El exorcista se interroga sobre el Mal (así con mayúsculas) en una sociedad llena de conflictos espirituales como la norteamericana, que en ese momento "era un país peleando por su alma". Disponible en Amazon Prime Video.

Calles salvajes

En la obra de Martin Scorsese, El irlandés funciona como el testamento de un viaje artístico de casi cinco décadas iniciado en 1973 con Calles salvajes (Mean Streets). Para José Luis Guarner, "la primera manifestación plena" del universo del realizador. Scorsese recurrió en El irlandés a dos actores (Robert De Niro y Harvey Keitel) que fueron los grandes protagonistas de su primer gran acercamiento a las grandes señales de su obra. En Calles salvajes, dice Guarner, el director exhibe algunas marcas esenciales de su identidad: "Su catolicismo supersticioso, su relación neurótica con una muchacha enferma de epilepsia y el ambiguo puritanismo de su amistad con un matón desequilibrado que tendrá un trágico desenlace durante las fiestas de San Genaro entre una obsesiva acumulación de imágenes de santos, Jesucristos y papas y una banda sonora de incesante música rock". Esta temprana manifestación de la "rabiosa e incansable energía" de Scorsese puede verse en Qubit TV.

La creatividad de los autores del Nuevo Hollywood, reforzada por un elenco vasto de actores y actrices de enorme compromiso y siempre dispuestos a correr riesgos, parecía ilimitada, pero sus propios excesos (desde una ambición artística sin medida hasta su destructiva exposición a las drogas en muchos casos) acabaron rápidamente con un movimiento cuya dinámica ya anticipaba un final precipitado. Por supuesto, hay muchísimas más obras para descubrir o revisar de este período que este breve puñado de ejemplos. Muchas de ellas, lamentablemente, no están disponibles actualmente en streaming: Mi vida es mi vida (Bob Rafelson), El último deber (Hal Ashby), Shampoo (Warren Beatty), Días de gloria (Terrence Malick), la citada American Graffiti, entre muchísimas obras (estas dos últimas pueden alquilarse en Apple TV ).

Tiburón

Algunos de los mejores artífices de este movimiento -los menos predispuestos a la autoinmolación- pusieron los cimientos de la etapa siguiente. Como señala el crítico y ensayista Leonardo D'Esposito, estos directores (Spielberg y Lucas, sobre todo) volvieron a pensar lo clásico y recuperaron esa impronta con el aporte de lo fantástico. "Spielberg, al reciclar formas viejas con tecnología nueva, al colocarla al servicio de la pura invención para volver más verosímil lo imposible, se convirtió en el primer cineasta verdaderamente posmoderno", dice D'Esposito sobre Tiburón (1975), una película que enfrentó en su preproducción más de un momento de zozobra. Esta obra consagratoria para su director aparece como el último gran símbolo del Nuevo Hollywood y el primer hito de lo que llegó después. A partir de este viernes, Tiburón estará disponible en el catálogo de Netflix.

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