
Maná, entre la fantasía y la realidad
La banda mexicana, de paso por Buenos Aires, habla de su nuevo disco, "Sueños líquidos".
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La única vez que el cantante del grupo Maná interrumpe su discurso es para chupar la sal que se coloca en la mano derecha, antes de tomarse el trago de tequila que tiene enfrente. Las interrupciones serán cortas pero repetidas. Por el buen humor que domina al cantante y al guitarrista de la banda se puede sospechar cuándo comenzaron con este rito mexicano.
El sol se esta ocultando detrás de esa fina línea marrón que se puede ver desde el piso 23 del hotel donde están alojados. Están a punto de marcharse de la ciudad. Pero piensan en una vuelta, con la banda en pleno, para tocar en vivo: "Ese es el rollo que más nos gusta". La visita de los mexicanos sirve de excusa para presentar el nuevo disco "Sueños líquidos", compuesto por doce canciones.
Pher y Alex, la misma dupla que dio origen al disco más vendedor del grupo "Dónde jugarán los niños", (alrededor de dos millones de placas en todo el mundo), no se separan en ningún momento de los modos y los gestos de Jalisco, su lugar de procedencia.
El grupo, nacido hace más de una década, sufrió varias mutaciones que se trasladaron a su música. Los viajes, que realizaron en todo este tiempo los llevó a empaparse de los folklores de cada región: a la consabida influencia del pop, el reggae y el rock se sumaron la salsa, el flamenco y la habanera. "Hay una experiencia vivida que se refleja en las músicas y las letras de este nuevo disco", asegura Pher, el cantante y líder espiritual del combo azteca. Algunas de las vivencias son irreproducibles. Otras, servirán para futuras canciones.
El cantante recuerda el encuentro con un chamán y sus brebajes exóticos, "mucho más fuertes que cualquier medida excesiva de tequila" o el choque accidental con una mujer en el muelle de la Playa de los Muertos, en Puerto Vallarta. "Es la historia de una esquizofrénica que solía aparecer por los bares, donde nos juntábamos a tomar algo después de las grabaciones. Todas las mañanas, iba a esperar a su charro en el muelle. Me parecía que lo tenía que contar, y resultó ser una de las mejores canciones del disco".
Alex, prefiere quedarse con las noches de Cuba y los días en España. "Visitamos varios lugares que nos terminaron influyendo. Primero pude rodearme de los verdaderos flamencos y asimilar la manera de tocar que tienen y cómo viven lo que cantan. Y en la isla conocí toda la riqueza de la música cubana".
La búsqueda de las raíces
Luego completa: "Hay algo en este disco más cercano a nuestras raíces, pero no pretendemos decirnos folklóricos, porque eso es cosa seria. No somos mexicanistas. Tampoco, queremos vestirnos y llenarnos la boca hablando del folklore, como hacen algunos grupos de nuestro país. Lo que hay que hacer es tratar a nuestra música con respeto, porque no cualquiera la puede tocar", expone verborrágico el guitarrista, quizás incentivado por los aperitivos de la tarde.
El mismo gesto duro se apodera del rostro bronceado del cantante cuando habla del tema "Me voy a convertir en ave". La primera lectura del libro de Mario Benedetti "Pedro y el Capitán" abrió una conciencia en el seno del grupo, que terminó desbordando a los integrantes.
"Fue muy fuerte para nosotros encontrarnos con todo lo que sucedió en lugares como Chile, Uruguay y la Argentina, donde la dictadura fue muy fuerte -titubea un poco al hablar Pher-. Mirándolo, desde afuera, uno se da cuenta de que no se quiere hablar mucho del tema. Es un trago amargo, muy difícil de digerir para todos ustedes. Por eso, sentimos la necesidad de sacar todo eso para afuera y contarlo en esta canción. Es un pasado muy negro, que no hay que olvidar." Así como saltan de un tema a otro en su nuevo opus, repiten la mecánica en la charla. El ambiente se empieza a llenar de curiosos. Y el clima vira de la tranquilidad inicial a una suerte de inquietud generalizada. Es el momento de la retirada. Antes de eso, el grupo elige traducir en palabras el sentimiento que atraviesa el centro de Maná.
Realismo mágico
"Jugamos con el realismo mágico, con esa fibra de ficción y de realidad, que toda canción debe tener para ser sabrosa y atractiva para el que la escucha. Hay algo del espíritu latino de García Márquez, y muchas metamorfosis kafkianas, que recogen algunas figuras místicas, como la sirena que aparece en la tapa del disco. Hay todo un ambiente espiritual que nos gusta explotar. Y hay un interés por hacer lo que realmente nos gusta escuchar a nosotros. Toda la música que elegimos está porque la disfrutamos. No hay otra explicación."



