
Crucifixión, cuero y hits: así esel Confessions Tour.
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La reina de los conciertos espectaculares tiene la particular habilidad para transformar una pretenciosa superproducción en una autobiografía. El concierto apertura del Confessions Tour en Los Angeles, el 21 de mayo pasado, más que una nueva reinvención fue un refinamiento del Blond Ambition Tour, elaboradamente coreografiado, sexualmente provocativo y extravagante. Como su nombre implica, Confessions es más que nada sobre Madonna.
Uno de los lanzamientos que acompaña la gira, el DVD del documental de Jonas Akerlund I’m Going to Tell You a Secret, aunque carece de los suculentos momentos de la diva decadente que aparece en Truth or Dare (1991) muestra a la nueva Madonna, en su Re-Invention Tour de 2004, más madura, espiritualmente armónica, pero no menos rubia y ambiciosa. Y así sigue en Confessions. Luego de hacer su descenso al escenario en una gigante bola espejada con 2 millones de dólares en cristales Swarovski, Madonna canta un medley de "Future Lovers’’ y el hit de Donna Summer "I Feel Love’’ luciendo un traje ecuestre de Gaultier mientras monta a uno de sus bailarines similarmente vestido. Es el primero de los siete outfits que tendrá en todo el show. Para "Like a Virgin" se sube a una montura de cuero que gira como una calesita a la vez que se proyectan diferentes radiografías. Sólo Madonna puede entregar una performance realmente hot haciendo referencia a un accidente (la fallida cabalgata en su cumpleaños pasado que la dejó en el hospital con siete huesos rotos).
Su posteriormente criticada versión de "Live to Tell", encuentra a la cantanteatada a una cruz espejada gigante a la vez que las pantallas señalan las estadísticas de sida en Africa, un momento tan oscuro que en lugar de emotivo, parece más una confusa provocación. "Utilizar eso como parte de un espectáculo es una perversión banal de un evento sagrado", denunciaron miembros de la Iglesia, aumentando la controversia en torno al número. De cualquier forma, no es la primera vez que los conciertos de M provocan malestar en la derecha católica. Justamente, durante el Blond Ambition Tour, el Papa impulsó un boicot del concierto porque la cantante simulaba masturbarse en una cama giratoria. Esta vez, Madonna respondió a las acusaciones explicando que sólo se trata de una decisión artística e invitó a los críticos a darle lecturas menos literales al asunto.
En "Forbidden Love" redime la secuencia cuando dos bailarines de sexo masculino se abrazan en un sencillo pero conmovedor ritual, un guiño de la cantante a su incondicional y enorme público gay. Tras una impasse acústica,Madonna rockea en "I Love New York" cuando ella misma cita con la guitarra los acordes de "I Wanna Be Your Dog’’ de los Stooges y, sobre todo, cuando marcha de un lado a otro en su pasarela con abandono à la Iggy Pop en "Let It Will Be".
Las 22 personas del cuerpo de baile (que también participan en la nueva campaña publicitaria de la artista para la línea de ropa H&M) copan los 1.500 metros cuadrados de escenarios en "Jump" y "Sorry", los segmentos más acrobáticos de la noche, en los que la estrella comparte protagonismo.
El clímax del concierto llega cuando Madonna le rinde tributo a Saturday Night Fever. Trajeada al estilo John Travolta, canta y baila un ingenioso mashup del clásico de Trammps "Disco Inferno" y su propio "Music", crédito para Stuart Price, director musical de la gira. El cierre llega con su último gran hit "Hung Up" y una lluvia de globos dorados. Ella se retira y en las pantallas titila una pregunta "Have you confessed?" [¿te has confesado?]
A través del show, Madonna señala continuamente su insatisfacción con la fama de la misma manera que la justifica. Ya es una vieja queja, pero cuando celebra su don para generar confusión con contenido, parece casi tan joven como cuando su estrella de la suerte comenzó a ascender hace mucho, mucho tiempo.
Gabriel Orqueda
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