Malas de buen corazón
Reunidas por La Nación, Lydia Lamaison y Carina Zampini muestran que las villanas de la pantalla chica también sonríen.
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A Carina Zampini -la perversa doctora Lucero de "Por siempre mujercitas"- la siguen parando por la calle para decirle desde barbaridades hasta palabras de aliento. La joven actriz de 21 años debutó en televisión con un personaje terriblemente malo, aunque en las telenovelas no existen roles intermedios, por lo general son absolutamente buenos o malos. Los matices de la maldad han ido cambiando con el correr de los años, se incorporan hechos y planes que jamás hubieran aparecido en la pantalla de los `80: tráfico de bebés, armas y droga, corrupción, ocultamiento de documentos trascendentes para la vida de otro personaje, hasta el asesinato con tal de silenciar a un valiente, son algunas de las acciones llevadas a cabo por los malos de la televisión argentina de los "90.
Feroz competencia
"Los guionistas televisivos deben estar preocupados", aseguró Carlos Ulanovsky, especialista en medios de comunicación y autor de más de un libro de la materia, "por la feroz competencia que tienen con los malos de la realidad, que son tremendos, despiadados. No creo que exista un guión capaz de alcanzar -agregó- el nivel del diálogo que, al decir de los medios, habrán tenido Sonia Cavallo y Zulema Yoma".
Con más años de batalla que la Zampini, Lidia Lamaison recuerda infinidad de comentarios relacionados a sus personajes. "¿Es verdad que usted es tan mala?", preguntó un incrédulo taxista cuando hizo de abuela judía en "Perdidos en Yonkers". Para reírse un poco de la exposición permanente que sufre cualquier actor de cartel, Lidia con un vozarrón que asustó a esta cronista, le contestó, "No, soy peorrr...", lógicamente el chofer largó una carcajada. Sin embargo existen otros que se toman muy a pecho el devenir de los culebrones y se enojan mucho, no sólo con los actores.
Alberto Migré, uno de los guionistas más prolífico del medio, recibió un baldazo de agua fría: una vecina indignada por el final de Piel Naranja (protagonizada por Arnaldo André y Marilina Ross en 1975 por canal 13) se lo tiró desde un primer piso gritándole "¡Asesino!", porque resolvió que un anciano, su joven esposa y el amante de ésta murieran: el marido mató a los amantes y después se suicidó, una auténtica tragedia. La televidente vio al autor como el "malo" de la novela.
"El villano es fundamental porque arma la historia y, además, es quien motoriza el conflicto", expresó Nora Mazziotti, investigadora y docente de la Universidad de Buenos Aires, "y para llevarlo a cabo reúne ciertas condiciones: es inteligente, tiene poder (puede ser económico, político o de cualquier tipo, el necesario para sostener sus acciones) y por lo general es el que tiene a la audiencia pendiente, todos están a la expectativa de las nuevas maldades que planea".
Mucha gente se pregunta qué más puede hacer un personaje perverso, pero como bien dijo Ulanovsky, la realidad supera la imaginación del guionista más creativo. Son muchas las tiras que incorporan elementos de actualidad en la trama, como para hacer más verosímil el relato. El guionista Enrique Torres incorporó en Celeste, Antonella, Celeste, siempre Celeste y Perla Negra, temas como el SIDA, la donación de órganos, transplantes y el cáncer de útero, entre otros como referencia a la actualidad. "Quizá lo hizo porque antes era periodista", aventuró Ulanovsky. Sin embargo el material periodístico lleva la delantera en relación a la maldad.
El honor de un insulto
Lamaison sintió un gran reconocimiento cuando una persona la insultó desde la platea. Fue en teatro, en los años "40, cuando interpretaba en "Aquella" de Viola, a una mujer que echaba con crueldad a su madre. Más que descalificarla, el exabrupto fue la garantía de lo creíble de su actuación. "El personaje de la mala, aseveró, es el que más queda en al memoria de la gente, por lo general no se recuerda a las buenas". Lo cierto es que es muy raro que paren a la heroína por la calle para decirle qué piensan de su personaje, es un implícito que todos la acompañan en su sentimiento. En cambio a la mala hay que decirle lo dañina que es y cuánto hace sufrir a la niña de la casa. "En televisión hice en "Tu mundo y el mío" a una madre que era realmente perversa con su hija", recordó con nostalgia, "fue uno de los personajes más temibles". Otro terrible lo realizó en teatro con "Los físicos", una obra de Durrematt dirigida por López Lagar, en el que era una doctora que al finalizar se transformaba en un símbolo del poder.
A la mala de Mujercitas le diviertió mucho hacer su personaje porque "tenía muchas facetas, recurrí al drama, la ironía, y la crueldad", manifestó Zampini con entusiasmo. Su rostro fuera de escena exhala un candor que no condice con el personaje que persiguió a la familia Morales. La actriz comprende perfectamente el proceder de Carla Lucero y tal es su compenetración que se apenó cuando quedaban al descubierto sus maldades, "defiendo el personaje a muerte", recalcó. Nada amedrentó a la doctora, si para alcanzar sus objetivos necesitaba matar, lo hacía sin ningún remordimiento. Francisca -Zulma Faiad- fue una de sus víctimas.
En su último libro, "La industria de la telenovela", Mazziotti considera que Teresa Visconti, la mala de Celeste interpretada por Dora Baret, marcó un hito en las villanas: al rol habitual de planear el mal, se sumaron rasgos esquizofrénicos y alocados que la hacían olvidar la motivación de sus actos. Es decir, a la clásica relación heroína-villana, que encarnan el mal y el bien, se agregó una gran carga psicológica.
Lamaison considera que la buenas de hoy tienen rasgos de las malas de antaño "porque todo ha cambiado mucho, hay valores que se han dejado de lado. Las cosas están más mezcladas que antes, en mi época no se hubiera pensado jamás en una heroína que no fuera virgen, eso le correspondía a la mala". En teatro -Lamaison tiene 58 años sobre las tablas y 38 en televisión, es decir, desde sus comienzos- también interpretó a un personaje terrible, "doña María", de Gregorio Laferrére. "Es una mujer de una crueldad tremenda, una señora frustrada que busca frustrar a los demás", recordó la actriz, "¿Quién no conoció a una como ella? Para introducirse en su piel recurrí a mi memoria, aquella que guarda muchas doñas Marías. Creo que todos los actores deberían llevar un archivo interno de criaturas vivientes. "Es un material indispensable que parte de la observación. El actor siempre debe mirar a los otros".






