Lugares para comer tranquilos
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"Tierra de cirugías plásticas y solárium, donde pocos rituales son tan adorados como el comer a la vista de todos." No, no se trata de Miami: así se ve a Buenos Aires en una nota reciente de The New York Times firmada por Ian Mount. Que también habla de restaurantes porteños "conocidos por sus grandes y ostentosas puertas de entrada y ventanas casi vidrieras de tiendas por departamentos".
Así, el autor salió, buscó, encontró e hizo una selección de lugares recomendados para una comida discreta: describe primero a los más exclusivos: Club 647 (el club y restaurante al que sólo se puede ingresar invitado o con la membresía correspondiente, con decoración al estilo Shanghai, pero oculto en Tacuarí 647, San Telmo, www.club647.com ) y Maat (un restaurante de Belgrano en el que se puede comer algunas veces sólo después de pagar una membresía de 2000 pesos ( www.maatclubprivado.com.ar ).
También hay espacio para las opciones más populares, como Ocho7Ocho (restaurante y bar oculto tras la puerta de madera de Thames 878, en Villa Crespo, y repleto de bohemios de entre 20 y 30 años), Providencia (en Cabrera 5997, bastión hippie con platos vegetarianos por 15 pesos y al que sólo se accederá si se entiende el cartel de la entrada: Golpee fuerte).
En un punto intermedio, ahí se ubica Casa Salt Shaker, un departamento habitado donde dos veces por semana el cocinero y sommelier norteamericano Dan Perlman (el habitante, además) y su amigo peruano Henry Tapia organizan comidas temáticas ( www.casasaltshaker.com ).
"Hay algo cool en conocer qué hay detrás de la puerta secreta –dice Perlman–, en estar en algún lugar que nadie más conoce."
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