
Al frente de su Orquesta de Salón, este músico porteño encuentra la intersección secreta entre Erik Satie y Rodrigo Bueno.
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Pablo Dacal es alto y muy flaco; tiene una elegancia rara, trasnochada, que lo hace parecer a uno de esos personajes que alquilan un cuarto en la Buenos Aires de las películas argentinas de fines de los 60, y que van de bar en bar con el saco cada vez más caído y arrugado e impregnado con olor a tabaco. En 2005 juntó a su Orquesta de Salón y editó 13 grandes éxitos, un disco de canciones para interiores, que incluye, además de temas propios, versiones en español de Georges Brassens, un cover de Leonardo Favio y otro de Rodrigo, el Potro.
La orquesta fue el fin de un largo proceso. Después de un temprano grupo dark –“Eramos muy chicos”, se ataja Dacal reforzando el ronquido de su voz para exagerar los 29 años que su rostro lampiño se empecina en desmentir–, se fue a vivir a Rosario, donde primero tocó en Coki & The Killer Burritos y después formó Violeta Plástica, grupo con el que editó el EP Música de salón-Volumen 1. De regreso en Buenos Aires, se juntó con Manuloop y encabezó un ciclo de conciertos íntimos del que salió un vasto repertorio, además de –en sus palabras– una serie de juegos, consignas y proclamas que derivó en su actual Orquesta.
“Era una especie de dadaísmo: decíamos que había que exigir música de salón”, explica Pablo. “Partíamos de una carta de Erik Satie a Jean Cocteau en la que él hace una especie de reivindicación de lo que llama la «música de mobiliario», que sería una especie de antecesor del ambient: era promover que la gente siguiera hablando mientras él tocaba el piano, como esa música que sucede mientras estamos acá en el bar”, agrega Dacal. “Esa música que sucede mientras la vida sigue. La orquesta salió de esa cosa: jugar con pianos e instrumentaciones de cuer-das y maderas, pero a la vez hacer cuarteto cordobés. Con tanto joder con lo de la orquesta de salón, finalmente decidimos armar una.”
¿Qué es una orquesta de música de salón?
Es algo así como versiones de temas ajenos y propios en las que los géneros confluyen y juegan entre sí, pero en ningún momento llegan a acabarse: nunca se toca un tango, nunca se toca un rasguido doble. Todos estos géneros aparecen, pero no se fusionan. No es una orquesta que explote, sino que es más implosiva; para meterse adentro, para entrar al salón. No es una big band.
¿Como lo que decías de Satie?
Más o menos. A mí no me interesa el silencio sacro. Me gustan los teatros, pero más me gustan los bares. Pero no los bares de rock, sino los ambientes más chicos. Esta orquesta suena mucho mejor para cien personas que para quinientas.
En el librito del disco hablás de usar la música del pasado, pero sin caer en la ironía. ¿Cómo hacés para lograr eso?
Hay una diferencia entre el chiste y el humor. Me interesa que el disco tenga humor, no que sea un chiste.
También decís que a la música actual le falta pasión...
Tiendo a pensar que las cosas están un poco tibias, me gusta cuando todo es un poco más arriesgado: una búsqueda sin prejuicios. Yo defiendo la pasión como motor de acción, como atreverse a equivocarse.
Dijiste que el rock te había permitido olvidar ciertos prejuicios. ¿Qué tiene tu orquesta de rockera?
Yo me siento rockero, me crié con el rock y eso es lo que hago. Además, hubo una búsqueda consciente de tratar de encontrar lo que es el impulso y la actitud en el rock, y no tanto el sonido. No tanto en el cable y la guitarra, sino en la forma en la que se pulsa la cuerda. Pensá que también el rock empieza así: eran dos guitarras y una batería –Elvis, ponele– y las guitarras distorsionaban sólo porque las tocaban fuerte. Me interesa una cosa más pueblerina, pero también más punk: volver a algo más fuerte.
¿Un punk pueblerino vestido de traje y fanatizado con Leonardo Favio? Este personaje vuelve esto posible al encontrar en lo añejo una fuente de pasiones, ficciones e irreverencias todavía conjugables con el pulso rockero. Durante este mes seguirá buscando ampliar su repertorio a través un ciclo de programas en fm La Tribu en el que invitará a otros cantautores a mezclarse con él y versionar clásicos modernos.
Las canciones que versionás suelen ser de tipos grandes que las vivieron todas. ¿Por qué te identificás?
Yo me siento joven en cuanto a vigor, pero siento que viví un montón de cosas. No sé si me pasaron más cosas que al resto de la gente –supongo que las mismas–, pero como que las integro a mi propia biografía de una forma en la que las termino identificando con otras personas que hablan de eso, aunque hayan recorrido más camino. A mí me interesa comunicarme con la gente que tiene 50, 60 o 70 años. Los viejos me parecen fascinantes; hay una creencia de que la juventud es lo único interesante y es mentira.





